UNA NUEVA BATALLA
Por Gustavo Espinoza M
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inalmente
concluyó todo el proceso referido a la primera vuelta electoral y cuyo episodio
más alto estuvo centrado en la jornada del pasado 12 de abril. 35 días después
de aquella jornada, los órganos oficiales del Estado aceptaran el veredicto
ciudadano y reconocerán que Roberto Sánchez disputara el próximo 7 de junio la
presidencia de la República ante Keiko Fujimori, la candidata de la Mafia y la
expresión más turbia y perversa de la clase dominante,
El candidato de Juntos por el Perú comenzará la campaña corra que lo conducirá a la definición electoral próxima, en condiciones desfavorables. Mientras la figura del oficialismo empezó su campaña hace más de dos semanas, cumpliendo en ese lapso giras por departamentos del norte y del oriente del país, en los que alcanzo un cierto apoyo en la primera ronda de los comicios de este año; su rival recién empezará con dos semanas de retraso.
No
pudo hacerlo antes porque no estaba definido el resultado electoral que se lo
permitiera. Una consideración ética debió llevar a Keiko a esperar la decisión
del Jurado Electoral para no “sacar partido” de la situación creada. Pero todos
sabemos que el comportamiento de la señora K es incompatible con la ética.
Por
lo demás, la campaña de Sánchez Palomino estará atravesada por acusaciones de
todo tipo. Ya tiene denuncias en el Poder Judicial y una audiencia para el 27
de mayo Quisieran meterlo preso o inhabilitarlo para que no pueda asumir ningún
cargo. Pero ese “tiro” habrá de salirles por la culata. Su obraran así, el
pueblo le daría a Sánchez el 80% de los votos, el 7 de junio.
Keiko
Fujimori puede vanagloriarse de haber ocupado el “primer lugar” en la votación
de abril. Pero es claro que, para ella, ese fue un triunfo pírrico. Los órganos
electorales le reconocieron un 17% de los votos, pero esa cifra no corresponde
a la realidad. Ella obtuvo 2 millones 800 mil votos de un total de 28 millones
de votos. Eso significa una cifra ligeramente mayor al 10% de los votos. Lo que
ocurre es que le sumaron los votos nulos y viciados, lo que incremento su
porcentaje hasta llegar al 17%..
Es
curiosa la manera como esos números incidieron en la elección parlamentaria. No
obstante que el Congreso registra un 95% de rechazo ciudadano, Keiko, con el
10% de los votos logro obtener 22 Senadores y 41 Diputados convirtiéndose así
largamente en la primera fuerza parlamentaria. En verdad, un 10% de votos en un
Senado de 60 curules, habría dado lugar a 6 Senadores, pero le reconocieron 22.
Y, sobre un total de 130 diputados, ese 10% se habría expresado en 13 curules y
no en 41, como le asignaron.
Este
juego de cifras y curules es el que realmente entraña el fraude electoral, que
no ha beneficiado a Juntos por el Perú ni a su candidato, sino a Keiko y los
suyos. López Aliaga y sus voceros se han llenado la boca hablando de “fraude”,
pero no han dicho una palabra de este asunto. La complicidad es siempre amiga
de la Mafia.
Para
López Aliaga combatir el fraude es anular las elecciones, por una sola razón:
porque él, las perdió. Como no pudo con eso, exigió se reconozcan mesas que se
abrieron con retraso o que no pudieron abrirse. En torno a ellas, alego que
eran precisamente sus “plazas fuertes”. Lograron así que se extendiera la
votación hasta el lunes 13 de abril, pero ocurrió que, en esas mesas, ganó
Jorge Nieto en tanto que Sánchez incremento su votación. López Aliaga quedó
allí relegado.
Pidió
entonces que se anularan los votos de las ánforas que comenzaran con el dígito
“9” alegando que allí se había “consumado el fraude”. Curiosa petición. Ellos,
que habían levantado la consigna de “respetar escrupulosamente el voto
ciudadano” , salieron con la demanda de eliminar el voto de los ciudadanos que
habían sufragado en uso irrestricto de esa facultad: la de elegir.
La
campaña de los medios de comunicación es intensa contra Roberto Sánchez y a
favor de Keiko. Incluso medios que antes estuvieron en contra de la candidata
fujimorista, ahora llamen enfervorizados a votar por ella “contra el
comunismo”.
De
por medio, está otra farsa gigantesca. Roberto Sánchez no es comunista, ni
“Juntos por el Perú” es un Partido Comunista. Tampoco son comunistas algunos de
los que estuvieron relativamente cerca de su campaña, como Antauro Humala o
incluso Anahi Durán. Tampoco es comunista su Programa, ni sus propósitos
políticos.
Pero mienten, engañan y se valen de toda clase de artimañas los adversarios de la verdad. Una de las maniobras más recientes ocurrió en Lima cuando se capturó a una supuesta banda que “cobraba cupos” en el Centro Comercial de Gamarra. Detenida fue una señora de apellido Carbonel, candidata de Juntos por el Perú en los últimos comicios, a la Cámara de Diputado. Todos los medios llenaron sus “noticieros” con la información, pero casi todos omitieron que como jefe de esa “banda” fue señalado el alcalde La Victoria, Rubén Cano, dirigente de Renovación Popular y amigo de Rafael López Aliaga. Sobre el tema, mutis en el foro.
Los
que gritan esa acusación, saben que es falsa. Pero lo hacen porque les aterra
saber que habrán de perder el control que ejercen sobre el aparato del Estado.
Y, además, porque saben que con Roberto Sánchez se abre la posibilidad de un
régimen de corte democrático, patriótico y progresista. Un gobierno así sería el
fin de sus privilegios.
Cuando
el domingo 17 de mayo finalmente la ONPE presenté su balance definitivo y
proclamé los resultados del caso, se habrá iniciado una nueva batalla <>


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