domingo, 1 de marzo de 2026

LA COYUNTURA POLITICA EN EL PERU

 ENTRE TRIFULCAS

Y EMBROLLOS

Por Gustavo Espinoza M.

F

inalmente, el martes pasado juramentó el nuevo Consejo de Ministros, encabezado sorpresivamente por una economista que venía desempeñando funciones de gobierno desde la cartera de la Avenida Abancay. Ahora, Dennis Miralles se instaló en Palacio de Gobierno para estar “más cerca” del Poder que busca representar.

Complicado ha sido para el país arribar a ese final precario y transitorio. Desde que el 17 de febrero la mayoría parlamentaria censuró a José Jeri y le arrebató las funciones presidenciales que le había conferido en octubre pasados; la situación se tornaba tensa en “las altas esferas” de la política doméstica.

La designación de José María Balcázar -al día siguiente de la censura a Jeri- no devolvió la calma a quienes se sienten dueños del Perú, sino más bien los alborotó aún más. Ellos, plácidamente, esperaban un final tranquilo, pero la “Prensa Grande” les quitó el sueño.

A partir de ese instante, al unísono proclamaron el arribo de un peligro inaudito: el Perú ha caído -dijeron- “bajo las garras del comunismo”, Poco les faltó para hablar de la instalación de una República Soviética en estas tierras que José Carlos Mariátegui llamara simplemente “mansas y desabridas”.

A partir de ahí se desataron las fábulas. “enfrentaremos un régimen marxista-leninista”. Seremos “un territorio cautivo” bajo las órdenes de la China Comunista, añadieron; al tiempo que llamaron a todos a “cautelar sus propiedades, antes que los comunistas se les arrebaten”. “Quieren quitarnos todo lo que tenemos”, “destruir todo lo que hemos conquistado”, aseguraron al borde del soponcio.

Y como un caudillo victorioso, soberbio hasta el fin, Vladimir Cerrón hizo ostentación de su “maravillosa táctica” que le había permitido “afirmarse en el Poder” explotando “las contradicciones en el campo enemigo”, como genialmente lo habría hecho un Lenin criollo.

Olvidó una cosa: ser comunista no es solamente decirlo. No basta que alguien proclame serlo. Ni siquiera es suficiente que sea un erudito en el dominio de la teoría marxista -podría ser un Marxólogo, y no un Marxista. Resulta indispensable una tercera condición: una práctica comunista, Vale decir,. un accionar cotidiano que acredite un comportamiento y una coherencia de principios y valores.

Lenin decía: “no se puede construir el socialismo con las manos sucias”. Eso equivale a decir: no se puede ser comunista con el alma rota. En palabras nuestras, no se puede serlo entregando los resortes del Poder a Keiko Fujimori y su pandilla.

De alguna manera volvimos entonces a los años 80 del siglo pasado, cuando los medios de comunicación exaltaban la genialidad terrorista del presidente Gonzalo y los admiradores de éste aseguraban que por algo era la Cuarta Espada de la Revolución Mundial, es decir, el más grande revolucionario vivo de nuestro tiempo. Unos y otros, maniatados por el mismo hilo, manipulaban muñecos para sorprender incautos.

La clase dominante en el fondo, se valía de la misma arma de la que nos hablara el argentino Aníbal Ponce: “explotando la vanidad nunca dormida y la ambición siempre despierta” se daba maña para corromper el alma proletaria y confundir a los advenedizos hablándoles de una “revolución” a las puertas de Lima, que había logrado ya “el equilibrio estratégico” y que estaba “a punto de lograr la victoria”. Para impedirlo, claro, felizmente…¡Llegó Fujimori…!

En este caso, quien habría de llegar, sería Hernando de Soto, sólo que vestido de presidente del Consejo de ministros. Solo entonces, el alma les volvería al cuerpo. Pero eso, tampoco sucedió. El alambicado señor De Soto se quedó prendido de la brocha porque le quitaron la escalera. Ahora está, entonces, la señora Miralles que marchará al Congreso en busca del “voto de investidura”.

Unos han adelantado ya que “no se lo darán”. Otros dicen que “lo pensarán”. En realidad, nadie está pensando. Simplemente están calculando, viendo qué les conviene, “cuánto hay” como suele decirse en los bajos fondos. Y es que, lo que aquí manda, son los intereses.

En el Congreso, no hay Partidos Políticos sino bandas operativas que accionan en función de aquello que le sale más a cuenta, No tiene importancia, entonces, que el Gabinete sea encabezado por uno, o por otro. Les da igual, cuando obtienen lo mismo.

De todos modos, cabe hacer un par de reflexiones: El señor De Soto, no es el único “agente” yanqui, y quizá ni el más presentable. Su presencia habría sido sin duda, una pera en dulce para la Casa Blanca, pero ella no requiere necesariamente de ese tipo de postres. Bien puede vivir sin ellos. En todo caso, se le brinda un Canciller con rodilleras puestas. Quien hoy desempeña la Cartera, las usa sin tapujos.

Y lo otro. El Congreso no ofrece garantía alguna a nadie. Porque ahí no se lucha por principios, ni por valores. No hay ideología, ni política. Simplemente hay mercenarismo con nombre propio

Por lo demás, la “línea del gobierno” la dicta el presidente. Y el señor Balcázar quiere seguir siendo el presidente hasta el 28 de julio de este año. No arriesgará el puesto, de modo que, en la materia, el servilismo seguirá campeando.

Una evidencia absoluta de que eso es la manera cómo se ha impuesto el nuevo embajador de los Estados Unidos, quien visita Palacio de Gobierno cada vez que le place, habla con el presidente como quien conversa con su secretario, y opina sobre lo que se le antoja sin tomar en cuenta que sus prácticas son injerencistas y constituyen una ofensa a la soberanía nacional y a la dignidad de los peruanos,

Adicionalmente, esa “línea” es largamente compatible con la que tiene en mente la “mayoría parlamentaria” de este despreciable Congreso donde lo que prima es la trifulca y los embrollos. <:>

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