domingo, 27 de octubre de 2019

ESCRITORES PUNEÑOS: CHRISTIAN REYNOSO


CHRISTIAN REYNOSO:
“COMO ESCRITOR, TENGO LA NECESIDAD DE INTERPELAR”
Entrevista con Christian Reynoso, quien ha publicado “La tempestad que te desnuda”, novela en donde expone la violencia contra la mujer y los avatares sociales, morales y legales que debe enfrentar.
Pedro Escribano LA REPUBLICA 27 10 2019
El escritor Christian Reynoso es puneño y libro tras libro está constituyendo una ciudad mítica: Lago Grande, un escenario de sucesos políticos y sociales como ocurre en Febrero Lujuria, que recrea toda la convulsión de la festividad de la Virgen de la Candelaria, o El rumor de las aguas mansas, sobre el linchamiento colectivo de un alcalde. Ahora, con su nueva novela, La tempestad que te desnuda (Peisa), aborda el tema de la violencia contra la mujer, pero esta vez, antes que épico, expone el mundo interior, el carácter psicológico de los personajes.
Silvana Oblitas es una bailarina con éxito. Se enamora de un rockero, Mariano Santander, y su vida se parece a la música, una felicidad. Pero todo se quiebra, pues su pareja se convierte en agresor. Un día la viola después de golpearla. Ella no da más, se separa y decide abortar. Sus amigas Yuyu, Carol, Killa y Almudena, su directora, constituyen su fortaleza.
¿Acaso hay una excesiva intromisión de la coyuntura en tu novela, por ejemplo, el tema la violencia de género? ¿No es muy ex profeso, cotejable?
No es así. En esta novela, cuando empecé a escribirla, tenía pensado hacer una novela sobre la violencia en general, más allá de la violencia, digamos, política que es el tema que ha marcado la literatura peruana de los últimos diez o quince años. Entonces, yo quería hacer un tema de la violencia en general. Eran tres historias, una de ellas tenía que ver con el tema de la violencia contra la mujer, la violencia de género. Pero, en el mismo proceso de ir armando las historias, esta tercera historia se fue decantando, ganó un poco de peso. Decidí dejar de lado las otras y ampliar esta historia.
Pienso que también como escritor y ciudadano algo tengo que decir a través de mi literatura, mis libros, en tanto veo lo que pasa en el país. Yo sí siento un compromiso de que a través de mi arte pueda explorar ciertos temas, tópicos que me tocan e indignan. La coyuntura también se presta para pensar lo que me dices, pero lo que interesa es la historia que se cuenta, la ficción. Yo tuve bien claro que no iba a hacer un panfleto, digamos, no es una defensa férrea de una situación contra la mujer, más bien es mostrar esa realidad y cuestionarla, explorarla. Es decir, plantear al lector los dos escenarios, a partir de los personajes.
¿Has querido decantar o afirmar personajes femeninos? Silvana, Carmen, Yuyu, Carol, Killa. ¿La heroicidad de la novela está de la mano de las mujeres?
Eso sí ha sido pensado. En la literatura del Perú, los hombres escriben sobre personajes varones; y las mujeres crean personajes femeninos. Entonces, un poco quise romper eso. Sí, para mí ha sido un reto construir personajes femeninos, meterme en la cabeza de una mujer y crear su perfil y todo lo que puede pensar, sentir, en un contexto de violencia física, pero también psicológica. Además, en un contexto donde el tema del aborto no es legal, hay una condena moral, social. Entonces, cómo una mujer, en este caso Silvana Oblitas, el personaje, responde frente a eso. Eso es lo que he intentado crear, acercarme, construir.
Expones situaciones legales, morales. Silvana agredida, se separaba y reconciliaba con su abusador.
Los seres humanos somos contradictorios. Actuamos y decidimos cosas inspirados en la sinrazón. A veces las pulsiones, las pasiones, los arrebatos, hacen que tomemos decisiones o para bien o para mal. Eso es atractivo para mostrar un personaje literario. No quería hacer un personaje plano, llevado por la razón, por lo políticamente correcto. Prefería que ese personaje tuviera sus contradicciones, sus caídas, sus levantes y pudiera seguir adelante.
Silvana, cuando quiere abortar, enfrenta dos situaciones. Primero, ante su amiga, que le censura su decisión por cuestiones religiosas y morales. Segundo, ante su abogada, que le cuestiona por razones legales.
Claro, entonces, ella tiene que tomar una decisión, pero, por supuesto, escucha las diferentes posiciones. Pero, finalmente ella es la que decide. Creo que esta novela es una poética de la resistencia a poder tomar decisiones y que se respeten sobre mi cuerpo, sobre lo que quiero para mi futuro. Entonces, Silvana encarna esa resistencia. Por eso, el epígrafe de la novela es una frase de Jhon Updike, que tiene que ver con el tema de la resistencia.
Paradójico. Silvana dice resistir, pero Mariano, su agresor, prefiere huir, aunque, claro, nunca de su conciencia.
Exacto. Yo no quería que Mariano, finalmente, quede preso, que es lo políticamente correcto que todos esperarían, pero no. He preferido que el castigo que va a tener sea un castigo interior, como el dolor que siente en los testículos. Es decir, de manera simbólica, sería una afectación a su virilidad, a su hombría. Es peor, me parece, que él deba vivir con ese castigo por el resto de sus días y que además eso le haga pensar en el suicidio, como se sugiere. Son personajes antagónicos y cada uno tiene una manera de enfrentar esa realidad, marcados por una situación de violencia y realidad.
¿No cree que el narrador de repente ha sido muy explícito en algunas cosas? Ha impuesto un realismo que de alguna manera ha dañado el curso imaginativo de la historia…
Puedes ser, como no puede ser. Eso ya responde al proceso creativo, al tono de la escritura, a las imágenes que quieres mostrar.
Ocurre, por ejemplo, cuando el narrador argumenta explícitamente. Creo que leyendo la historia uno advierte lo que después explica el narrador. Creo que ha sido muy enfático.
Es válida esa lectura. Pero es cuestión de opciones.
Hay un peso realista, incluso estadístico. Tantas violaciones, abortos, hay en el Perú.
Es parte del realismo que yo he decidido hacer. En mis anteriores novelas también he hecho eso. Me siento cómodo en la novela realista, que, como escritor, pueda cuestionar, informarte, interpelarte en una situación así.
Interesante el rol de Yuyu, la amiga, sobre todo cuando reprime sus pulsiones eróticas cuando baña a Silvana cuando está herida. Entre líneas, se plantea el amor diferente.
Hay muchos escritores que me han dicho que Yuyu les agrada mucho, más que Silvana, como personaje secundario de la novela. Quería hacer un guiño a ese amor, a esa situación de amor, pues no hay que tener prejuicios.
A eso iba, me pareció excelente esa exposición disimulada del amor diferente.
Claro, en ellas de por medio está la amistad y es como una piedra en el camino que no deja fluir esas pasiones, esas pulsiones, pero está ahí. Tal vez eso se pueda en alguna otra historia más adelante ampliar, o insistir con el personaje. Eso es también lo que plantea la novela, este mundo de ficción, que no son historias acabadas.
Hay guiños para deducir que Lago Grande es Puno, sin embargo la historia no está anclada a temas telúricos, por el contrario, es una mirada a los problemas que ha traído la modernidad a los Andes.
Yo quería hacer una historia absolutamente contemporánea. No importa si pasa en Lago Grande o en Lima, porque no quería que el espacio geográfico tuviera más peso que la historia misma de los personajes y cómo ellos desarrollan sus acciones. El mundo de afuera, de manera interna, pero también externa. El ambiente está sutilmente señalado. Pero también Almudena y otros son personajes que ya vienen de mis anteriores novelas y establecen vasos comunicantes y así crean un universo. Eso me resulta a mí muy motivador, atractivo. Voy a seguir ampliando ese microcosmo.


viernes, 25 de octubre de 2019

LA COYUNTURA LATINOAMERICANA: CHILE


LECTURAS INTERESANTES Nº 926
LIMA PERU           25 OCTUBRE 2019
LAS LECCIONES DEL SUR
César Hildebrandt
Tomado de HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 465, 25OCT19
A
 la derecha le encantó el 5 de febrero de 1975, cuando los descontentos, con los apris­tas a la cabeza, quemaron el diario “Correo”, saquearon tiendas y se expusieron a las balas salvajes de la policía.
-El pueblo se ha expresado -decían.

-El pueblo está harto, carajo -grita­ban en los cafés.
Gobernaba Velasco y ha­bía que decirle vela verde al régimen que había acholado al Perú.
A la derecha le fascina el pueblo que sale a las calles y derriba gobiernos, siempre y cuando eso pase en Túnez o en Libia o en Egipto.
-La gente ha demostrado su poder -dicen entonces.
La derecha se excita casi sexualmente cuando un Con­greso de comadrejas conser­vadoras y mañosas se tumba, con un banal pretexto esta­dístico, a Dilma Rousseff y encumbra a un sinvergüenza como Michel Temer.
-Bien sacada estaba la Rousseff, que era la manda­da de Lula -comentaban sus escribas.
-La democracia ha vuelto a Brasil -reflexionaban.
La derecha ama al pueblo que dio vivas a Manuel Pra­do, que reconoció el orden sanguinario impuesto por Odría y que, antes, guardó silencio por la caída de Billinghurst y fue comparsa de Benavides y Sánchez Cerro y nuevamente Benavides. Eso sí que era pueblo: los Olaechea de todas las generaciones sa­bían domarlo. Y cuando había indoma­bles, allí estaban los jueces, los catas­tros, los otrosíes, las minúsculas para hacer su trabajo. Y si los indomables insistían, los muy estúpidos, pues allí estaba la muerte con cara de capitán y las balas con cara de cabo y el entierro clandestino con cara de soldado raso. Era un mundo feliz.
Cuando Chile intentó dejar de ser el país secuestrado por la vieja oligarquía heredera de los pelucones -el proyec­to ancestral de Diego Portales-, un día llegó el ejército que se había meado en­tre los escombros humeantes de Cho­rrillos y empezó a matar gente como si fueran los cholos de San Juan, los cho­los de Miraflores, los cholos de Huamachuco y hasta los cholos burlados de aquella Arica jamás devuelta.
Fueron años de caravanas de la muerte, de picana en los huevos, de palos en la vagina, de interrogadores que no querían respuestas sino ago­nías, de chacales que el mismo chacal habría rechazado (Neruda dixit). Miles de muertos, miles de desaparecidos, miles de exiliados: una generación su­mergida en sangre.
-Qué macho Pinochet, carajo -decían en Lima en los clubes donde las cholas seguían prohibidas de bañarse en la playa.
-Cómo no tenemos uno así igual -suspiraban limeñamente.
-Chile siempre nos llevará la delan­tera -reconocían placenteramente.
La plutocracia chilena, la que le hizo la guerra a Balmaceda y obtuvo su sui­cidio en el siglo XIX, la que le hizo la guerra a Allende y obtuvo su suicidio en el siglo XX, no quería esta vez que se cometieran los errores del pasado. Esta vez sí que sería para siempre. Chile sería un país
Piñera y su guerra
inmóvil, atado eter­namente a la dictadura de la élite. La profecía de Fukuyama se cumpliría en el Chile de Pinochet: la historia habría terminado. Para eso estaban las Fuerzas Armadas, aquel ejér­cito invencible que había matado civiles tomados como “pri­sioneros de guerra” tras el golpe, aque­lla Fuerza Aérea que había misileado La Moneda, aquella Armada que había prestado algunos de sus buques glo­riosos como centros de reclusión y de tortura. La vieja oligarquía chilena cre­yó mineralizar el país con la Constitu­ción pinochetista, el ancla que dejaría al país en el único embarcadero de la felicidad: el liberalismo impuesto por las bayonetas.
De modo que los ricos, que habían olido el peligro de las chusmas de Allen­de, financiaron el paisaje que pintó Milton Friedman, que bendijo el puerco de Escrivá de Balaguer y que suscribió, pe­nosamente, Jorge Luis Borges.
Los ricos se hacían cada vez más ri­cos. Y los pobres aguantaban mientras las clases medias trataban de entrar al porche de la fiesta. Todo estaba bien atado en el Chile de Pinochet y todo estuvo atadísimo cuando Pinochet me­joró el mundo con su muerte. Franco creyó que dejaba todo bajo arreglo y se equivocó. Pinochet no cometió ese error. Chile no sería la España anarquizada por la democracia puebleri­na que llegó después de la muerte del Caudillo.
Y así fueron llegando los gobiernos de la Concertación y ni Lagos ni Bachelet se atrevieron a meterse con la Constitución de Pino­chet y con el orden de cosas impuesto por la dictadura y respaldado por los uniformados. Un Baquedano espec­tral, tan invisible como poderoso, lo controlaba todo.
Chile era el ejem­plo de las derechas reunidas de Améri­ca Latina. Todos los Bolsonaro de este subcontinente lo tenían como ejemplo de sensatez, or­den y éxito.
La derecha peruana adoraba a Pi­nochet. Le habría regalado Tacna si la hubiese pedido y si de ella habría de­pendido entregarla.
-El liberalismo ha demostrado que es el modelo insuperable -decían.
Pero algo se cocinaba en Chile. La desigualdad era de las más inicuas del mundo, la sociedad de consumo ofrecía sus manjares, sus viajes y sus máqui­nas en la tele pero los sueldos estaban por debajo de los sueños, la educación privada era muchas veces inaccesible y la pública fe sacaba la vuelta a la ofi­cial gratuidad, las AFP ganaban como nunca y los medicamentos costaban como siempre, las pensiones eran de hambre. Y mientras los barrios altos se convertían en guetos de la abundancia y exhibición de la demasía, el rencor acumulado zumbaba como abeja por las calles comunes.
Hasta que el segundo Piñera, más bruto que nunca, más oligarca y ajeno que ja­más, dijo otra vez “que se jodan” y mandó subir el precio del metro de Santiago.

Abrió el corcho este hom­brecito indigno, siete leguas por debajo de Jorge Alessandri, y lo que olió no fue un carmenere de la región cen­tral sino el antiguo olor de la explosión social, el mismo y arduo aroma a desconten­to que todos percibieron en Iquique, el año 1907, cuando el general Silva Renard ma­sacró a 300 salitreros que protestaban por las duras condiciones de trabajo y los salarios de hambre.
A este hombre, entonces, a Piñera, ante las manifes­taciones y saqueos -la vio­lencia anecdótica y fatal que responde al despojo brutal de la esperanza-, no se le ocurrió mejor idea que vol­ver a llamar a los generales a ver si al­gún Silva Renard lo sacaba del apuro.
No funcionó. Porque el miedo ha huido de Chile.


SI NO HAY SOLUCIÓN
LA LUCHA CONTINÚA
Rugen los chilenos reclamando lo que les pertenece. Lo que les quitaron a la fuerza desde 1973. Lo que les si­guieron quitando todos estos años.
Y a este pueblo digno que ha des­pertado, la podre derechista del Perú le llama “peón del castro-chavismo”.
Cuando Pinochet se rodeaba de masas acarreadas en buses públicos y salía a leer lo que los Chicago Boys le preparaban, entonces “el pueblo sabía quién era su líder”.
Ahora que Chile ha dicho basta, entonces es que los comunistas inter­nacionalistas deben estar metiendo su cuchara.
En esta columna dijimos desde hace mucho tiempo y hasta el cansancio que el modelo liberal, en modo bestia, fue impuesto en Chile y en Perú por sendas dictaduras. El trolismo nos respondió con sus desmanes y los comentaristas oficiales prefirieron no tocar el tema.
Ahora sí que se abre el debate. La ira de los pueblos es la que hace la histo­ria. Es la ira que liberó a Norteamérica del imperio británico, la que indepen­dizó América, la que descolonizó Asia y parte de África. La que nos habrá de librar de la dictadura liberal que nos castiga con su monotonía y su infalibi­lidad plagada de mentiras.

jueves, 24 de octubre de 2019

DANZA EMBLEMÁTICA DE LA CIUDAD DE PUNO

MARINERA Y PANDILLA PUNEÑA
Enrique Cuentas Ormachea

(…)
Es la expresión más cabal del modo de ser, sentir, de amar y de divertirse de los puneños. Se baila en carnavales, lo que hace que estos sean ansiosamente esperados, durante un largo período lleno de preparativos, emociones y ansiedades. Da prestancia a la fiesta que dura ocho días y que sólo es tal, cuando las Pandillas llenan de luz y colorido las calles de la ciudad.
Bailada primitivamente por la cholada o por cholas y, señoritos en busca del amor furtivo, ha llegado a todos los niveles sociales, la hemos visto figurar en programas de festejos patronales anteriores a 1,880 y actualmente no hay reunión para bailar, danza indígena, mestiza o aristocrática que no termine con la clásica marinera y pandilla puneña.
Cholas versallescamente ataviadas y cholos embozados por mantones de manila, danzan al son de marineras y huaynos pandilleros ejecutados por las famosas estudiantinas puneñas.
La coreografía, extensa, complicada, quizá pueda decirse que barroca, es muy vistosa y se ejecuta por parejas que danzan elegantemente a la voz del varón de la primera pareja, que ha heredado el nombre de Bastonero, del antiguo director que con un bastón de Jilakata en la mano, ordenaba las figuras y los giros de la danza, sin tomar parte en ella.
(…)



ver video en este enlace https://www.facebook.com/Punoenvideos/videos/1598432530200350/

PINTORES PUNEÑOS DE HOY


ERNESTO
APOMAYTA CHAMBI
ARTISTA PLÁSTICO Nacido en Acora, Puno,  a 4.000 metros sobre el nivel del mar, en el altiplano puneño, desde infante su visión se extendió, desde esa altura, a todos los confines del mundo,  asumiendo con responsabilidad aquello frase inmortal que “el arte nace del pueblo y va hacia el pueblo”, agregando que la cultura se expresa de diversas formas, con él a través de la pintura, en esencia murales, y es una herramienta que hay que cultivar a diario pues no solo comunica y resuelve necesidades a la par de compartirla sin ambages porque conduce al entendimiento entre los seres humanos, con mensaje de paz y justicia social.

En su larga trayectoria, que emergió de manera natural desde que salió del vientre materno, se identificó con el dibujo y los colores, graficando las costumbres y los atractivos poblanos hasta el Lago Titicaca y también la ciudadela Machu Picchu, con trazos seguros y firmes, entre otras obras, para luego, a pesar de no hablar la lengua castellana en los primeros tiempos de la educación primaria, fue superando, a paso urgido y sin rubor, los contratiempos para culminar la secundaria y acceder a la Escuela de Bellas Artes; al egresar encontró en el Instituto de Bellas Artes de Beijing, en la entonces lejana China, un lugar académico para enriquecer su creatividad y talento natos, aprendiendo incluso el idioma mandarín; de ahí con su arte ha emprendido un largo periplo de décadas para mostrar su habilidad y destreza por Europa, América del Norte, Brasil y, por cierto, en Perú.
Prueba manifiesto de ello y de agradecimiento, es su intención de realizar un mural de la ciudadela Machu Picchu y de la Gran Muralla China a China, porque son símbolos de dos culturas milenarias, teniendo en consideración los 70 años de la fundación de la República Popular China, los 170 años de la presencia china en Perú y los 48 años de relaciones diplomáticas sinoperuanas.
El currículum vitae de Apomayta Chambi es extenso tanto nacional como internacionalmente, tanto en exposiciones individuales como colectivas, los premios y reconocimientos que ha recibido, su papel de docente y la bibliografía publicada por la elaboración de sus tesis para optar los merecidos títulos que respaldan su carrera artística.
Apomayta Chambi continúa cultivando y difundiendo cultura más allá de las fronteras nacionales, pues reafirma que la cultura no tiene límites, que siempre hay que compartirla sin egoísmos ni intereses subalternos, y que el conocimiento pleno es una necesidad de toda humanidad.
(Extractado de FACEBOOK)



miércoles, 23 de octubre de 2019

FOTÓGRAFOS PUNEÑOS: URIEL MONTÚFAR

Carrera de Caballos chojchi phorque 
en Municipalidad de Pichacani Laraqueri



CINE: HISTORIANDO LOS CAMBIOS POLITICOS

"LA REVOLUCIÓN Y LA TIERRA"

Jorge Frisancho NOTICIAS SER 2019-10-20

El buen recibimiento que ha tenido La revolución y la tierra, el documental sobre la reforma agraria decretada 50 años atrás por el general Juan Velasco Alvarado, dirigido por Gonzalo Benavente con guion suyo y de Grecia Barbieri, es síntoma de algo significativo. Fuera de ámbitos académicos y del recuerdo vivo de sus protagonistas, hay un enorme vacío de memoria sobre ese momento crucial de la historia peruana, especialmente en Lima y en otros contextos urbanos, y junto a él hay un considerable deseo de información, debate y discurso.
Quien haya visto el filme lo habrá notado: a salas llenas o casi llenas, públicos multigeneracionales observan con mucho interés las imágenes y escuchan el relato propuesto por los cineastas, lo comentan, lo debaten incluso. En la función que yo atendí, con mucho público joven, se escucharon varios “ala, no sabía” y más de un “¿ves? Es como te había dicho”. La sensación general era de descubrimiento y asombro. Es como si los muros de contención que las voces oficiales de la vida nacional han querido erigir durante los últimos 40 años alrededor de ese complejo proceso se estuvieran quebrando, y una nueva manera de verlo, largamente embalsada, empezara a fluir por sus agujeros.
Haber respondido a esa necesidad es ya un logro importante de La revolución y la tierra, y no soy el primero en señalarlo. Ciertamente es posible hacerle observaciones al relato general que la película ofrece tanto del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas como de la reforma agraria que ejecutó (Alfredo Quintanilla, por ejemplo, ha planteado algunas aquí mismo), pero ese no es un demérito. Al contrario: como ha escrito Carlos Monge, esta película es una invitación al debate sobre un tema en el que campean las rigideces maniqueas y los prejuicios simplificadores, y eso hay que saludarlo. La intención explícita de Benavente (junto a Barbieri, que también hizo la dirección de arte, el editor Eduardo Pinto, y el resto del equipo) es desestabilizar los consensos hegemónicos y generar preguntas en la audiencia; en ese camino, llega bastante lejos.
Pero me interesa señalar, además, algo que en mi opinión es un logro formal de La revolución y la tierra, sobre el cual no he visto mucho énfasis entre comentaristas y críticos. Todos notan el abundante uso que esta película hace de material fílmico de archivo y metraje de cintas peruanas clásicas, pero tienden a verlo como un complemento, una galería de ilustraciones más o menos ad-hoc, valiosa como ejercicio de rescate, pero secundaria al contenido principal. Así lo entienden, por ejemplo, tanto Mónica Delgado como Sebastián Pimentel, ambos críticos a los que siempre vale la pena escuchar.
Esta vez discrepo, sin embargo. En mi lectura, las imágenes de archivo que puntúan La revolución y la tierra no son solo ilustraciones de lo que dicen los varios opinantes ni se limitan a graficar los hechos que la película narra, sino que demarcan y determinan de manera fundamental lo que Benavente está tratando de decirnos.
Esto es así, por dos razones. La primera es que el vacío de memoria que aquí se intenta llenar es específicamente un vacío de memoria visual, algo sobre lo que la película insiste en momentos puntuales y cuya ausencia lamenta. El punto no es únicamente hacer una narrativa contrahegemónica del velasquismo y de la reforma agraria, sino proponer su imagen, y proponer incluso la imagen de una historia más amplia y abarcadora, de lo que es el Perú y lo que somos los peruanos. Una imagen de sí misma es algo de lo que nuestra sociedad carece. Que deba hacerse con fragmentos, sobre la base de un archivo incompleto, descuidado e inestable, lleno de ausencias y bajo permanente amenaza de desaparición, es ya en sí mismo un señalamiento del problema.
La segunda razón por la que me parece que el uso de estas imágenes en La revolución y la tierra es central a su mensaje se relaciona con el tipo de imágenes de las que estamos hablando. O mejor dicho, con la forma en que esta película tiende a homogeneizar los distintos tipos de archivos con los que trabaja. En La revolución y la tierra, las imágenes de ficción, los clips documentales, los
noticieros y varios otros modos de trabajo visual ocupan básicamente un mismo territorio y funcionan como parte de un mismo programa comunicativo. No se hace una distinción estricta entre el registro de hechos y la invención de imágenes, y esto no debilita la narrativa, sino que la refuerza. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de mostrar una historia en construcción, a sabiendas de que toda narrativa histórica es entelequia y artificio, y que depende, a un nivel muy básico, de un imaginario.
Más aún, mi impresión es que La revolución y la tierra nos invita no solo a debatir sobre Velasco, la reforma agraria y el proyecto revolucionario, sino a construirlos. Nos llama a imaginarlos de nuevo, en función a las necesidades y demandas de un presente que —como la película claramente sugiere en sus planos finales— no ha terminado de aprender las lecciones de la historia y mucho menos ha cerrado las heridas que la atraviesan.
La revolución y la tierra sigue en cartelera. Definitivamente, vayan a verla. 

EJERCITANDO LA CRITICA POLÍTICA

Reflexiones desde la Tribuna Libre
LA CLASE POLITICA, HOY
Escribe: Guillermo Vásquez Cuentas
Publicado en la revista BRISAS, JULIO 2019, págs. 15 a 17
L
os analistas de la actualidad peruana coinciden en lo inédito y al mismo tiempo crucial de los hechos y fenómenos que prevalecen con inusitada velocidad en la lucha por el poder político del Estado y en su ejercicio y administración a cargo de las instituciones oficiales, en la presente histórica coyuntura. Veamos.


El paulatino develamiento de la espan­tosa corrupción que había estado cre­ciendo desde hace varias décadas en las entrañas del poder real al amparo del secretismo y de una preten­dida impunidad, corre parejo con la no menos grave proble­mática económico-social que el país confronta.
Prisión preventi­va, fuga al exterior, pase a la clandesti­nidad y hasta suici­dio, combinados con extracción masiva de nuestros recursos naturales, contami­nación de cuerpos de agua esencial para la vida humana, escandalosa pre­cariedad en salud y educación, altos sueldos de una burocracia dorada socialmente insensible, bajos ingresos de las mayorías poblacionales, delincuencia cada vez más feroz y extendida, polí­tica internacional digitada des­de la potencia dominante, son, todos, titulares frecuentes en aquellos medios de comunica­ción comprometidos en diverso grado con las masas de ciudada­nos de a pie.
Ambas situaciones proble­máticas, la política y la social, se­rán determinantes para la con­figuración de la nueva realidad peruana que debe emerger en el país en los próximos años, con la renovación de líderes y dirigen­tes nuevos y comprometidos con las mayorías nacionales, pero so­bre todo con la nuevas reglas de una nueva carta política nacio­nal, exigida a gritos la situación constituyente que vivimos, para reemplazar los estatutos aborta­dos en octubre de 1993 para im­poner el neoliberalismo salvaje a rajatabla.

CORRUPCIÓN PROBADA
El momento histórico se pre­senta excepcional por la can­tidad y diversidad de hechos y fenómenos, frente a los cuales nuestros estadistas, las autori­dades gobernantes y los polí­ticos no podridos que todavía detentan parcelas del poder y especialmente los que buscan acceder a ellas (léase candidatos a cargos públicos no incursos en imputaciones de corrupción), deben agudizar su lucidez para no perderse en la enmarañada ur­dimbre de acontecimientos; pero sobre todo, dejando confron­taciones momentáneas entre compadres llamados Ejecutivo y Congreso, deben tomar posi­ciones claras de cara al pueblo, sobre sus necesidades y aspira­ciones de fondo, de importancia decisiva, cada vez más exigidas orientadas a refundar la repú­blica.
Los conspicuos integrantes de nuestra clase política deca­dente, deben darse cuenta de que ningún peruano -salvo que esté comprometido- puede dar las espaldas al proceso justiciero que llevan a cabo el Poder Judi­cial y la Fiscalía de la Nación y de que en el futuro inmediato y mediato ese proceso solo deberá detenerse cuando la salud moral de la nación se halle totalmente restablecida, es decir cuando la ética política repose sobre el re­chazo total y completo de la fal­sa creencia en la impunidad, de esa que en años pasados y hasta hace poco socapó tantos críme­nes contra los derechos huma­nos, contra los intereses nacio­nales, contra el Estado y contra la sociedad.
Las distintas formas de in­conducta corrupta y ventajista que infortunadamente preten­den afirmarse en las estructuras nacionales por obra de los po­líticos de todo pelaje, tienden a contaminar el quehacer político administrativo no solo dentro de las ramificaciones de los gobier­nos, sino también dentro de las instituciones sociales privadas de todo tipo, sean empresaria­les, gremiales, representativas, asociativas, comunales; y de ese efecto de imitación contami­nante hay abundantes pruebas a lo largo y ancho del territorio nacional.
Creemos firmemente que La lucha contra la corrupción no debe darse solo en las alturas y vericuetos del poder político de Estado, sino que debe darse también con fuerza en el seno de las organizaciones sociales de derecho privado y de variada índole que existen en la sociedad peruana.
La clase política dominante, si quiere durar, tendría que ser efectiva actora y agente promo­tora del bienestar general me­diante la atención a las aspiracio­nes populares mayoritarias, que esperan la plasmación de histó­ricas reivindicaciones económi­cas, sociales, étnicas y culturales, nacidas desde la misma invasión europea hace cerca de 500 años y combatidas sin tregua por el dominio civilista, prácticamente hasta nuestros días.
En ese marco histórico, los políticos nacionales y locales deben tener en debida cuen­ta, además, que el Perú, Puno y otras regiones, han cambiado en cuanto a las fuentes poblacionales más influyentes, es decir, de aquellos sectores de donde surgen con mayor efectividad las voluntades para constituir el poder legítimo mediante el voto democrático.
En uno y otro comienzan a imponerse los “hombres color de la tierra” portadores de una rica cultura surgida y construi­da autónomamente desde mile­nios, que pese a la imposición de mistificaciones, deformaciones y persecuciones, persiste en sus líneas fundamentales a través de los siglos.
Los políticos que no partici­pan de los propósitos generali­zados de cambio social integral y participativo, se adscriben al mundo de lo que les sigue pare­ciendo, pero que comenzó a dejar de ser como ellos quisieran que sea, hace buen tiempo.
Es hora de apurar los imprescindibles cambios.
Junio 2019

"El poder emana del pueblo"


sábado, 19 de octubre de 2019

NOTICIAS DE LA TIERRA NUESTRA


NOTIPUNO19OCT19
COMUNIDADES QUECHUAS Y AIMARAS SERÁN ATENDIDAS POR PIAS LAGO TITICACA I
Andina 19OCT19.- En el marco de la Octava Semana de la Inclusión Social, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) inicia su IV Campaña de Acción Social para acercar más de 19,000 servicios articulados, bajo un enfoque de pertinencia cultural, a comunidades oriundas de los pueblos quechuas y aimaras a través de la Plataforma Itinerante de Acción Social (PIAS) Lago Titicaca I en la región Puno.
El Programa Nacional PAIS, que pertenece al Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), tiene por objetivo acercar los servicios del Estado a las poblaciones asentadas en zonas más alejadas y vulnerables de las zonas rurales y de la Amazonía que viven en condición de pobreza y pobreza extrema mediante dos modalidades, fija y móvil. La primera a través de los Tambos y la segunda a través de las Plataformas Itinerantes de Acción Social (PIAS).


Se tiene previsto que durante 30 días, el equipo a bordo de la Plataforma Itinerante PIAS Lago Titicaca I estará conformado por entidades del Estado, tales como la Dirección Regional de Salud Puno, el Seguro Integral de Salud (SIS), Reniec, Banco de la Nación, Devida, Ministerios de Educación, de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Cultura y programas sociales del Midis como Juntos, Sisfoh y Pensión 65.
El ámbito de intervención de esta plataforma móvil contempla 13 puntos de atención, entre los que destacan las comunidades quechuas como Isla Taquile, Isla Amantaní o el Centro Poblado de Cottos y comunidades aimaras como Unicachi, Isla Soto, Centro Poblado Umuchi, entre otros.

200 PERSONAS PODRÁN VISITAR LAS CHULLPAS DE MOLLOCO POR UN SOL
La República 16 10 2019.- Buscan promover la visita de atractivos turísticos de la ciudad de Puno.
Con el fin de promocionar diferentes atractivos turísticos, 200 personas podrán visitar las Chullpas de Molloco pagando apenas un sol. Dicha actividad es promovida por la Subgerencia de Turismo y Comercio Exterior de la Municipalidad Provincial de Puno.
La visita se realizará el próximo 9 de noviembre a las 9:00 horas y el punto de concentración será el Parque de la Cultura. El traslado gratuito estará a cargo de la comuna provincial de Puno y el ingreso al sitio arqueológico costará apenas un sol, dinero que será revertido a favor de la comunidad que habita en el lugar.
Las Chullpas de Molloco es un sitio arqueológico ubicado en el distrito Ácora. Se trata de un asentamiento preinca de la cultura Lupacas. Cuenta con diez chullpas de la época prehispánica de material lítico del lugar y 20 cistas subterráneas.
Esta iniciativa se denomina “Visita Molloco por 1 sol” y forma parte del programa de actividades por el 351º Aniversario de fundación de la ciudad de Puno. Las inscripciones son hasta el 31 de octubre en la oficina de la Subgerencia de Turismo y Comercio Exterior de la Municipalidad Provincial de Puno y solo han dispuesto 200 cupos.

FAMILIAS DE PUNO Y CUSCO SON PREMIADAS POR “CONSERVACIÓN DE LA AGROBIODIVERSIDAD”
La República 17 10 2019.- Gobierno Nacional reconoció la labor de familias para la conservación de la agobiodiversidad. Al igual que Puno y Cusco también fue reconocida Huancavelica. Recibieron premio en el marco del Día Mundial de la Alimentación.
En el marco del Día Mundial de la Alimentación, los ministerios de Agricultura y Riego y del Ambiente reconocieron con el “Premio Nacional por la Conservación de la Agrobiodiversidad” a familias conservacionistas de Puno, Huancavelica y Cusco, por su labor en la protección y recuperación de cultivos de maíz, papa y granos andinos.
Se trata de una distinción que revalora y promociona a los agricultores, sus familias y sus comunidades, quienes en la actualidad continúan realizando esforzadas labores de conservación de los valiosos recursos genéticos de la agrobiodiversidad.
La ministra del Ambiente, Fabiola Muñoz, resaltó el aporte que brindan los conservacionistas en beneficio de nuestro patrimonio natural, a través de sus conocimientos ancestrales que permiten contribuir a la seguridad alimentaria.
Asimismo, los Andenes de Cuyocuyo, en el distrito de Cuyocuyo, provincia de Sandia (Puno) fue reconocido como la primera zona de agrobiodiversidad del país, por su importante contribución como reserva alimentaria y de diversidad cultural.
Agricultores conservacionistas premiados:
-Julio Constantino Paco Jove y a su esposa Delfina Amanda Peralta Illanes. Conservacionistas de 93 cultivares de quinua en la comunidad campesina de Chaupi Sahuacasi, provincia de Azángaro, en Puno.
-Juan Quispe Huamán. Productor conservacionista de 60 ecotipos de maíz adaptados. Pertenece a la comunidad de Choquecancha, distrito de Lares, en Cusco.
-Dámaso Pariona Ordóñez y a su esposa Renalda Solano de Pariona. Conservacionistas de más de 250 variedades de papas nativas y miembro de la comunidad de Laria, en Huancavelica.

REVALORARON CULTURA ARTÍSTICA MEDIANTE LA DANZA EN TINTIRI 2019
Miles de pobladores, se dieron cita al majestuoso lugar turístico y ecológico del Santuario de Tintiri, ahí se desarrolló el VII CONCURSO DE DANZAS AUTÓCTONAS (categoría “A”) Y XII FESTIVAL DE DANZAS MACRO REGIONAL (categoría “B”) a 8 Kms de Azángaro.
Después arduo esfuerzo de concurso de danzas, los ganadores resultaron: primer lugar en la categoría “A” la danza de Chajmay de la comunidad de Layocota con 86.77 y recibió trofeo más 6 mil soles, segundo lugar danza Papa Tarpuy de Punta Jallapisi con 86.67 recibió trofeo más 4 mil soles y el tercer lugar danza Carnaval de Muñani de la comunidad Unión Villa Mercedes recibió trofeo más dos mil soles y en la Categoría “B” primer lugar Carnaval de Santiago de la comunidad de San Mateo de Cuturi con 91.22 recibió un trofeo más 7 mil soles, segundo lugar Challpas de Pisacoma de la I.E.S Distrito de Pusi – Huancané con 91.00 recibió trofeo más 5 mil soles y el tercer lugar Wifalas de San Francisco Javier de Muñani de la I.E.S. Industrial Muñani con 90.23, recibió trofeo más 3 mil soles.
Flavio Mamani Hancco alcalde de Azángaro, anfitrión de la organización del evento, dijo más allá de organizar el certamen de arraigo cultural, formaremos comisión de gestión para recuperar la puesta en valor de nuestro patrimonio cultural el templo Tintiri y realizar la gestión ante el ministerio de cultura para restaurarlo.
En entrega de premiación, enfatizó, que estamos también inmersos en promover y mantener vigentes las costumbres andinas, ricas en su expresión cultural, mediante la danza, la música, el canto y otros, y hoy hemos realizado el pago a la pachamama con la fin de conservar las costumbres ancestrales que se realizan para la producción agrícola, ganadera y mucho más.

Quienes ganan también de este tipo de actividades son los hermanos comerciantes, en donde se genera desarrollo económico local.
Como parte de este evento también se pudo apreciar, diversión en la parte recreativa (juegos mecánicos), trotes a monta de caballos de paso, exhibición y venta de la gastronomía (comida) de la tierra de Aswanqharis y otros servicos.


EMPEDRADO COLONIAL DE PLAZA ES CUBIERTO CON CEMENTO
Liubomir Fernández, LA REPUBLICA 18 10 2019
En Puno, empedrado de Plaza de Armas es cubierto con obra pese a que se acordó que vestigio sea protegido con vidrio. Municipio aseguró que obras son supervisadas por Cultura.
El empedrado colonial de la Plaza de Armas, que data de 1850, fue cubierto con cemento. El vestigio iba a ser recubierto con vidrio especial para que sea apreciado por el público. Ese fue el compromiso del municipio de Puno y la Dirección Desconcentrada de Cultura, en junio pasado.
Pese al acuerdo, el municipio recubrió todo el cuadrante de la plaza de Puno con cemento.
La República buscó la versión del gerente municipal, Fredy Vilcapaza. Este aseguró que la intervención se ejecuta con la supervisión de Cultura. “Existe un técnico que está todo el tiempo supervisando. Nosotros estamos cumpliendo la ley”, dijo.
El arquitecto Arturo Gómez señaló que el Colegio de Arquitectos tiene que pronunciarse. Advirtió que el vaciado de concreto actual del piso supera el nivel de la vereda. La altitud será mayor porque aún falta colocar la piedra tallada, que tiene un espesor de aproximadamente cinco centímetros.
Sobre el tema, Fredy Vilcapaza aseguró que la altura no debe generar alarma porque la ejecución actual solo representa un primer componente. La segunda etapa supone intervenir sobre las calles de alrededor de la plaza para que alcance el mismo nivel. Precisó que los trabajos se ejecutan de acuerdo al expediente técnico.

viernes, 18 de octubre de 2019

ESCRITORES PUNEÑOS: LUIS ERNESTO MURGUIA SANCHEZ



Dr. Luis Ernesto Murguía Sánchez, etnógrafo puneño, nació en Ayaviri, provincia de Melgar. Magister en Antropología por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Formado en la Universidad Nacional de San Agustín UNSA. Con estudios en la Universidad ESAN, Instituto de Gobierno y Gestión Pública de la Universidad San Martín de Porres y UNESCO-CRESPIAL. Docente universitario con experiencia en trabajo de campo, etnografía, ecología, construcciones socio-culturales, tradición oral, ritualidad, simbolismo.

El material que se difunde, ha sido tomado 
del libro Q'IPICUENTOS, 
Amarilis Indiana Editores, Huánuco 2019, 
con autorización de su autor.
PROEMIO

Desde el viejo cajón de sastre la antropología horada las insondables experiencias humanas; registra, testimonia e interpreta las construcciones y elaboraciones socioculturales; aproxima tiempos y espacios en una conjunción múltiple, dialéctica y en espiral hacia la comprensión de lo otro en la mismisidad.
De las fuentes, la menos invasiva a la vez profunda, el mito y el relato oral constituye el mayor repositorio del enriquecimiento del pensar: de ellos interesa el sentido simbólico, recreativo y afectivo que pretende alcanzar.
A través de la cultura oral y la narrativa elaborada por hombres y mujeres de imaginación creadora forjada a lo largo del tiempo, pretendemos acercar al niño una pequeña parte del universo cultural cordillerano; el mismo, contempla una adyacencia al mundo de la creación y el origen de la humanidad a través de los animales o de los animales personificados en hombres; seguido, ingresar a las tierras del altipampa, el poder de los apus, la instauración del orden instituido a través de la fuerza invisible y omnipresente del amor en los andes representado en el símbolo dominante wallata; luego, la insurgencia de los ayaj – huayras en relación a la conquista y expansión del Estado Inca. Líneas adelante, explora la dimensión afectiva y humana de la rica y abigarrada creación y elaboración cultural naturalizada en la ternura y las prescripciones que hacen posible la instauración del orden en medio del aparente caos que es la vida. Sigue la entronización de los símbolos de la empresa evangelizadora y el dominio español, reinvención y resignificación de símbolos por parte del pueblo indígena; además, la ruptura del orden instituido.   
Los relatos corresponden al área cultural quechua del altiplano puneño, fueron recopilados por maestros rurales, ex hacendados, pequeños y medianos propietarios que conformaron la élite local. Las voces primigenias fueron transmitidas en lengua quechua, con el tiempo intertextualizaron con el español para conformar una polifonía de voces que en conjunto constituyen la urdimbre cultural de la sociedad ganadera del altipampa.
Las razones que motivaron la selección de los textos se hallan en la configuración del rostro nuevo de la sociedad rural puneña en particular de la provincia de Melgar, donde cada vez es frecuente la menor presencia de almas creativas debido a la migración de la élite local por efectos de la reforma agraria,  los procesos de integración con la sociedad mayor, la globalización que tiende a uniformizar, borrar la diferencias y diluir la diversidad: De otro lado, rescatar lo valioso de la buena escritura dado la claridad de la narración, argumentación y matización; herencia de prohombres de la “Tierra de escritores, poetas e intelectuales, músicos y artistas”; destaca Gabino Pacheco Zegarra 1846 - 1903, quien fue abogado, músico, dramaturgo, poeta, novelista, quechuologo, político, catedrático en la Universidad de San Marcos – Lima (1870) y Universidad de Salamanca España (1890), diplomático en Europa, publicó el diccionario y gramática de la lengua quechua, poemas, autos sacramentales, yaravíes, waynos, novelas, dramas, entre otros, destaca  “Ollantay” drama en verso quechua del tiempo de los incas, publicado en Madrid, Biblioteca Universal, año 1886.
Finalmente, los relatos pretenden mantener los rasgos esenciales de la oralidad, el disfrute, la libertad y el interés por avivar la inteligencia; en tal sentido, procuramos solazar un estilo oral a través de la escritura.                                                                                                                          
Luis Ernesto Murguía Sànchez

LOS CHUCHULAYAS
El origen de la vida y de los depredadores en el imaginario popular
En el paraíso junto a dios vivían los chuchulayas; unos depredadores (cóndores, ukumaris[1] y atuq). no lo dejaban tranquilo, entraban, salían, se comportaban mal, eran malcriados, groseros, protagonizaban escenas eróticas, comían insaciablemente y lo atormentaban demasiado. Dios cansado del su mal comportamiento ordenó que bajaran a la tierra. Los chuchulayas se resignaron y empezaron a phuscar: hilar, sogas de paja. Luego. Dios los soltó. A medida que bajaban daban vueltas y vueltas agarrados de la soga dándose de insultos y risas. De pronto miraron a todas partes y de miedo miccionaban por aquí y por allá a semejanza de los rollos de sogas que torcieron. Llegaron a la tierra y se multiplicaron en los mismos lugares y en la cantidad en que miccionaron.
Llegado a la tierra los insultos prosiguieron y subieron de tono hasta convertirse en gritos; el aullido del atuq, los gruñidos del ukumari y graznido del cóndor fueron tan fuertes que de pronto vieron surgir a hombres y mujeres y demás seres que acompañaron por siempre a los chuchulayas.
Para sobrevivir se dedicaron a cazar animales, con el tiempo se hizo difícil, los chuchulayas aumentaban mientras disminuían los animales que servían para alimentarse; el clima se volvió insoportable, las lluvias empezaron, luego, las nieves no cesaban, subían más y más, el frío era intenso que puso en peligro la vida de los cóndores, ukumaris y los atuq.
De pronto, la intensidad del frio fue disminuyendo gracias a la voluntad de Qoyllur riti (señor de la nieve resplandeciente), esto hizo posible que hombres, animales y chuchulayas se reprodujeran, tomaran nombres distintos y cada uno haga lo que tiene que hacer, es decir, pelear, llorar y reír; vivir juntos.
Al pasar el tiempo, los chuchulayas no podían seguir viviendo en el desorden y el caos, nuevamente estaba en peligro su existencia; en coincidencia con ese momento difícil, nuevamente vino una nueva ola de frio, esta vez para terminar con los chuchullayas, todo ello  a consecuencia que se  olvidaron de dios; resulta que esta vez dios estaba lejos, imposible de alcanzarlo y estar cerca de él; entonces, no tuvieron mejor idea que rogar nuevamente a dios, quién compadeciéndose  envió a la Virgen de las nieves para aplacar el sufrimiento y calme las desgracias. Desde ese entonces, en agradecimiento por los dones enviados por dios los chuchulayas empezaron a acompañar las novenas de la fiestas patronales.
A las fiestas patronales los chuchulayas no podían ir con las manos vacías, para ello tenían que hacer el chacu (captura de amínales con cerco humano); más tarde empezó la captura de animales al son de tambores, pinquillos, reventazones de warak’as (hondas), en medio del chacu  pelearon con los oscollos (gatos montés),  mataron a las chitas (crías de oveja), pero al retornar trajeron a sus zorros  muertos y  heridos, a los que murieron los disecaron para llevarlos a la fiesta y su espíritu reviva junto a la alegría.
Llegado la fiesta de la Virgen de las nieves, los chuchulayas vinieron de todas partes junto a sus animales, estaban presentes los machu (viejo), la paya, (vieja), uywa michej (pastores de ganado), los tocaq (músicos), varayok (autoridad tradicional), atuq (zorro), ukumari (oso de anteojos o del bosque de neblina), alpaca, llama, vicuña, cóndor, oveja y la vaca.
Los machus en sus espaldas cargaban chitas (crías de oveja), osccollos, (gato montés)  atuq (zorros); en las manos warakas (hondas) de guerra que las hacían reventar de cuando en cuando para asustar y tranquilizar a los demás; ellos eran los encargados de guiar y conducir a los chuchulayas por donde les da la gana haciendo figuras y mofándose de los demás. La paya (vieja) mujer del chuchulaya que eran hombres vestidos de mujer iban phuscando (hilando) alegremente. Los tocaq (músicos) llevaban sombreros cargados de plumas de wallata, pariguana, bandurrias y patos silvestres; además, llevaban enaguas desarrapadas, joyas preciosas con incrustaciones; en seguida aparecieron tocando mamas, uñas (pinquillos grandes y pequeños) imitando los silbidos, graznidos y cantos de las aves. En medio del tumulto encontraron al chaqra alcalde o varayok de campo (autoridad tradicional) para presidir la entrada de los chuchulayas; él llevaba un sombrero adornado con flores milagrosas uchuqhaspa, panti panti, jallu jallu, vara de San José con los cuáles calmaban sus males y curaban las enfermedades; también lleva la vara de autoridad para mandar.
El otro grupo lo formaba la uywa michij (pastora de ganado) vestía pollera y chamarra de color negro con vivos colores contrastantes, rojo, verde, naranja, morado. Los atuq que en el fondo eran los mistis (hombre blanco). También los ukumaris (oso del bosque de neblina) quienes son warmi munachi (lascivos), de afición inmoderada por la sexualidad y las mujeres llevaban la quilla (mancha blanca que lleva en la frente) para deslumbrar y seducir a las mujeres; no contento con ello, sacaban su lengua hasta la mitad para atraer y seducir; despertar la lujuria; encender el fuego y hacerse irresistible. También estaban las alpacas, llamas, vicuñas, vacas y ovejas.
Una vez que todos estaban juntos, emprendieron rumbo, alcanzaron el camino de herradura; seguido bordearon cerros y quebradas, atravesaron  chilliwares (pajonales)  y pampas; tras un largo camino llegaron al lugar donde hacían la fiesta de la Virgen de la nieves; dicen que ahí había una iglesia, se realizaba una misa con el taita cura; cuando llegaron a la puerta de la iglesia a los chuchulayas no los dejaron entrar  por  malcriados, ellos  no tuvieron más remedio que esperar en el atrio sin dejar de estar atentos a todo lo que ocurría al interior de la iglesia.
Terminada la misa y procesión, los chuchulayas entraron en escena, se pusieron a bailar, los tocaq (músicos) tocaron sus pinquillos, así las mamas y uñas vibraron; los demás chuchulayas decían: ana nayja, ana nayja, anayja, anayja en claro signo de cansancio; la música siguió y siguió con distintas e infinitas variaciones llamadas ascensia y pasión. De pronto aparecieron los  machus (viejos)  cargados con pukuchus (crías de ovejas disecadas),  imitaban el balido de las ovejas, decían  jai jai, jai, jai,  chutay, chutay (jala, jala), entretanto, los machos menorcitos cargaban atuq, osqollos gritaban hinaman, hinaman, (acá, allá),( acá, allá), aysiri, aysiri (levanta, levanta). La paya (vieja) de los chuchulayas se remangaba la pollera, mostraba el trasero y lanzaba pedos (ventosidades). Los machus hacían escenas eróticas y de zoofíla, unas veces como machos, otras como hembras, además, toda clase de perversiones. Así, los machus tenían relaciones sexuales con los cóndores, los  atuq  con los ukumari provocando la ira de dios.
En ese instante las autoridades presididas por el varayoq llegaron; a su lado izquierdo estaba el chana, en medio el qollana, a la derecha el segundo qollana, las  pastoras junto a sus llamas, alpacas, vicuñas, ovejas, vacas, toros, terneros se acercaron y participaron del quintu, ofrenda con hojas de coca dirigida a la pachamama (madre tierra)  para pedir permiso y el chacu resulte bien; en ese instante las pastoras recogieron a sus crías, las señalaron (marcaron) con taqu (resina roja), a los machos diseños en forma de poncho, a las hembras figuras de lliqlla (manta) para luego llevarlas  a un lugar seguro.
Se dice que pronto empezó el chacu, los chuchulayas dirigidos por los machus agitaron sus warakas (hondas) producían estruendos, los atuq se espantaron, corrían de un lado a otro perseguido por los machus y las pastoras, las chitas (crías de oveja) peleaban con los atuq para no dejarse comer, pero finalmente, los atuq mataron a las chitas y las dejaron tiradas en el campo; en ese entonces, desde su cueva el ukumari irrumpió, bajó y subió los cerros, corrió por las pampas, hizo gracias, rio incansablemente diciendo “jajai, jajai, luego, apareció desafiante, bailaba, reía, perseguía a las alpacas y vicuñas, sacudía las patas para ver si estaban muertas o vivas, de nuevo persiguió a las doncellas, las laceaba  y  arrastraba para la cópula.
En ese mismo instante del cielo el cóndor fue bajando poco a poco, conforme bajaba se escuchaba un sonido sordo que decía wichch wichch, estaba lujosamente vestido, llevaba una chalina blanca y una enorme cresta; al llegar se paró sobre las chilliwas, atacó del oqhoti (esfínter) a los toros y a las vacas, sacó las tripas, los tumbó y comió; lo mismo hizo con el caballo. Luego de haber comido se sentó, parecía una mujer con varias y grandes polleras; terminado su digestión, aleteó y aleteó para perderse por los cielos.
Los atuq se acercaron para atacar a las chitas (crías) y comer las sobras, pero a lo lejos son vistos y descubiertos  por las pastoras quienes de inmediato agitaron sus warakas, lanzaron piedras, enviaron a los perros para ahuyentar a los atuq; cuando las pastoras se acercaron vieron que unos animales estaban muertos, otros mal heridos, entonces  lloraron desconsoladamente, arrodillaron  e imploraron a dios y a los Apus; pero en ese instante, nuevamente los machus avanzaban  y avanzaban pronunciando aypatiquiña, aypatiquiña, jaiy, jaiy, lari, lari, taripay, taripay; phaway, phaway, taripay lari, taripay lari” /alcanza, alcanza, corre, corre, alcanza al zorro, alcanza al zorro) para terminar de espantar al zorro; pero sin embargo, luego de ver lo ocurrido, la muerte del ganado, el daño producido, los machus se embriagaron de pena hasta perder el equilibrio y la razón; pero aun así entre pastoras y los machus cargaron al ganado herido y muerto en un kallapo (camilla de entierro) para luego perderse y desaparecer de la escena.


[1] Oso de anteojos.