domingo, 31 de mayo de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: HECHOS DESTACABLES

 LAS ENCUESTAS

Y EL VOTO BLANCO/VICIADO

E. Macchini

30MAY26

S

e están difundiendo sondeos —otra vez, nada casuales— que instalan un dato enorme sobre el voto blanco y viciado: Datum, publicado por El Comercio, habla de 24,9% sumando ambas opciones; CPI, según Infobae, registra 22,6%. No estamos ante una cifra menor: estamos ante la construcción mediática de un bloque electoral gigantesco, presentado como si fuera una tendencia natural, espontánea, casi inevitable. 

Y ahí empieza mi desconfianza. Porque en el Perú las encuestas electorales no han sido precisamente un monumento a la precisión. En 2011, Datum daba a Keiko Fujimori por delante de Ollanta Humala pocos días antes de la segunda vuelta; ganó Humala. En 2016, a ocho días de la votación, las principales encuestadoras ponían a Keiko adelante sobre PPK; ganó PPK. En 2021, Reuters reportaba en la víspera un sondeo de Ipsos con Keiko ligeramente por encima de Castillo; terminó ganando Castillo. Demasiadas “fotografías del momento” que luego se parecen muy poco a la película real. 

Que después lo llamen margen de error, volatilidad del electorado o limitación metodológica. Para mí, hay algo más: cálculo político. Las encuestas no solo miden; también ordenan, empujan, instalan climas, crean sensación de mayoría, normalizan conductas. Y cuando hoy se le da tanto cuerpo al voto blanco y viciado, cuando se lo presenta como una masa enorme, respetable y casi inevitable, la pregunta es obvia: ¿a quién le conviene?

Mi apuesta queda escrita desde ahora: entre voto blanco y voto viciado no llegarán ni al 7%. Y cuando eso ocurra, lamentablemente tampoco servirá —como no ha servido antes— para que muchos entiendan que estos sondeos funcionan demasiadas veces como instrumentos de presión política, no como simples mediciones neutrales de la realidad.

Porque seamos serios: la mayoría de quienes hoy coquetean con viciar el voto no son fujimoristas. Son personas que rechazan al fujimorismo, pero que tampoco quieren votar por la otra opción. Y justamente ahí está la trampa. En una elección así, esa neutralidad no cae en el vacío: desactiva sobre todo votos antifujimoristas y deja el camino más libre al poder que ya está organizado, blindado y listo para capturar formalmente el Estado.

El fujimorismo no necesita convencer a todos. Le basta con que una parte del antifujimorismo se retire de la cancha, se lave las manos, anule su voto y crea que hizo una protesta elegante. Matemáticamente el voto viciado no se suma a Keiko, claro. Pero políticamente puede servirle, porque reduce la resistencia efectiva contra su llegada a Palacio.

Y esa es la contradicción brutal: muchos dicen que viciarán el voto porque rechazan al fujimorismo, pero en la práctica pueden terminar facilitando que el fujimorismo obtenga el poder formal que durante años ya ejerció sin tener la presidencia. No hablamos de un partido cualquiera. Hablamos de una maquinaria que ha bloqueado gobiernos, condicionado Congresos, capturado instituciones y empujado al país hacia este régimen congresual mediocre, blindado e ingobernable.

Entonces la pregunta no es si el voto viciado es limpio, digno o moralmente cómodo. La pregunta real es mucho más incómoda:

¿A quién le sirve?

Y cada vez queda más claro que, en esta elección, le sirve exactamente al poder que muchos dicen combatir, pero que podrían terminar ayudando por omisión. <>

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