viernes, 12 de junio de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: UN FINAL METICULOSAMENTE PLANEADO

 FUJIMORI SEGUIRÁ GOBERNANDO

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 786, 12JUN26 

C

on casi todas las instituciones raptadas y el aparato empresarial y mediático batallando a su favor, la señora Fujimori no pudo ganar como sus financis­tas esperaban. Si lo logra finalmente, será un triunfo mísero y discutible.

Era el cuarto intento y la estrategia de la derecha fue el bombardeo masivo y sin pausa de una sola idea: el Perú se desangraría si Juntos por el Perú ganaba las elecciones. Con "El Comercio” a la cabeza, se lanzó una campaña de unanimidades destinada a sembrar el terror. En el callejón de Canal N, en los barracones de Willax, en el bazar de “Perú21”, todos los días era lo mismo: Satán debía ser detenido, la patria peligraba, el cielo se desplomaría sobre tanta insolencia.

Pero llegaron las elecciones de la segun­da vuelta y resultó que Sánchez ganó en los dos conteos rápidos y luego sobrepasó a la señora Fujimori en las sumas de la ONPE y llegó a sacar más de 40,000 votos de ventaja. Entonces apareció Alfredo Torres con cara de abusado y dijo que su conteo no valía y que en los escenarios preparados por otros especialistas lo más probable es que ganara la señora Fujimori.

¿Cómo? ¿No era que los conteos rápidos de Ipsos eran infalibles, como lo sostuvo un jac­tancioso aviso institucional publicado cuando se confirmaron las cifras de la primera vuelta? ¿No era que en las cifras lanzadas la noche del domingo 7 ya estaba incluido el voto de los peruanos en el exterior?

Pues no. No era así. Ahora resultaba que todo podía pasar. Podía pasar, por ejemplo, que los votos en el exterior no se digitalizaran, como lo observó la OEA, y que estuvieran bajo custodia de una cancillería al mando de un personaje notoriamente afín a Fuerza Popular. Podía suceder -y sucedió- que el manejo de muchas mesas de votación en el extranjero fuera dudoso y que, como se documentó en varios testimonios grabados y vertidos en las redes, las protestas de algunos votantes no fueran escuchadas.

Torres: Todo estaba previsto de antemano
La señora Fujimori disputaba el puesto que le negaron tres derrotas con alguien que había tenido que cambiar su programa de gobierno en una semana. Peleaba con alguien que cantaba la balada de la mode­ración después de haber hecho dúo guarapero con Antauro Humala. Competía con alguien que se había puesto el sombrero castillista de los fracasos y del golpe de Estado. Es decir, la señora Fujimori tenía que arrasar, barrer, sepultar y caminar sobre cadáveres, como hizo su padre en aquella escalera de la residencia del embajador japonés.

Pero no fue así. El tsunami se hizo olita, la marejada se convirtió en resaca amarillenta y lo que iba a ser la consagración redentora del fujimorismo se volvió esta película de suspenso donde cada voto, incluyendo a los dignos de sospecha que proceden de algunas plazas del extranjero, se cuenta como si fuera un tesoro.

Medio país le ha vuelto a decir que no a la señora que esperaba ser encumbrada de modo fulminante. Y que Roberto Sánchez tam­poco crea que la mitad saludable que lo ha acompañado ha votado por sus virtudes. Ese 50% de peruanos ha vuelto a rechazar lo que Fujimori representa, el sindicato criminal que la acompaña, el conservadorismo mercenario y sin bandera que la banca.

Medio país ha optado por la indignidad de elegir a quien se pro­clama orgullosa heredera de un señor que huyó del país y quiso ser senador del Japón. Ese sigue siendo el Perú que premió a Manuel Prado, hijo del traidor Mariano Ignacio Prado, con dos presidencias. Ese sigue siendo el Perú que combatió junto a Chile en contra de la Confederación Perú-boliviana. Ese sigue siendo el país que anuló las elecciones de 1936 cuando Eguiguren, el candidato apoyado por el Apra, las iba ganando claramente. Ese sigue siendo el país que aduló a Bolívar hasta la náusea y luego, en su ausencia, renegó de él hasta la cobardía. Ese sigue siendo el país que ha permitido que Miguel Iglesias, armado y dirigido por un ejército de ocupación, esté en el Panteón de los Proceres. Es el viejo Perú del disimulo y el agachamiento.

La señora Fujimori ya gobernaba. Tiene bajo su control todas las instituciones que debían haber conservado su so­beranía, como lo demuestra el hecho de que la podrida Junta Nacional de Justicia haya suspendido por seis meses al juez Richard Concepción Carhuancho y como lo confirma el retorno de Víctor Rodríguez Monteza, implicado en el proce­so Cuellos Blancos, al ámbito de los fiscales supremos que actúan en banda junto a Tomás Aladino Gálvez, alias Fiscal de la Nación.

La señora Fujimori irá a Pala­cio a desatar sus iras y a vengar­se de aquel medio Perú que sigue nombrándola con repulsión.

Se vienen tiempos más que re­cios. En lo que a nosotros respecta, está claro qué debemos esperar. Pero está clarísimo que no cambiaremos. No dejaremos de luchar porque siempre hemos creído que nuestra lucha es justa y elemental: luchamos porque la decencia prevalezca. Así de breve y sencillo.

En estos días el oportunismo empieza a tocar puertas y ventanas. Voces de la tele que parecían independientes se alinean ahora con el fujimorismo inminente. Escribidores que habían mantenido cierta cautela, expresan su disfrute. Y la vieja derecha muestra lo peor de sus odios, lo más rancio de su esterilidad. Han vuelto a ganar. Gobernaban sin haber ganado y ahora han sido premiados. Sienten que tienen patente de corso. No saben qué furias pueden despertar otra vez. Lo que sí saben es que si necesitan disparar, darán la orden sin vacilaciones. <>



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