PARTIDOCRACIA ELECTORAL
Milcíades Ruiz
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M |
ientras
el mundo enrumba hacia un cambio en las relaciones de poder internacional que,
permita la libre determinación de los pueblos, nuestro país se enfrasca en una
pugna política electoral, de partidos políticos por tomar las riendas del país.
Un nuevo gobierno nacional, a definirse en los siguientes días, pero sin cambio
en las relaciones de poder. Parece que todo seguirá igual, sin cambio
estructural, reciclando las arbitrariedades que el pueblo detesta. Cunde la
desesperanza.
Es
que, desde el siglo XIX hasta la actualidad, se gobierna el país, mediante un
sistema electoral que da el privilegio exclusivo, a los partidos políticos,
aunque no sean representativos de los sectores nacionales de nuestra sociedad.
Fue una decisión de la aristocracia de la dominación colonialista, proveniente
de Europa. Ella, tomó las riendas de la república y no permitió, que la
población nativa, acceda ni siquiera a los gobiernos locales de sus pueblos
comunitarios.
Los
dueños originales del territorio patrio, herederos del Tahuantinsuyo, no eran
considerados peruanos, como sí, lo eran los descendientes colonialistas de la
dominación extranjera. A los aborígenes, se les denominaba simplemente indios o
“naturales” y, por tanto, no tenían ningún derecho a participar en ningún nivel
de gobierno de la república de los peruanos.
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| A sus marcaaaaas...... |
Los
altos índices de pobreza, las desigualdades sociales y demás injusticias, es el
resultado de ese monopolio gubernativo, segregacionista y hegemónico. Pero se
insiste en un sistema que ha dado malos resultados. Lo más vergonzoso, por
execrable, es que, muchos participamos puerilmente de esta farsa de la
dominación. Nos aunamos, nos adaptamos y hasta defendemos un estado de derecho
injusto.
Esta
trampa segregacionista, nos ha alienado de generación en generación, para
aceptar y rendir culto a un sistema político arbitrario, claramente
antidemocrático. Como las distintas ideologías religiosas, que se implantaron
en diversos continentes con fines de dominación, el catolicismo llegó al área
andina, como parte aliada de la conquista y la dominación colonialista. La
sumisión ante los dominadores ha formado parte de nuestra educación y conducta
social.
Ahora
mismo, EE UU e Israel, han iniciado una guerra para tomar Irán, atacando
incluso a las escuelas. Al menos 175 personas entre niñas, niños y profesores
murieron en el ataque contra la escuela primaria iraní de Minab, el primer día
de la agresión militar. Ante esta barbarie, pastores evangélicos acudieron a la
Casa Blanca para orar en apoyo al presidente Donald Trump y en su presencia, el
pastor Tom Mullins dirigió la plegaria y dijo: «Rezo por tu gracia y tu
protección para él. Rezo por tu gracia y tu protección para nuestras tropas y
todos los hombres y mujeres que sirven en nuestras fuerzas armadas. Y padre, te
rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita para
liderar nuestra nación mientras regresamos a una sola nación bajo Dios».
Así
pues, somos robotizados y, actuamos por reflejo condicionado, frente a la
ideología de la dominación. La educación política empieza desde muy temprano
para rendir culto a los valores capitalistas. Ser rico adinerado es un ideal
supremo. Idolatrar a una democracia que no es tal y, aceptar sin protestar, las
arbitrariedades del poder político son deberes cívicos. Toda rebeldía social es
negativa, aunque tengamos la razón. Toda injusticia se justifica como un
designio supremo y, “Bienaventurados los que sufren hambre y sed de justicia
porque de ellos, será el reino de los cielos”.
En
estas condiciones, es un sacrilegio pensar en cambiar los dogmas trasplantados
en nuestra mentalidad. Ni se nos ocurre eliminar dicho monopolio político,
porque nuestro esquema mental está condicionado para aceptarlo como justo. El
sistema vigente es sagrado y los “anti sistema” que intenten profanarlo cometen
terrorismo. A muchos, no les gustará lo que vengo diciendo, pero me arriesgo a
decir lo que para otros es un pecado.
También,
como en la revolución francesa de 1789, tenemos el hábito de pensar
políticamente con el esquema único de derecha e izquierda. Hemos adoptado una
realidad ajena, pero en nuestra realidad concreta, el campesinado no elige a
sus dirigentes por ser de izquierda o, derecha. Tampoco en las organizaciones
sociales de base se elige a los líderes por ser de izquierda o, derecha. No
necesitan de partidos políticos para elegir a sus dirigentes. Hay pues, una
discordancia ideológica entre los partidos políticos y la dinámica popular. El
pueblo repudia por igual a quienes trafican con la fe popular, sean de izquierda
o, de derecha.
Nuestro
vocabulario politizado, es muy distinto al habla del pueblo. Y si uno repara en
los programas de gobierno de los partidos políticos, solo encuentra “parches”,
como solución a la problemática nacional. Pero los “parches” no cambian el
sistema de opresión que, es lo que el pueblo desea. Entonces no hay
coincidencia política entre los partidos y el sentir popular. Por ejemplo,
ofrecen “fortalecer la agricultura familiar”, ignorando que esta, es un
maleficio de los partidos políticos que han gobernado el país.
En
el 97,6% de las unidades agropecuarias, trabajan sin
remuneración, niños y
niñas, adultos y madres de familia con su bebé a la espalda, abuelos, yernos,
nueras, etc. No reciben salario, no tienen vacaciones, no reciben dominical ni
aguinaldos, no tienen seguro social, tampoco descanso prenatal ni post natal,
ni reciben pago por horas extras, ni pensión por jubilación. Trabajan así,
porque no tienen dinero para pagar salarios a terceros. Los jóvenes huyen de la
agricultura familiar porque es un martirio. ¿Esta desgracia, ofrecen fortalecer
los políticos, y no, erradicarla?
Hay
partidos que ofrecen una nueva constitución sin cambiar previamente el sistema
político fraudulento y segregacionista. Hablan de “Un nuevo pacto social” como
si fuese un arreglo mafioso de bandos opuestos, pero lo que se necesita no es
una capitulación, sino la eliminación de la dominación. Ya estamos viendo los
resultados del pacto entre Perú Libre (Marxista Leninista) y el fujimorismo, en
el Parlamento. La experiencia de otros países que han alcanzado una nueva
constitución, sin cambiar el sistema político, nos dice que solo es cambio de
ropaje que, viste un cuerpo minusválido que permanece igual. Esta consigna,
tampoco es un clamor popular. Pregunten a cualquier vecino y lo comprobarán.
Por
otro lado, la opinión pública es manipulada por las empresas periodísticas. Se
elige un candidato presidencial por su carisma, creyendo que cumplirá lo que
promete. Pero no es el presidente el que gobierna. Se acostumbra decir, “el
gobierno del presidente tal” pero es una falsedad. Se gobierna un país mediante
leyes y esta no es una atribución presidencial sino, del poder legislativo. Es
el Congreso de la República el que gobierna. El presidente es solo un administrador
del aparato estatal que, cumple y hace cumplir lo dispuesto por el Poder
Legislativo. Si el partido político no tiene mayoría parlamentaria fracasará.
Con
los hábitos políticos deformados, nadie elige a un partido político por su plan
de gobierno. Tampoco este, tiene validez porque, terminadas las elecciones,
este plan pasa al olvido y, el nuevo gobierno se rige por los intereses de la
dominación. Este incumplimiento del plan de gobierno, es un delito contra la fe
pública, pero nadie cuestiona su impunidad. Así está hecho el sistema político
nacional para burlar a los electores.
No
hay escrúpulos y todo está degenerado. Según estudios recientes de la
Universidad del Pacífico, los partidos políticos utilizaron inteligencia
artificial (AI) en la redacción de sus planes de gobierno. El partido “Fe en el
Perú” en un 100%, seguido de “Fuerza y Libertad” (92%), Partido Demócrata Verde
(91%), Partido Morado (91%), Integridad Democrática (90%), etc. Fuerza Popular,
partido de los fujimoristas, habría utilizado IA para la redacción del 44% de
su plan de gobierno. Dirán que, es una técnica legítima, pero lo artificial no
tiene consciencia y, se gobernará con IA en favor de los opresores.
Pero,
después de todo, más allá del poder político, está el poder real. Esto significa
que los partidos políticos gobernantes, actúan subordinadamente como
testaferros o sicarios, de los poderes fácticos de la dominación nacional e
internacional. De lo contrario, sufrirán las consecuencias: Bloqueos de todo
tipo, represalias, acoso difamatorio y, hasta el asesinato. La honestidad
política es incompatible con los intereses de la dominación capitalista.
Entonces,
podría decirse: ¿Para qué sufragar si sabemos que seremos burlados? Este es el
dilema que nos ofusca. Entonces, el electorado opta por el mal menor. En el
proceso electoral del 2021, los electores habilitados fueron: 25,287,954
(100%), pero solo asistieron a votar 17,713,716 (70%). Hubo un ausentismo del
30% y es posible que esta vez llegue a la tercera parte del electorado. Prefieren
pagar la multa, por no votar.
Del
total de votos emitidos, 17,713,716 (100%), solo el 81.3% fueron válidos. Casi
la quinta parte eran en blanco (12.364%) y, viciados o nulos (6.340%). De este
modo, los votos no válidos (18.784%), sobrepasaron al partido ganador “Perú
Libre” que, solo obtuvo el 15.382% de los votos emitidos (10,8% del
electorado). Esto confirma lo poco representativo que son los partidos
gobernantes.
Pero
es parte de nuestra realidad, y debemos afrontarla con entereza. No por ello,
vamos a abdicar de nuestra ideología. Luchar por los ideales conlleva pensar y
actuar con certeza para obtener los triunfos que nos conduzcan a lo que
anhelamos. Nos ha tocado vivir esta etapa del proceso social y deberíamos
asumir el reto que nos depara la historia. Las circunstancias se presentan
favorables y desfavorables a lo largo del proceso histórico de la humanidad.
Del manejo de las circunstancias depende el éxito.
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| Izquierda o derecha |
Si
nos proponemos, podemos lograr un sistema político distinto al actual, para
lograr una mayoría electoral popular. Podríamos promover que los colegios
profesionales, federaciones y confederaciones, asociaciones sectoriales de
costa, sierra y selva, organizaciones laborales y, económicas, reclamen su
derecho a la participación en el gobierno de sus respectivos ámbitos. Pero ni
siquiera lo intentamos. Crear condiciones favorables es parte de la estrategia,
sin esperar que lleguen del cielo.
Si
las condiciones que afrontamos actualmente son adversas, tenemos que actuar con
pericia para superarlas. Reconstruir nuestras filas para forjar poder popular
no es tarea de corto plazo. Las circunstancias favorables pueden ayudar, si
nuestra capacidad es creciente. La unidad de las fuerzas populares es el
resultado de un proceso y no, el inicio. Si estamos dispuestos a responder al
llamado de la historia, en la época que nos ha tocado vivir, podremos
desarrollar la capacidad requerida. Salvo mejor parecer. <>



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