LAS ARMAS DEL ENEMIGO
Por Gustavo Espinoza M.
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os hechos políticos ocurridos en los últimos días,
han servido para elevar la temperatura electoral y han colocado a la derecha en
un ángulo oscuro: La masiva movilización del 30 de mayo convocada por los
colectivos ¡NO A KEIKO! y que fuera básicamente ignorada por la Televisión
local y la “Prensa Grande”; y el debate presidencial del domingo 31, que marcó
una diferencia notable entre la voluntad positiva de Roberto Sánchez y la
errática conducta de su opositora Keiko Fujimori.
La Marcha del 30 de mayo tuvo lugar en Lima, pero
se sintió en todo el país y repercutió incluso en el exterior. La televisión
francesa, española, argentina, uruguaya, brasileña, rusa y otras, acogieron con
interés las tomas captadas en nuestra capital y las trasmitieron comentándolas
como la expresión de una firme voluntad ciudadana en demanda de justicia y de
respeto a los Derechos Humanos,
Pero las redes en nuestro país cubrieron ampliamente la información recogida en calles y avenidas de Lima Metropolitana saludando la expresión ciudadana como como el reflejo de una demanda nacional que no ha desaparecido de la conciencia de los peruanos.
Y es que, en efecto, ese fue el sentido esencial de una marcha en la que se puso en evidencia el repudio multitudinario a la conducta del fujimorismo a partir de Alberto, pero proyectado también en su hija Keiko, aspirante a nueva dictadora en estas tierras de Micaela Bastidas y Tomasa Tito Condemayta.
El que hubiese habido quienes cerraron los ojos
ante esta realidad no descalifica la acción. Al contrario, la enaltece, porque
la coloca muy por encima de la mezquindad y el odio de la clase dominante que
se obstina en esconder la realidad como si fuese posible tapar la luz del sol
con un dedo.
Por eso, ocultar este significativo episodio
cívico constituye un error para la misma causa que enarbolan quienes actuaron
de ese modo: puso en evidencia su pequeñez de miras y su absoluta orfandad de
valores; pero también su estrechez mental y su ausencia absoluta de
espiritualidad.
Y de alguna manera eso se reflejó también en el debate presidencial del día siguiente, que mostró una Keiko adocenada y opaca, anímicamente herida y sin reflejos, que perdida en la lectura de textos inocuos, no fue capaz, siquiera de mantener la imagen de “generosidad” y “amplitud” que había tratado afanosamente de cultivar desde los inicios de la presente campaña.
Eso quizá explique que una importante encuesta
hecha en torno a la opinión ciudadana respecto al debate haya arrojado una
proporción concluyente: el 82% de los encuestados sostuvo que Roberto Sánchez
ganó esa noche, en tanto que apenas un 18% consideró vencedora a la lideresa de
Fuerza Popular.
En ese marco, la Mafia sólo tiene la posibilidad
de alentar el uso de dos recursos de los que ya se ha venido valiendo: el
anticomunismo y el dinero.
El anticomunismo no tiene ninguna base seria. Es
muy claro que Roberto Sánchez no es comunista y que su partido -Juntos por el
Perú- tampoco es un Partido Comunista. El “peligro” de que el Perú “amanezca
rojo” a partir del 8 de junio; es apenas un infundio, cuando no una simple
estupidez.
El anticomunismo se basa apenas en el atraso, y en
la ignorancia más absoluta. Puede entenderse, quizá, que alguien con estos
signos distintivos, se rehúse a votar por Sánchez arguyendo que “no quiere
saber nada con los rojos”, pero una expresión así no será fruto del razonamiento
ni de la cultura, Será apenas la muestra de un primitivismo incompatible con la
evolución de la sociedad de nuestro tiempo.
El dinero, es otra cosa. Efectivamente, la Mafia
ha vendo moviendo millones de dólares en esta campaña, pero invertirá aún más en
los últimos días de ella. En un país en el que lo que abunda, es la pobreza;
los poseedores del capital pueden, en efecto, comprar muchas adhesiones incluso
electorales.
Pero lo vemos también en vivo y en directo con los
medios de comunicación y “periodistas” -como Mavila Huerta, Guillermo Thorndike
o Milagros Leiva, para citar solo a algunos- El afán de riqueza los devora y su
peor pesadilla estriba en considerar que un gobierno progresista y democrático
“cambie” el Programa Económico de la Constitución vigente y les quite algunos
reales, no a ellos, sino a sus patronos. Es eso lo que les quita el sueño.
De todos modos, es claro que el anticomunismo
puede hacer cierto daño en sectores muy atrasados de la vida nacional. Esos,
curiosamente, no están en las zonas rurales, donde puede no haber gente
“instruida” pero si muy experimentada y sensata; sino en la misma capital y en
otras ciudades más o menos “calificadas” de la costa peruana. Allí les hicieron
el cuento de las “vírgenes que lloran” y hoy les pueden hacer otro: la de “los
comunistas que roban niños”.
Pues bien, esas son ahora las armas a las que
recurre el enemigo. Las únicas que le quedan. En lo que a “Juntos por el Perú
se refieren, lo que habrá de servirle es confiar en el pueblo y cerrar su
campaña en ritmo de victoria. <>


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