César Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 786, 12JUN26
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on casi todas las instituciones raptadas y el aparato empresarial y mediático batallando a su favor, la señora Fujimori no pudo ganar como sus financistas esperaban. Si lo logra finalmente, será un triunfo mísero y discutible.
Pero
llegaron las elecciones de la segunda vuelta y resultó que Sánchez ganó en los
dos conteos rápidos y luego sobrepasó a la señora Fujimori en las sumas de la
ONPE y llegó a sacar más de 40,000 votos de ventaja. Entonces apareció Alfredo
Torres con cara de abusado y dijo que su conteo no valía y que en los
escenarios preparados por otros especialistas lo más probable es que ganara la
señora Fujimori.
¿Cómo?
¿No era que los conteos rápidos de Ipsos eran infalibles, como lo sostuvo un
jactancioso aviso institucional publicado cuando se confirmaron las cifras de
la primera vuelta? ¿No era que en las cifras lanzadas la noche del domingo 7 ya
estaba incluido el voto de los peruanos en el exterior?
Pues
no. No era así. Ahora resultaba que todo podía pasar. Podía pasar, por ejemplo,
que los votos en el exterior no se digitalizaran, como lo observó la OEA, y que
estuvieran bajo custodia de una cancillería al mando de un personaje
notoriamente afín a Fuerza Popular. Podía suceder -y sucedió- que el manejo de
muchas mesas de votación en el extranjero fuera dudoso y que, como se documentó
en varios testimonios grabados y vertidos en las redes, las protestas de
algunos votantes no fueran escuchadas.
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| Torres: Todo estaba previsto de antemano |
Medio
país le ha vuelto a decir que no a la señora que esperaba ser encumbrada de
modo fulminante. Y que Roberto Sánchez tampoco crea que la mitad saludable que
lo ha acompañado ha votado por sus virtudes. Ese 50% de peruanos ha vuelto a
rechazar lo que Fujimori representa, el sindicato criminal que la acompaña, el
conservadorismo mercenario y sin bandera que la banca.
Medio país ha optado por la indignidad de elegir a quien se proclama orgullosa heredera de un señor que huyó del país y quiso ser senador del Japón. Ese sigue siendo el Perú que premió a Manuel Prado, hijo del traidor Mariano Ignacio Prado, con dos presidencias. Ese sigue siendo el Perú que combatió junto a Chile en contra de la Confederación Perú-boliviana. Ese sigue siendo el país que anuló las elecciones de 1936 cuando Eguiguren, el candidato apoyado por el Apra, las iba ganando claramente. Ese sigue siendo el país que aduló a Bolívar hasta la náusea y luego, en su ausencia, renegó de él hasta la cobardía. Ese sigue siendo el país que ha permitido que Miguel Iglesias, armado y dirigido por un ejército de ocupación, esté en el Panteón de los Proceres. Es el viejo Perú del disimulo y el agachamiento.
La
señora Fujimori ya gobernaba. Tiene bajo su control todas las instituciones que
debían haber conservado su soberanía, como lo demuestra el hecho de que la
podrida Junta Nacional de Justicia haya suspendido por seis meses al juez
Richard Concepción Carhuancho y como lo confirma el retorno de Víctor Rodríguez
Monteza, implicado en el proceso Cuellos Blancos, al ámbito de los fiscales
supremos que actúan en banda junto a Tomás Aladino Gálvez, alias Fiscal de la
Nación.
La
señora Fujimori irá a Palacio a desatar sus iras y a vengarse de aquel medio
Perú que sigue nombrándola con repulsión.
Se vienen tiempos más que recios. En lo que a nosotros respecta, está claro qué debemos esperar. Pero está clarísimo que no cambiaremos. No dejaremos de luchar porque siempre hemos creído que nuestra lucha es justa y elemental: luchamos porque la decencia prevalezca. Así de breve y sencillo.
En estos días el oportunismo empieza a tocar puertas y ventanas. Voces de la tele que parecían independientes se alinean ahora con el fujimorismo inminente. Escribidores que habían mantenido cierta cautela, expresan su disfrute. Y la vieja derecha muestra lo peor de sus odios, lo más rancio de su esterilidad. Han vuelto a ganar. Gobernaban sin haber ganado y ahora han sido premiados. Sienten que tienen patente de corso. No saben qué furias pueden despertar otra vez. Lo que sí saben es que si necesitan disparar, darán la orden sin vacilaciones. <☻>




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