jueves, 17 de septiembre de 2026

APROXIMACIONES A LA EXPLICACION DE TRIUNFOS ULTRADERECHISTAS EN ELECCIONES DE AMERICA DEL SUR

 FRAUDE CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN ELECCIONES LATINOAMERICANAS.

DE COLOMBIA A BRASIL: CÓMO LA IA ESTÁ TRANSFORMANDO LAS ELECCIONES LATINOAMERICANAS.

Por Marcela Ríos Tobar

El Independiente/El Salvador 17 septiembre 2026

D

esde Colombia a Perú, Brasil, EE. UU. o España, las dinámicas políticas y electorales están siendo redefinidas por el impacto de la inteligencia artificial. Una diversidad de herramientas de IA es utilizada en todas las etapas del ciclo electoral y por todos los actores involucrados; no sólo en las comunicaciones y estrategias de campaña, sino en la forma en que las personas se informan y participan de la política, cómo deciden por quién votar, cómo se relacionan con actores políticos y las instituciones del estado. Un poco más rezagados, partidos, candidaturas y organismos del estado buscan transformar sus propias prácticas y oferta de cara a la nueva realidad.

Hace apenas dos años, gran parte de la conversación global sobre inteligencia artificial y elecciones estuvo marcada por pronósticos catastrofistas. Se hablaba de una avalancha de uso malicioso de la IA para alterar resultados, manipular el debate público y volver irrelevantes a las instituciones del estado responsables de organizar elecciones. Pero la experiencia global que dejó el superciclo electoral de 2024 y 2025, y las elecciones más recientes en 2026, nos obliga a tener una mirada un poco más matizada. Menos alarmista, pero inexorablemente, mucho más proactiva de cara al futuro.

Un informe del Fondo Alemán Marshall, coincidente con otras investigaciones, detectó campañas significativas con deepfakes en el 39% de las elecciones monitoreadas desde fines de 2023 en 30 países.

Las elecciones latinoamericanas del 2026 no han sido una excepción en esta tendencia. Por el contrario, han mostrado que las narrativas de fraude se han visto impulsadas por desinformación masiva que está siendo facilitada por la IA. Así, los riesgos no han desaparecido, siguen creciendo y mutando a medida que los vamos enfrentando.

Lo que hoy observamos no es una fotografía, sino una película en cámara rápida. Una creciente diversificación del uso de nuevas tecnologías. La inteligencia artificial está siendo utilizada por todos, pero también por actores maliciosos que buscan, subvertir deliberadamente la voluntad popular.

En este nuevo escenario, ya conocemos muchos de los nuevos riesgos: la discriminación algorítmica, la desinformación, los contenidos sintéticos, la vulneración de la privacidad de los datos, la inundación de financiamiento ilícito de la política, o la manipulación del debate público. La IA también está amplificando desigualdades estructurales preexistentes como la violencia política en contra de las mujeres.

Ante esta nueva realidad las instituciones democráticas no son meras espectadoras. Un estudio de IDEA Internacional, Inteligencia artificial y gestión electoral: Un mapa de América Latina y el Caribe, confirma que las instituciones electorales en América Latina están transitando desde una etapa de exploración hacia una de adopción de nuevas herramientas tecnológicas y de gobernanza digital. Instituciones electorales ya utilizan o evalúan aplicaciones basadas en IA para automatizar tareas administrativas, asistir la atención a la ciudadanía, apoyar la comunicación institucional, fortalecer la ciberseguridad y mejorar procesos de fiscalización del gasto electoral y otros internos de análisis y planificación. Sin embargo, el informe también advierte importantes brechas de capacidades, y en la mayoría de los países, ausencia de marcos regulatorios específicos y la necesidad de desarrollar principios de transparencia, supervisión humana, protección de datos y rendición de cuentas que permitan una incorporación responsable de estas tecnologías.

Por eso la pregunta ya no es si estos riesgos se materializarán o no. Las preguntas relevantes no son cuándo ocurrirán, sino con qué escala y velocidad evolucionarán sus usos, qué nuevos riesgos aparecerán y si nuestras instituciones tendrán capacidad para anticiparlos y responder.

No hacer nada, para adaptar y proteger las elecciones o simplemente esperar a que ocurra una crisis para actuar, no es una alternativa posible o responsable. Las elecciones son, ni más ni menos, el pilar que protege la reproducción y sobrevivencia de los regímenes democráticos.

Durante décadas pensamos que la confianza electoral dependía principalmente de la capacidad técnica de organizar elecciones transparentes y eficientes. Esa dimensión sigue siendo indispensable, pero hoy ya no es suficiente. La confianza en las elecciones depende también de la calidad del entorno informativo, y a la capacidad de responder a las narrativas cada vez más extendidas de “negacionismo electoral”.

No hay duda de que no conocemos todas las formas en que la IA puede impactar en las democracias. Pero si algo queda claro es que ninguna institución o país de manera aislada, puede por sí sola afrontar estos nuevos y cambiantes desafíos. Construir una gobernanza democrática de estas tecnologías exige un verdadero ecosistema democrático, donde instituciones públicas, empresas tecnológicas, academia, centros de investigación, sociedad civil y organismos internacionales compartan conocimiento, desarrollen estándares y asuman responsabilidades comunes. Se requiere, además, de una alianza transnacional para hacer frente al poder monopólico de las grandes empresas tecnológicas.

El futuro de la democracia está en juego y la historia de la IA no está predeterminada. Depende de la agencia humana. De ahí la necesidad de seguir trabajando con urgencia, de cara al futuro, en la protección de la integridad de las elecciones como pilar que sustenta y resguarda la sustentabilidad de nuestras democracias.

 NOTA: *Este texto está escrito en el marco del lanzamiento del informe “Inteligencia artificial y gestión electoral: Un mapa de América Latina y el Caribe”, lanzado por IDEA Internacional. <>_____________________

*Directora para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral – IDEA Internacional. Es socióloga, magister en ciencias sociales y doctora en Ciencia Política. Ha sido ministra de Justicia y Derechos Humanos en Chile.

______________________

¿QUÉ SON LOS “BOTS”?

LA NUEVA ARMA DE MANIPULACIÓN POLÍTICA EN AMÉRICA LATINA

 

Detrás de una avalancha de me gusta, respuestas y tendencias en redes sociales puede no existir una multitud, sino una operación coordinada para fabricar consenso y amplificar determinadas narrativas. Estas redes de cuentas automatizadas, trolls y usuarios falsos ya forman parte de las disputas políticas en América Latina y plantean un nuevo desafío para la conversación pública y los procesos electorales.

Una publicación aparece en X. En cuestión de minutos llegan cientos de respuestas, miles de "me gusta" y una cadena de mensajes que parece confirmar que detrás de aquella consigna existe una multitud. Pero la multitud puede ser una ilusión. En el otro extremo de la pantalla, una computadora puede estar coordinando cientos o miles de cuentas diseñadas para comportarse como usuarios comunes.

La operación ya no necesita una habitación llena de teléfonos encendidos. Puede funcionar desde servidores en la nube, mediante servicios de cómputo alquilados y sistemas capaces de administrar numerosas direcciones IP. También puede adoptar una forma más rudimentaria: dispositivos conectados a una computadora que ejecuta órdenes simultáneas.

La tecnología cambia; el propósito permanece: fabricar actividad donde no necesariamente existe respaldo ciudadano es una práctica ya conocida en Perú. Durante la década de 1990, y especialmente en los años finales del régimen de Alberto Fujimori, los llamados diarios chicha se convirtieron en uno de los ejemplos más notorios de esta práctica.

Publicaciones como El Chino, La Chuchi, El Tío, El Mañanero y La Yuca utilizaron sus portadas para atacar a adversarios políticos y favorecer al oficialismo. Titulares como "Turista Andrade continúa botando obreros de la Muni" o "Toledo abolla a su gringa por hacerlo venado" muestran cómo el impacto emocional y la descalificación podían ocupar el lugar de una discusión informada.

El paralelismo con las nuevas herramientas digitales puede plantearse así: antes se compraban portadas; hoy pueden fabricarse tendencias, interacciones o aparentes consensos. Antes el titular sensacionalista buscaba dominar la conversación desde el puesto de periódicos; hoy el contenido puede buscar lo mismo desde una pantalla.

La narrativa de los bots

Marcelo Santos, profesor asociado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales e investigador del Centro de Investigación en Comunicación, Literatura y Observación Social, compara una granja de bots con una instalación industrial en la que los teléfonos dejan de ser herramientas personales para convertirse en piezas de una maquinaria.

“A este tipo de actividad la llamamos una actividad inauténtica, porque no hay usuarios reales detrás. Son celulares con cuentas creadas sin una persona. Y que son coordinadas, gestionadas, en ese caso, por ejemplo, por una persona o un equipo de una agencia de marketing”, precisó en declaraciones para el medio chileno Bío Bío.

Cada aparato puede estar asociado a cuentas diferentes y responder a instrucciones previamente definidas: compartir, comentar, marcar una publicación o impulsar una etiqueta. La diferencia entre una cuenta automatizada y una granja está precisamente en esa escala. Un bot puede ejecutar una acción. Una red coordinada puede convertir esa acción en una supuesta escena multitudinaria.

El objetivo más importante no siempre consiste en convencer a quien lee. Está en modificar el escenario en el que esa persona recibe la información. Las plataformas utilizan señales de interacción para ordenar aquello que aparece ante sus usuarios.

Natalia Aruguete, investigadora especializada en polarización política y redes sociales en América Latina, describe el fenómeno como una alteración de las condiciones de la conversación pública. “Puede aumentar artificialmente el volumen de determinados mensajes, repetir consignas, atacar a determinados actores y, sobre todo, producir una apariencia de consenso o de rechazo social”.

Ahí comienza el verdadero poder político de estas redes. Una tendencia digital no permanece necesariamente encerrada en la pantalla. “Puede convertirse en noticia; los medios lo cubren, los dirigentes responden, los periodistas preguntan por él, se incorpora a entrevistas y debates, y entonces regresa a las plataformas con una legitimidad y una audiencia nuevas”, apuntó la especialista para Chequeado.

En una campaña electoral, esa dinámica puede ser especialmente valiosa. Una candidatura no necesita que todas las cuentas falsas convenzan a miles de votantes. Le basta, en determinados casos, con provocar suficiente movimiento para que personas reales entren en la discusión. La maquinaria crea el ruido; los usuarios humanos terminan propagándolo.

Y en América Latina, el fenómeno ya encontró un espacio dentro de las disputas electorales. Para Santos, uno de los indicios más reveladores es la actividad imposible para un ser humano. Durante el seguimiento de la ascensión política de Jair Bolsonaro en Brasil, encontró un usuario que publicó 120 mensajes en cuarenta minutos.

El nombre de Fernando Cerimedo aparece en ese mapa. El consultor argentino, vinculado como posible estratega digital a campañas de figuras como Javier Milei, Jair Bolsonaro, Rodrigo Paz y José Antonio Kast. Tras su aprehensión en Bolivia, la Fiscalía informó del hallazgo de una denominada “mini granja de bots” en un inmueble de La Paz.

El episodio adquirió relevancia porque el propio Cerimedo había descrito anteriormente el manejo de miles de cuentas creadas artificialmente. En declaraciones públicas sostuvo que podían utilizarse para monitorear conversaciones, producir contenido y elevar la exposición de determinados temas. También reconoció administrar trolls.

Pese a este panorama, cabe precisar que no todo bot forma parte de una campaña política. Las herramientas automatizadas tienen usos legítimos: pueden responder consultas de clientes, recopilar información, seguir precios, monitorear indicadores o ejecutar tareas repetitivas. El problema es cuando lo que se busca es distorsionar.

Los llamados trolls

La diferencia entre ambos términos resulta fundamental. El bot es automatización. El troll, en cambio, es una persona que interviene deliberadamente para provocar, hostigar, confrontar o desviar una conversación. Un troll puede utilizar una red automatizada para multiplicar el alcance de sus mensajes, de modo que ambas figuras pueden trabajar dentro de una misma operación.

“Del otro lado hay una persona molestándonos, agrediendo, pero en el caso del bot hay un algoritmo automático y eso le permite a quien lo controla manejar una gran cantidad de cuentas”, indica Emmanuel Larussi, ingeniero en Sistemas y doctor en Ciencias de la Computación, para la estación AM750.

Por su parte, las Naciones Unidas también describen a los trolls como individuos o grupos que pueden asumir identidades falsas y utilizar redes sociales para enviar o suprimir determinados mensajes, difundiendo información errónea o desinformación y generando la apariencia de que una determinada narrativa es mayoritaria o ampliamente aceptada.

Ante este panorama, la Unión Europea utiliza actualmente el concepto de Foreign Information Manipulation and Interference (FIMI) para describir determinadas operaciones intencionales y coordinadas destinadas a manipular el entorno informativo y afectar procesos políticos.

 

IDENTIFICAN A 'BOTS' CREADOS EN TWITTER PARA APOYAR AL FUJIMORISMO Y ATACAR A OPOSITORES

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario