DEL TERRUQUEO A
"GENTE DE
MIERDA":
EL SUICIDIO POLÍTICO DE PORKY EN ABANCAY, APURÍMAC
Por: Jaime Antezana Rivera
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candidato presidencial de Renovación Popular Rafael López Aliaga, alias Porky,
literalmente se suicidó políticamente en Abancay, capital de Apurímac. Ante el
repudio masivo de los abanquinos a su presencia en esa ciudad, en el que le
tiraron huevos y basura contra su caravana y le decían "delincuente"
y "asesino" (por las ejecuciones extrajudiciales en Andahuaylas y
otras zonas del sur), Porky hizo lo que ningún candidato de la derecha o
ultraderecha había hecho, por lo menos, en las campañas electorales desde mayo
de 1980.
Así
fue, en un discurso desafiante y descontrolado, Porky con el micrófono en la
mano dijo: "...a Porky se le enfrenta de frente, ¡carajo¡. Hasta ahí
parecía un discurso desafiante contra el repudio propio de una campaña
polarizada desde 2016. Pero, Porky fue -como advertimos- más allá. "Por
culpa de esa gente, me van a disculpar, de mierda...el Perú no camina",
espetó. Así, Porky pasó del terruqueo a expresar su desprecio y odio contra no
solo contra los abanquinos sino contra los ciudadanos del sur y, en general del
país.
En
efecto, la frase "gente de mierda" condensa el racismo, el clasismo y
la discriminación histórica de la élite criolla y blanca contra los
descendientes de las culturas aimaras, chankas y quechuas que pueblan las
regiones del sur andino. Descendientes, dicho sea de paso, que hoy pueblan todo
el país. En consecuencia, esa frase de odio llegará a lo más recóndito del Perú
y tendrá un impacto electoral devastador contra la candidatura de Porky.
Su caída en las encuestas, poco creíbles para muchos, parecen estar a la base de esa frase, dicho pese a decir "me van a disculpar". Ese es el principal factor. Hay en ella, sin embargo, otro factor: el rechazo -menos masivo y sonoro- en Arequipa, en donde su evento parecía una capilla con pocos fieles, el rechazo con huevos y calificativos de asesino y terruqueador en Huamanga, Ayacucho, el repudio con huevos, el cerco al local donde iba realizar su evento proselitista y la quema de banderas y pancartas en Juliaca, Puno. En esta última provincia de Puno, ya empezó a expresarse en términos de odio contra los aimaras y quechuas de esa región.
Ensamblando
los hechos: el repudio masivo en Abancay y, después, en Andahuaylas, en donde
lo botaron y quemaron sus banderas y afiches, ha sido el corolario que sacó lo
que realmente piensa Porky de los ciudadanos del sur: que son "gente de
mierda". Es una expresión de desprecio condensado frente al rechazo
abrumador en el sur. Ese desprecio racista, clasista y discriminador fue
ostensible en el terruqueo a los manifestantes en Lima, entre enero y febrero
de 2023, en la justificación de las masacres de Huamanga, Andahuaylas y Juliaca
y los asesinatos en Pichanaquí (Junín), Cusco, Arequipa, Chao (La Libertad) y
Lima y en la prohibición a ingresar a la plaza San Martín.
En
suma, lo que Porky dijo a los hombres y mujeres del sur en Abancay no fue una
frase de un cerdo embriagado o tras un "tiro" de cocaína de alta
pureza. "Gente de mierda" es la respuesta al repudio legítimo de
quienes vinieron a Lima a protestar contra la vacancia y libertad de Pedro
Castillo, su libertad y -siendo inviable tras el intento de golpe de Estado-
reposición en la presidencia y fueron recibidos con represión policial
(varazos, bombas lacrimógenas, detenciones) y, hasta la fecha, no han logrado
justicia y reparación para sus muertos y heridos.
En
conclusión, más allá del repudio y lapidación en el sur andino y de la sierra
central (Junín, Huánuco y Pasco), el impacto simbólico que tendrá la frase
"gente que mierda) en la sierra del norte (Áncash, la sierra liberteña,
Lambayeque, Cajamarca y Amazonas, Porky al pasar del terruqueo al desprecio por
los ciudadanos de los andes sureños ha sellado su suerte: el suicidio político
a una semana y días de la primera vuelta de las elecciones.<>

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