ANTE LAS ENCUESTAS DE ÉLITE,
VOTO CONSCIENTE O DECADENCIA
Por: Jorge Luis Choque
Perú:
9/04/2026
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E |
l camino hacia 2026 revela una paradoja violenta:
mientras las encuestas tradicionales y los voceros de la capital fabrican un
"favoritismo" para las figuras del pacto congresal, las regiones del
Perú profundo cuentan una historia de repudio absoluto. El divorcio entre el
papel y la calle es total. Lo que los sondeos de escritorio califican como
"liderazgo" de personajes como Keiko Fujimori o Rafael López Aliaga,
en las plazas de Puno, Apurímac y Cusco se traduce en una lluvia de abucheos y
desprecio. Estas cifras no buscan medir la opinión pública, sino
manufacturarla. Son "profecías autocumplidas" financiadas por gremios
como la Sociedad Nacional de Industrias, diseñadas para atraer capitales de
campaña y desalentar cualquier alternativa que amenace el statu quo de la
coalición mafiosa que hoy nos gobierna.
Este engaño estadístico no es casual, sino una
distorsión técnica deliberada. Al sobrerrepresentar a Lima y priorizar la
"intención de voto" sobre el "voto negativo", las
encuestadoras invisibilizan un rechazo nacional que oscila entre el 50% y 70%.
Lo que los medios llaman "indecisión" es, en realidad, un hartazgo
militante. Es el sentimiento de una mayoría que se refugia en el voto blanco o
viciado como un acto de protesta contra los "clubes electorales" que
se reparten el país. No hay duda que el supuesto respaldo a los candidatos del
sistema es un castillo de naipes que se desmorona ante el primer contacto con
la realidad social.
Esta crisis de representatividad es el resultado
de un diseño estratégico basado en la fragmentación. Con más de 35 partidos
inscritos, el objetivo es pulverizar el voto ciudadano para que las maquinarias
corruptas capturen el poder con porcentajes ínfimos. Es un laberinto
democrático diseñado para que el ciudadano se pierda mientras la élite asegura
su continuidad. En este sistema, la voluntad de las mayorías queda anulada por
la dispersión, permitiendo que una minoría repudiada se perpetúe bajo una legitimidad
de papel, de espaldas a las verdaderas necesidades de la nación.
La pieza maestra de este blindaje es la imposición de la bicameralidad, una reforma ejecutada bajo el asalto de la voluntad popular expresada en referéndum. No se busca la calidad legislativa, sino la instauración de una dictadura parlamentaria. Al erigirse como un poder supremo e inexpugnable, los futuros senadores se han autoproclamado los "dioses de la política". Tendrán la facultad de desechar ministros, magistrados y hasta al propio Presidente, mientras ellos permanecen blindados contra cualquier rendición de cuentas. Es, en esencia, el secuestro definitivo de la soberanía nacional por un estamento superior de intocables.
Bajo esta arquitectura perversa, la Presidencia de
la República queda degradada a un mero "fusible" intercambiable. El
poder real ya no residirá en Palacio de Gobierno, sino en las curules de una
cámara alta que tendrá la última palabra sobre el Tribunal Constitucional y la
justicia. El equilibrio de poderes ha muerto; ha sido sustituido por una
jerarquía absoluta donde el Senado manda y el Ejecutivo solo administra las
crisis. El voto ciudadano se pretende reducir a un trámite irrelevante frente a
un órgano legislativo que se ha declarado omnipotente y superior a cualquier
control democrático.
En conclusión, las elecciones de 2026 nacen
viciadas por reglas diseñadas por quienes se niegan a soltar sus privilegios.
La batalla en las urnas será estéril si no denunciamos el espejismo estadístico
y la trampa constitucional que intenta validar a quienes el pueblo ya ha
juzgado y condenado en las plazas. Como advirtió Albert Einstein: “Si buscas
resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Votar por los verdugos de
nuestra democracia es una contradicción suicida. Debemos asumir la crudeza de
George Orwell: “Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y
traidores, no es víctima, es cómplice”. La decisión en las urnas definirá si
seguimos siendo prisioneros del sistema o nos convertimos, finalmente, en los
arquitectos de nuestra propia liberación. <>

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