César Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 787, 19JUN26
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a señora prepara su gobierno. El gobierno que se
parecerá al de su padre.
También nosotros deberíamos prepararnos.
Deberíamos preparar estrategias de toda índole para
enfrentar la retroexcavadora que ya calienta motores.
Las organizaciones sindicales debieran olvidarse de
viejas divisiones de origen asiático y unirse alrededor de un menú de
sobrevivencia. Se viene una tormenta perfecta y algunos siguen creyendo que
cruzarán el océano en un caballito de totora.
El centro y el centro-izquierda tendrían que llegar
a un acuerdo parlamentario y programático para hacerle frente a la señora que
reivindica una dictadura podrida y que ha dicho que pretende imitarla. Espero
que Jorge Nieto, por ejemplo, no les dé la razón a quienes piensan, malignamente,
que él votará esta vez por el oportunismo de derechas.
Es hora de que la cultura, la academia -no aludo
aquí a los politólogos que en manada se están pasando al fujimorismo-, los
artistas plásticos, la gente del cine y el teatro, hagan causa común frente a
la marea de censuras y hostilidad que se nos viene. Los pronunciamientos, las
denuncias y hasta los gritos serán necesarios.
Hay que juntar también al periodismo independiente
que queda y hay que defender a quienes, desde las redes, ejercen su derecho a
la insumisión. Hay que combatir desde cada trinchera a esa televisión que optó
por el oficio de Rahab.
Los gobiernos regionales, las autoridades municipales y las organizaciones sociales del país que votó para no caer en manos de la mafia que intentará imponerse desde el 28 de julio deberán buscar una agenda común de autodefensa. Se vienen leyes con nombre propio, causas penales planeadas en el local de Fuerza Popular, amenazas de portátiles. Habrá que darles caray coraje a cada uno de esos embates.
Somos nueve millones, la mitad del país, los que no hemos querido que la hija de la dictadura y el oprobio sea “nuestra” presidenta. La diáspora, cuyos votos se han contado sospechosamente, ha decidido que ella regrese al Palacio donde su padre encerró a su madre y en el que hizo de primera dama traicionera.
El problema para la cabecilla de Fuerza es que ya no habrá sorpresas. Su padre, el japonesito de la honradez, se sacó de la manga el rostro de jefe de Yakuza y cerró el Congreso para someter al país al neoliberalismo sin compasión de los Boloña y, a partir de eso, construir el edificio de la dictadura. Fujimori padre fue el Pearl Harbor del Perú: en muy poco tiempo, tras un intenso bombardeo, hizo del Perú un país brutal donde todo valía para sobrevivir y en el que la informalidad ya no era un accidente sino la naturaleza misma de la sociedad. De esa polvareda salieron César Acuña y la universidad como fábrica de cartones, la degradación del trabajo, la desaparición de derechos, el monopolio chileno de la aeronavegación. De esas ruinas institucionales emergió la satrapía en la que era posible que Montesinos acumulara 48 millones de dólares en cuentas en el extranjero y que la parentela del “patriarca” robara hasta las donaciones japonesas destinadas a los pobres.
Fujimori padre sorprendió al país bajándose del
tractor y subiéndose al tanque de los militares corrompidos. La agenda de Fujimori
hija, en cambio, está cantada. Sabemos qué se propone, a qué métodos puede
recurrir, de qué mañas es capaz, de cuántas hipocresías se valdrá modulando la
voz como si se doblara a sí misma. Esta vez no habrá emboscadas. Por eso es
imprescindible prepararse.
No les temamos. Alguna breve autoridad tengo para
hacer esta invocación: pasé tiempos difíciles cuando ellos gobernaban, pero
entendí muy pronto que nada es mejor que combatirlos.
Vigilemos. Impidamos otra década infame. Los que más
temen, en realidad, son ellos: están a punto de gobernar el país que el
patriarca convirtió en cultura combi y llegarán los tiempos en que la demagogia
populista servirá de muy poco. La derecha que representan comprobará que más
valía ser una expectativa, una víspera, una posibilidad que un gobierno al que
le faltará capacidad de convocatoria y proyecto nacional.
Quizá sea bueno que la hija del dictador regrese al
Palacio que su padre deshonró. Quizá estemos a punto de inyectamos la vacuna
polivalente contra el fujimorismo. <>



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