PERÚ: DOS PAÍSES EN EL MISMO TERRITORIO
Por: Jorge Luis Choque
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ara entender el Perú actual no hace
falta revisar teorías abstractas; basta con observar sus calles. En un lado de
la acera, un edificio empresarial de cristal en San Isidro conectado a los
mercados globales financieros; en la otra, un vendedor ambulante en la avenida
Abancay que sobrevive el día a día sin seguro, sin CTS y sin un Estado que lo
respalde. La macroeconomía nos dice con orgullo que el país crece, pero la
realidad nos grita que ese crecimiento camina sobre una falla geológica
histórica. El Perú no es una nación a ritmos distintos; son dos mundos
colisionando en un mismo suelo.
Mariátegui recordó
que lo social, lo nacional y lo cultural son inseparables: “No hay programa
verdaderamente nacional si no es también social”. Por eso, las cifras de
crecimiento son vacías si no atienden las raíces culturales y raciales de la
exclusión; el verdadero cambio debe enfrentar las estructuras coloniales que
convierten la pobreza en estigma y deciden quién merece ciudadanía plena. Esta brecha no es un
accidente. Es el resultado de un diseño político y económico donde una minoría
oligárquica utiliza a la clase gobernante como brazo ejecutor para garantizar
que las reglas del juego nunca cambien.
José María Arguedas lo
advirtió con nitidez: "El Perú es, en efecto, dos naciones
profundamente distintas y hasta contrarias: una, la indoamericana... y la otra,
la occidental, que es la minoría, pero la que ha ejercido hasta ahora el
poder". Aníbal Quijano denominó a esto la "colonialidad del
poder", una matriz que empuja sistemáticamente a las mayorías andinas
y amazónicas a la periferia del desarrollo. Fernando Tincopa define el colapso
institucional actual: "Tenemos dos Perú: uno con ciudadanos que acceden
a derechos básicos y otro con población marginada del Estado".
Todo esto, es el síntoma de
la exclusión. José Matos Mar lo decodificó como el choque entre el "Perú
Oficial" (el Estado, la banca, las leyes de escritorio) y el "Perú
Marginado" (los ambulantes, los talleres clandestinos). Al verse excluidas
del Perú oficial, las mayorías inventan su propia economía.
Efraín Gonzales de Olarte
detalla este divorcio: "Tenemos dos Perú económicos: un Perú moderno
con empresas formales, tecnología y acceso al crédito; y otro Perú informal con
microempresas, precariedad y sin acceso a servicios financieros". Las
consecuencias son catastróficas: el 60% de la población trabaja en la
informalidad y solo el 25% tiene acceso a seguridad social. Si enfermas o
envejeces en el Perú desprotegido, estás solo.
¿Por qué la clase política
perpetúa este escenario? Manuel Burga y Alberto Flores Galindo explican que "el
sistema oligárquico fue un régimen de exclusión social y política, en el que
las mayorías del país fueron marginadas y explotadas para mantener los
privilegios de la minoría gobernante". Para ello, la oligarquía
demostró una enorme "capacidad de adaptación" controlando el
Estado mediante "el fraude electoral, la corrupción, la manipulación de
la justicia y el uso sistemático de la violencia".
Hoy la oligarquía controla
redes financieras, fusiones y adquisiciones. Germán Alarco, César Castillo y
Favio Leiva (Riqueza y Desigualdad en el Perú) exponen la gravedad de
esta concentración patrimonial: "Al 2014, la riqueza de ocho familias
era equivalente al ingreso que tienen 7 millones 62 mil peruanos... Al 2017, ya
eran seis las familias que poseían la misma riqueza que 8,2 millones de
peruanos, es decir, la inequidad aumentó".
La desigualdad peruana no es
un bache técnico corregible con programas asistenciales. El crecimiento
económico reciente no distribuyó la riqueza, sino que multiplicó su
concentración en la cúspide.
Esta asimetría extrema es la muerte lenta de la
democracia. Mientras el "Perú Oficial" siga gobernando para blindar
los privilegios de unos cuantos apellidos, el "Perú Marginado"
acumulará una indignación histórica legítima. Si no somos capaces de desmontar
esta matriz colonial, el desborde popular dejará de ser una advertencia teórica
y volverá a ser nuestro destino inevitable. <☻>
Perú: 12 de junio de 2026

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