Y DISPUTA POR LOS
RECURSOS NATURALES EN AMÉRICA LATINA
Por: Jorge Luis
Choque
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L |
a reconfiguración internacional
—marcada por el avance de derechas radicalizadas, nacionalismos excluyentes y
nuevas formas de autoritarismo— debe leerse también como una disputa por
hegemonía, es decir, por la capacidad de imponer sentidos comunes, alianzas
sociales y formas de tutela estatal que normalizan determinados proyectos
económicos y políticos. Esta idea, retomada de Antonio Gramsci, ayuda a
comprender por qué la extrema derecha contemporánea, según Enzo Traverso, no es
una réplica literal del fascismo histórico sino una configuración adaptada al neoliberalismo y a las crisis de las
democracias formales.[1][2]
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| La "coca nostra" |
Leer el narcotráfico como un fenómeno
solo criminal empobrece el análisis; mejor entenderlo como un componente de la
lucha por hegemonía donde actores ilícitos se insertan en redes políticas,
económicas y sociales para disputar consentimiento y coerción. El concepto de
“narcopolítica” —empleado por investigadores como Jaime Antezana Rivera—
describe ese entrelazamiento y cómo el dinero ilícito penetra campañas,
gobiernos locales y redes de poder, transformando a veces a las mafias en
actores integrados al bloque dominante. Cuando las estructuras del Estado y la
sociedad civil son débiles, la guerra por la hegemonía se libra tanto en el
terreno de la fuerza como en el de la construcción de sentido; es decir,
mediante la combinación de coerción abierta y manufactura de consenso.[4]
A ello se suma la expansión de
economías ilegales —minería clandestina, lavado de activos, contrabando— que no
solo compiten por recursos, sino por la capacidad de crear nuevas bases
sociales de apoyo local. Robert Dahl advertía que la democracia conserva su forma, pero pierde contenido; cuando esas
instituciones son capturadas, la forma democrática puede permanecer mientras su
contenido se erosiona. Desde la perspectiva gramsciana, hablamos de una hegemonía que conserva apariencias
institucionales, pero desactiva la soberanía efectiva y la representación real.[5][1]
En
América Latina, la retórica de la “mano dura” suele reaparecer cuando crecen la
violencia y la frustración social. Sin embargo, la historia demuestra que la
promesa de orden no siempre se traduce en fortalecimiento institucional; muchas
veces sirve para consolidar poderes concentrados, militarizar la vida pública y
justificar abusos. El autoritarismo se presenta entonces como solución, pero
termina funcionando como un mecanismo de protección de intereses económicos y
políticos que necesitan un Estado débil, selectivo o capturado.[6][1]
El Perú es un caso especialmente delicado. La fragmentación política, crisis de representación y la penetración de economías ilícitas han reducido la capacidad estatal para ejercer decisiones soberanas sobre recursos. La captura parcial del Estado no siempre adopta la forma de una narcodictadura abierta; pero es eficaz al corroer la capacidad de decidir, cooptar partidos y normalizar arreglos clientelares; en términos gramscianos, erosiona la batalla por la hegemonía cultural y política desde adentro. Estudios sobre narcotráfico, corrupción y gobernabilidad muestran cómo estas dinámicas producen un statu quo donde las formas democráticas existen, pero el poder real está parcial o totalmente desplazado.[4][5]
Por
eso, la disputa central en la región no es solo quién gobierna, sino qué
intereses representan los gobiernos y si los Estados conservan capacidad real
para decidir sobre sus riquezas. La defensa democrática exige enfrentar el
crimen organizado, pero también resistir cualquier proyecto que use la
seguridad como pretexto para restringir derechos o normalizar el autoritarismo.
En América Latina, el desafío de fondo sigue siendo el mismo: convertir la
política nuevamente en un instrumento de soberanía, justicia social y control
democrático de los recursos.
___________________________
1.
Gramsci,
Antonio. Selections from the Prison Notebooks. Edited and translated by Quintin
Hoare and Geoffrey Nowell‑Smith. London: Lawrence & Wishart, 1971 (edición canónica en
inglés para citas sobre hegemonía, intelectuales orgánicos y guerra de posición/movimiento)..[7][3]
2.
Enzo
Traverso, Las nuevas caras de la derecha radical (Barcelona: Pasado y Presente,
2019) y entrevistas posteriores sobre las formas contemporáneas de la extrema
derecha.[2]
3.
Eduardo
Galeano, Las venas abiertas de América Latina (Montevideo: Siglo XXI Editores,
1971).[3]
4.
Jaime
Antezana Rivera, análisis sobre narcopolítica, financiamiento ilícito y captura
institucional en el Perú (selección de artículos y ensayos).[4]
5.
Robert
A. Dahl, La democracia y sus críticos (Buenos Aires: Paidós, 1992), y
Poliarquía: Participación y oposición (Madrid: Tecnos, 1989) sobre condiciones
institucionales de la democracia.[5]
Perú: 10/07/2026


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