ENTRE TRIFULCAS
Y EMBROLLOS
Por Gustavo Espinoza M.
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inalmente,
el martes pasado juramentó el nuevo Consejo de Ministros, encabezado
sorpresivamente por una economista que venía desempeñando funciones de gobierno
desde la cartera de la Avenida Abancay. Ahora, Dennis Miralles se instaló en
Palacio de Gobierno para estar “más cerca” del Poder que busca representar.
Complicado
ha sido para el país arribar a ese final precario y transitorio. Desde que el
17 de febrero la mayoría parlamentaria censuró a José Jeri y le arrebató las
funciones presidenciales que le había conferido en octubre pasados; la
situación se tornaba tensa en “las altas esferas” de la política doméstica.
La
designación de José María Balcázar -al día siguiente de la censura a Jeri- no
devolvió la calma a quienes se sienten dueños del Perú, sino más bien los
alborotó aún más. Ellos, plácidamente, esperaban un final tranquilo, pero la
“Prensa Grande” les quitó el sueño.
A
partir de ese instante, al unísono proclamaron el arribo de un peligro inaudito:
el Perú ha caído -dijeron- “bajo las garras del comunismo”, Poco les faltó para
hablar de la instalación de una República Soviética en estas tierras que José
Carlos Mariátegui llamara simplemente “mansas y desabridas”.
A
partir de ahí se desataron las fábulas. “enfrentaremos un régimen
marxista-leninista”. Seremos “un territorio cautivo” bajo las órdenes de la
China Comunista, añadieron; al tiempo que llamaron a todos a “cautelar sus
propiedades, antes que los comunistas se les arrebaten”. “Quieren quitarnos
todo lo que tenemos”, “destruir todo lo que hemos conquistado”, aseguraron al
borde del soponcio.
Y
como un caudillo victorioso, soberbio hasta el fin, Vladimir Cerrón hizo
ostentación de su “maravillosa táctica” que le había permitido “afirmarse en el
Poder” explotando “las contradicciones en el campo enemigo”, como genialmente
lo habría hecho un Lenin criollo.
Olvidó
una cosa: ser comunista no es solamente decirlo. No basta que alguien proclame
serlo. Ni siquiera es suficiente que sea un erudito en el dominio de la teoría
marxista -podría ser un Marxólogo, y no un Marxista. Resulta indispensable una
tercera condición: una práctica comunista, Vale decir,. un accionar cotidiano
que acredite un comportamiento y una coherencia de principios y valores.
Lenin
decía: “no se puede construir el socialismo con las manos sucias”. Eso equivale
a decir: no se puede ser comunista con el alma rota. En palabras nuestras, no
se puede serlo entregando los resortes del Poder a Keiko Fujimori y su
pandilla.
De
alguna manera volvimos entonces a los años 80 del siglo pasado, cuando los
medios de comunicación exaltaban la genialidad terrorista del presidente
Gonzalo y los admiradores de éste aseguraban que por algo era la Cuarta Espada
de la Revolución Mundial, es decir, el más grande revolucionario vivo de
nuestro tiempo. Unos y otros, maniatados por el mismo hilo, manipulaban muñecos
para sorprender incautos.
La clase dominante en el fondo, se valía de la misma arma de la que nos hablara el argentino Aníbal Ponce: “explotando la vanidad nunca dormida y la ambición siempre despierta” se daba maña para corromper el alma proletaria y confundir a los advenedizos hablándoles de una “revolución” a las puertas de Lima, que había logrado ya “el equilibrio estratégico” y que estaba “a punto de lograr la victoria”. Para impedirlo, claro, felizmente…¡Llegó Fujimori…!
En
este caso, quien habría de llegar, sería Hernando de Soto, sólo que vestido de
presidente del Consejo de ministros. Solo entonces, el alma les volvería al
cuerpo. Pero eso, tampoco sucedió. El alambicado señor De Soto se quedó
prendido de la brocha porque le quitaron la escalera. Ahora está, entonces, la
señora Miralles que marchará al Congreso en busca del “voto de investidura”.
Unos
han adelantado ya que “no se lo darán”. Otros dicen que “lo pensarán”. En
realidad, nadie está pensando. Simplemente están calculando, viendo qué les
conviene, “cuánto hay” como suele decirse en los bajos fondos. Y es que, lo que
aquí manda, son los intereses.
En
el Congreso, no hay Partidos Políticos sino bandas operativas que accionan en
función de aquello que le sale más a cuenta, No tiene importancia, entonces,
que el Gabinete sea encabezado por uno, o por otro. Les da igual, cuando
obtienen lo mismo.
De
todos modos, cabe hacer un par de reflexiones: El señor De Soto, no es el único
“agente” yanqui, y quizá ni el más presentable. Su presencia habría sido sin
duda, una pera en dulce para la Casa Blanca, pero ella no requiere
necesariamente de ese tipo de postres. Bien puede vivir sin ellos. En todo
caso, se le brinda un Canciller con rodilleras puestas. Quien hoy desempeña la
Cartera, las usa sin tapujos.
Y
lo otro. El Congreso no ofrece garantía alguna a nadie. Porque ahí no se lucha
por principios, ni por valores. No hay ideología, ni política. Simplemente hay
mercenarismo con nombre propio
Por
lo demás, la “línea del gobierno” la dicta el presidente. Y el señor Balcázar
quiere seguir siendo el presidente hasta el 28 de julio de este año. No
arriesgará el puesto, de modo que, en la materia, el servilismo seguirá
campeando.
Una
evidencia absoluta de que eso es la manera cómo se ha impuesto el nuevo
embajador de los Estados Unidos, quien visita Palacio de Gobierno cada vez que
le place, habla con el presidente como quien conversa con su secretario, y
opina sobre lo que se le antoja sin tomar en cuenta que sus prácticas son
injerencistas y constituyen una ofensa a la soberanía nacional y a la dignidad
de los peruanos,
Adicionalmente,
esa “línea” es largamente compatible con la que tiene en mente la “mayoría
parlamentaria” de este despreciable Congreso donde lo que prima es la trifulca
y los embrollos. <:>

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