MACHICADO:
MAESTRO DEL INDIGENISMO PICTÒRICO
Escribe: Víctor Neira Quispe
En : Revista del Instituo Americano de Arte Nº 15
El indigenismo pictórico
peruano surge en las primeras décadas del siglo XX como una respuesta tanto
cultural como política frente a un arte académico de tendencia europea que
dominaba el círculo artístico limeño. Se buscaba poner en valor al hombre de
los Andes como símbolo de una identidad nacional, quien debía convertirse en
protagonista de la historia del Perú.
Junto a él, sus
discípulos destacados, Julia Codesido (1883-1979) y Enrique Camino Brent
(1909-1960) entre otros, acompañaron el desarrollo de esta forma artística.
Viajaron por el interior del país, en búsqueda de temas, que después plasmarían
en grandes obras de arte que transformarían la sensibilidad pictórica del Perú.
Este movimiento no sólo
supuso un cambio de tema, sino un replanteamiento de la identidad plástica
nacional, al reivindicar lo indígena y lo mestizo como fundamento de un arte
propio.
El neoindigenismo pictórico:
una segunda mirada
El término
‘neoindigenismo pictórico’ no designa a un movimiento estático, sino otra forma
de expresión, todo lo “Neo”, implica renovación. Aunque esta vez seguirá lo ya
establecido por el Indigenismo ya legitimado, se reinterpretará con libertad
técnica y con conciencia moderna. Los pintores neo indigenistas no buscaran ya
representar al indígena como emblema nacional, sino explorar su presencia
figurada dentro de una plástica autónoma. La composición, el color y la
temática adquieren protagonismo.
Biografía
y formación
Juan de la Cruz Machicado Siguairo nació en 1934 en Yunguyo, Puno, cuando el indigenismo pictórico encabezado por Sabogal, Camino Brent, Julia Codesido y Camilo Blas, estaba en pleno auge.
En 1952, Mariano Fuentes Lira, entonces director de la Escuela Regional de Bellas Artes del Cusco, visitó Puno para ofrecer una exposición. Impresionado por el talento del joven Machicado, le otorgó una beca para estudiar en el ERBA en 1953. Su vocación artística se consolidó en Cusco, donde ingresó a la Escuela Regional de Bellas Artes “Diego Quispe Tito”. Allí fue discípulo de Mariano Fuentes Lira, uno de los maestros màs sólidos de la escuela cusqueña. En 1955 viajó a Lima para aprender restauraeión y, simultáneamente, cursó estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde coincidió con artistas como Gerardo Chávez y nancio Shinki, bajo la dirección de Manuel Ugarte Elespuru.
En 1961 fue incorporado
a la plana docente del ERBA, donde enseñó hasta 1972. Ese mismo año asumió labores
de restauración de arte colonial en las ciudades de Cusco y Puno dentro del
Proyecto PER 39, auspiciado por la UNESCO y el Plan COPESCO. En 1976 decidió dedicarse
exclusivamente a la pintura. Durante las décadas siguientes participó en más de
ochenta exposiciones colectivas y veintiocho individuales, En1989 viajó a
Europa con su hijo Juan Carlos; en España realizó dos grandes trípticos “Perú:
costa, sierra selva” y “El descubrimiento de la papa”, que se exhibieron en el
pabellón peruano de la Exposición Universal de Sevilla (EXPO 92). En 1994,
durante el Festival ‘Kultur Durch Dialog’ de Heildelberg, Alemania, construyó
una balsa de totora, con material traído desde Puno, símbolo de la continuidad entre
tradición y modernidad. También residió temporalmente en los Estados Unidos
antes de regresar a su taller 24 en Cusco, su trayectoria expositiva se
extendió por América y Europa.
El 1 de agosto de 2018,
día de la Pachamama, Juan de la Cruz Machicado falleció en Cusco a los 84 años.
Dejó tras de sí un legado vasto: una obra que respira la identidad del
altiplano. De los Andes y la energía de los Apus. Sus amigos y discípulos lo
recuerdan como un hombre generoso, de humor sencillo y convicción profunda. Su
pintura continúa viva en cada color que evoca la tierra y en cada trazo que
recuerda su mirada.
Crónica
de un encuentro
El 6 de noviembre de 2017, visité el taller número 24, de Juan de Cruz Machicado, ubicado en el barrio de Ucchucllo Alto, una zona de calles estrechas y empinadas en la ladera de Cusco. Fui recibido por Juan Carlos Machicado, el hijo mayor del artista. La motivación de aquella visita era realizar una sesión fotográfica de las obras del maestro, desde sus primeros cuadros hasta sus últimas creaciones. Al llegar, las pinturas estaban ordenadas en el taller, listas para ser registradas. El maestro, de avanzada edad, pero mirada vivaz, me saludó efusivamente y me invito al comedor familiar, donde lo esperaban su esposa Luzmila, su hijo y algunos nietos. Allí, entre panes, queso y un café preparado por el propio Machicado, compartí una conversación sobre la pintura puneña, las artes plásticas y la vida. El artista, fiel a su carácter alegre y cercano, alternaba anécdotas con reflexiones sobre el arte, el color y las tradiciones andinas.
La visita era parte de
un proyecto mayor: la realización de un libro- catálogo como homenaje a su
trayectoria artística. Mientras realizaba las fotografías, emergían los
recuerdos de los primeros encuentros con el maestro. A mediados de 2006,
durante una exposición en la Casa del Corregidor de Puno, Machicado había
ganado el trofeo Inti Ñan, galardón máximo de la Primera Bienal
Intercontinental de Arte y Culturas Indígenas, celebrada en Quito. Su figura,
rodeada de artistas y periodistas, irradiaba carisma. Años más tarde, en 2011,
volvimos a coincidir en una reunión en la Escuela de Formación Artística
Pública de Puno (ESFAP), donde Machicado fue presentado como maestro del neoindigenismo.
En aquella tarde de abril compartimos junto a mis compañeros de estudio y
maestros de la pintura puneña como Eufrain Flores y Betty Reboa, un lonche
entre risas y conversaciones sobre el futuro del arte.
Su relación con Puno se
intensificó con los años. En 2013, la comuna de esa ciudad le otorgó la Medalla
de Honor por sus cincuenta años de labor artística y su contribución a la
cultura. Un año después, durante la reinauguración del Instituto Americano de
Arte de Puno, participó en la exposición ‘Arte del Titiqaqa’, del año 2014. que
reunió los más destacados artistas de la región. En esa etapa también impulsó ia
publicación de la revista-catálogo ‘Pintores y Pintura Puneña', auspiciada por
la empresa San Gabán, como testimonio de la tradición plástica del altiplano.
En 2015, la promoción de
egresados de la ESFAP decidió llevar su nombre: ‘Promoción Juan de la Cruz
Machicado’. El artista asistió a la ceremonia y fue homenajeado por sus colegas
y alumnos. Hasta sus últimos años mantuvo una presencia activa: visitaba
talleres, compartía consejos con jóvenes pintores y contaba historias de sus
viajes. Su voz, pausada pero firme, resonaba siempre con una lección: “La
pintura no se enseña: se vive.”
Referencias
artísticas
Hereda de Fuentes Lira
la estructura y la disciplina, pero introduce una mayor vitalidad. Sus obras,
de pincelada suelta y tonos coloristas, muestran figuras humanas que se funden
con el paisaje. El color se convierte en emoción; la composición, en danza. Su
pintura no idealiza al indígena: lo celebra, lo inscribe en un universo de fiesta
y de ritmo. Así, Machicado reinterpreta el legado del indigenismo, otorgándole
un pulso moderno.
En toda su obra,
Machicado articula tres planos de sentido: el paisaje como memoria, la figura
como identidad y el color como emoción. Su pintura no describe; evoca. No
ilustra; celebra. El resultado es una poética del lugar, una relectura moderna
de la comunidad andina.
Referencias
> Radio Nacional del Perú (2018). “Juan de la Cruz Machicado:
Maestro
neoindigenista falleció en Cusco”.
> La Muía (2015). “El retomo de Machicado: Fiesta, música y colores
serpentinos”.
> Bienal de Cusco (2020). “Homenaje al maestro Machicado”.
> Malea, L. C. (2008). “La nación del Indigenismo sabogalino”.
PUCP.
> Arcelles, J. D. (2017). “Exposición Brandes de José Sabogal”.
Revista A&D.
El Comercio (2016). “Los colores andinos en dos paletas peruanas”





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