domingo, 1 de marzo de 2026

POLITICA PERUANA: PERSONAJES ACTUANTES

 EL FUJIMORISMO

Y LA DICTADURA DEL CAOS

PARTE II

Por: Jorge Luis Choque

Perú: 27/02/2026

L

a tragedia del Perú contemporáneo no radica solo en la rotación frenética de mandatarios, sino en la metamorfosis de los partidos en cascarones vacíos. El hemiciclo ya no alberga instituciones con proyectos de país; hoy es un mercado de "vientres de alquiler", diseñados exclusivamente para el lucro de caudillos y financistas. Esta "democracia sin partidos" ha pulverizado el Congreso, sustituyendo el debate nacional por una vulgar negociación de prebendas, cuya prueba más obscena es la reciente composición del gabinete de José Balcázar. Con una confianza ciudadana hundida en un pavoroso 3.9%, cada elección se ha vuelto una lotería donde el pueblo siempre pierde, y cada gestión es apenas una administración provisional que sobrevive bajo el dictado de intereses subalternos.

El motor de este colapso es un diseño constitucional agotado. La Constitución de 1993, parida en el autoritarismo, engendró un sistema híbrido que hoy opera como un arma de demolición mutua. La "vacancia por incapacidad moral" se ha desnaturalizado: pasó de ser un control excepcional a una herramienta de extorsión legislativa cotidiana. Mientras el Ejecutivo se consume intentando sobrevivir y el Congreso se dedica a la amenaza constante, las instituciones se vacían. El voto ha perdido su valor. En el Perú, la voluntad popular sucumbe ante la precariedad, el destino del Ejecutivo no lo decide el ciudadano en las urnas, sino los intereses de un Congreso repudiado por nueve de cada diez peruanos.

La responsabilidad de este descalabro mancha a todo el espectro político. Si bien el fujimorismo ha liderado la lógica del bloqueo, ha encontrado cómplices ideales en una clase política oportunista que ha normalizado la excepción. El ánimo social es demoledor: el 75.9% de los peruanos define su relación con la política a través de la desconfianza y la decepción, sentimiento que escala al 78.5% en el interior del país. No enfrentamos una polarización ideológica de ideas, sino una fragmentación de intereses sombríos donde la calle es el único termómetro de una legitimidad que las urnas ya no pueden sostener.

El costo de esta irresponsabilidad se traslada directamente a la mesa familiar de 9 de cada 10 ciudadanos. Mientras la macroeconomía resiste como un paciente sedado, el crecimiento potencial se desploma, condenando a millones a la precariedad de la informalidad. Cerca del 79.4% de los peruanos expresa una insatisfacción profunda con el sistema. Esta desconfianza estructural ha paralizado la inversión y profundizado la grieta entre una Lima centralista y unas regiones que ven al Estado no como un protector, sino como un mercado de lobistas.

Los datos advierten un retroceso democrático que pavimenta el camino a salidas peligrosas. Ante el naufragio institucional, 2 de cada 3 peruanos reclaman un "líder fuerte", incluso si este decide ignorar las formas democráticas. Solo el 40% prefiere la democracia sobre cualquier otro sistema. La ciudadanía ya no percibe al sistema como un motor de bienestar, sino como un teatro lóbrego donde la corrupción y el abuso de autoridad son los protagonistas indiscutibles.

Esta crisis de representatividad se ve agravada por una fractura profunda entre la realidad territorial y la narrativa oficial. Mientras las encuestadoras sitúan a figuras como Keiko Fujimori o Rafael López Aliaga a la vanguardia de la intención de voto, el interior del país los desmiente con violencia. La expulsión de Fujimori de la selva central bajo una lluvia de insultos evidencia que los sondeos han dejado de ser herramientas de medición para convertirse en medios de propaganda, intentando fabricar un respaldo que la calle ya les ha negado.

El Perú se encamina a las elecciones de 2026 bajo una sombra de pesimismo absoluto. Con apenas un 4.7% de optimismo y una mitad del país convencida de que no existen opciones viables, el sistema parece diseñado para el fracaso de quien asuma el mando. Si no se logra purgar a los "traficantes del poder" y estructurar la competencia sobre programas reales, el país seguirá atrapado en este ciclo de presidentes efímeros. El peligro real no es quién ganará la banda presidencial, sino si el país logrará sobrevivir a una clase dirigente que ha convertido nuestra democracia en una carcajada de impunidad. <+>

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