viernes, 19 de junio de 2026

CONCEPCIONES DEL MUNDO EN LOS ANDES

 EL AÑO NUEVO ANDINO

Y LA REIVINDICACIÓN DE LA COSMOVISIÓN EN PUNO

Por: Jorge Luis Choque

E

l Año Nuevo Andino en el Perú, celebrado cada 21 de junio coincidiendo con el solsticio de invierno, posee raíces ancestrales profundas sustentadas por la ciencia. Las investigaciones arqueológicas, físicas y astronómicas dirigidas por la doctora Ruth Shady Solís en la Civilización Caral, de 5,000 años de antigüedad, demostraron que sus impresionantes edificios piramidales —como la Pirámide Mayor, la Pirámide Menor y la Pirámide Central— fueron orientados hacia la puesta del Sol en el solsticio de invierno. Esta observación de los astros permitía a los antiguos pobladores regular sus actividades agrícolas, marcando un hito astronómico donde el Sol se encuentra a su mayor distancia de la Tierra, produciendo la noche más prolongada del año, lo cual señala el fin de la cosecha y el inicio de un nuevo ciclo de siembra.

El núcleo vivencial de esta fecha reside en la profunda conexión espiritual y terrenal a través de rituales tradicionales de agradecimiento a la naturaleza. Como recuerda el antropólogo aymara Cancio Mamani, la tradición dicta acudir antes de que salga el sol a los cerros tutelares del ayllu para realizar el ritual de reciprocidad. Existe un consenso entre investigadores de que este momento simboliza el renacimiento del dios Sol y el restablecimiento del equilibrio cósmico entre el mundo terrenal y espiritual; se trata de una festividad con fuerte arraigo en los Andes y la Amazonía peruana, especialmente en el Cusco, donde se vive como una experiencia sagrada de comunión.

Valorar este acontecimiento exige adentrarse en el debate sobre la existencia de una filosofía andina genuina y la importancia de conocer su cosmovisión. Defensores como Josef Estermann sostienen que el mundo indígena posee una racionalidad y epistemología particulares estructuradas en dimensiones como la Pachasofía (cosmología) y la Runasofía (antropología), mientras que Francisco Miró Quesada la califica como una "Filosofía Sapiencial". Aunque críticos como David Sobrevilla argumentan que se trata de un pensamiento colectivo precolombino y no de una filosofía teórica, pensadores como el cusqueño Mario Mejía Huamán afirman que la filosofía andina está en proceso de elaboración, sustentada en el idioma quechua para organizar el mundo y en una concepción del tiempo donde el hombre camina de espaldas al futuro, otorgando trascendencia al pasado mediante ritos y ceremonias.

La lógica del desarrollo andino se cimienta en la complementariedad de opuestos o yanantin, un principio relacional y simbólico que concibe el cosmos como la coexistencia paralela de realidades complementarias como el hanan (arriba) y el urin (abajo). Esta estructura mental se traduce en la vida cotidiana a través del ayni o reciprocidad, un engranaje de fuerzas colectivas que ha logrado una poderosa institucionalización legal y pedagógica en el sur del país. En el departamento de Puno, la reivindicación histórica de esta fecha —denominada Machaq Mara en la lengua aimara y Musuq Wata en quechua— goza de un impulso oficial decisivo gracias al Proyecto Curricular Regional (PCR), promoviendo que las instituciones educativas y públicas adecúen sus funciones para participar solemnemente en los saludos al sol.

En la región de Puno, esta festividad se manifiesta como una poderosa expresión de cultura viva que congrega a comunidades locales y líderes espirituales en espacios sagrados como las orillas del lago Titicaca y en los apus tutelares. Antes del amanecer, los participantes realizan ceremonias de ofrenda a la Pachamama (Madre Tierra) depositando hojas de coca, granos y flores para augurar la prosperidad del nuevo ciclo agropecuario. La transmisión intergeneracional es un aspecto central de la jornada; las familias involucran activamente a niños y jóvenes en la preparación de los rituales, asegurando la vigencia de sus costumbres frente a las influencias externas y fortaleciendo la identidad cultural del altiplano.´

Lamentablemente, esta lógica integradora es incomprendida y discriminada con posturas racistas desde las ciudades costeras del Perú, como Lima y Arequipa, cuyas élites urbanas operan bajo los límites de una mentalidad occidental intolerante que históricamente ha menospreciado el saber indígena. Si bien existen observaciones críticas sobre la verificabilidad histórica de ciertos datos —como expone la Editorial de Los Tiempos al señalar que el cálculo del año 5532 carece de rigor histórico y responde a un entramado simbólico e ideológico al sumar cinco ciclos de mil años a la fecha de 1492—, esto no le quita legitimidad a la celebración. Como concluyen los analistas, festejar el Año Nuevo Andino es plenamente correcto y valioso como expresión cultural, pues desafía el prejuicio urbano, rompe con el monopolio epistemológico eurocéntrico y reivindica con orgullo el derecho a recuperar de forma colectiva y oficial las tradiciones culturales de origen prehispánico.  <>

Perú: 19/06/2026

 

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