REFLEXIONES PATRIAS
Christian Reynoso
28jul26
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espués de tres elecciones presidenciales en las
que fue derrotada, Keiko Fujimori se ha convertido en presidenta del Perú. Ha
dejado de ser aquella candidata a la que parecía estarle negado el triunfo. No
ha ganado con amplia mayoría, apenas con un margen mínimo, y tal vez, gracias a
cierta ayuda o mano velada en los votos contabilizados en el extranjero,
especialmente de aquellos provenientes de Estados Unidos. Algo, desde luego,
difícil de probar, pero que ha quedado flotando en el ambiente. Como sea, los
resultados oficiales de la ONPE han señalado su triunfo.
La mitad de los peruanos no están conformes con el
resultado, pero habrán de respetarlo. Son las reglas. Algunas regiones del país
siguen manteniendo una postura de rechazo. Al mismo tiempo, exigen justicia y
gestos de perdón por los muertos de las protestas sociales, en tanto que
Fujimori y su antigua bancada no condenaron los asesinatos. Pero la nueva
administración más que pedir perdón deberá ejecutar hechos concretos que
conduzcan a identificar y sancionar a los asesinos y a los responsables
políticos, entre ellos la expresidenta Boluarte. No obstante, sabemos que el
fujimorismo no está acostumbrado a caminar en ese terreno. Así que nada nuevo
habrá.
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| Alianza que debe permanecer y fortalecerse en la lucha politica |
Por otro lado, se advierte un sentido pragmático ―algunos dirán que es hacer política― en la intención de alinearse enseguida con el nuevo gobierno. ¿Es lo natural? ¿Es lo que corresponde, en tanto recién inicia y se le debe otorgar el beneficio de la duda? Así, han desfilado alcaldes, políticos, líderes, viejos carcamanes de la política y también delincuentes ante la nueva administración. Todos buscando subirse al carro y su cuotita de poder, como si la amnesia fuera la mejor carta de presentación, pasando por alto el desastre institucional del país del que el fujimorismo fue responsable sin contar el haber lumpenizado la política.
Hay convicciones que no se pueden ni deben
traicionar, y hay memoria que no se debe olvidar. Eso debe servir para
encontrar un equilibrio en la correlación de la forma de hacer política que
tendremos en adelante. Es probable que se quiera extender el mandato, se
intentará instalar una nueva narrativa histórica en cuanto al papel del
fujimorismo en los últimos treinta años, se seguirá saqueando el país desde el
congreso y las instituciones gubernamentales sin que nadie diga nada, el circo
político volverá sin que se atiendan los problemas urgentes, la pulsión de la
venganza desde el poder será guía y seña. No hay nada que asegure un cambio en
todo ello.
(Este artículo ha sido escrito antes del mensaje
presidencial del 28 de julio.)

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