EL ASCENSO DE LA IZQUIERDA REGIONAL
Y EL NUEVO MAPA DE PODER EN EL PERÚ
Paulo Vilca
LA
REPÚBLICA, 8MAY26
|
E |
sta
izquierda se caracteriza por carecer de grandes pretensiones ideológicas,
optando por un populismo militante enfocado en la "soberanía del
bolsillo".
El proceso electoral del 2021 no debe entenderse simplemente como el
ascenso accidental de un profesor chotano, sino como el síntoma de una
transformación estructural en la representación política del país. La llegada
de Pedro Castillo a la presidencia trajo consigo el mayor número de
parlamentarios de izquierda desde la década de 1980. Agrupados inicialmente en
Perú Libre y, en menor medida, en Juntos por el Perú, marcaron una ruptura
política y sociológica con el pasado.
En contraste con periodos legislativos anteriores, donde la izquierda peruana estaba vinculada o era liderada por actores con trayectorias en el establishment limeño —proveniente de la academia y las clases medias ilustradas—, la representación de 2021 fue mayoritariamente provinciana. Nombres entonces poco conocidos como Guido Bellido, Silvana Robles o Jaime Quito, irrumpieron en escena con un denominador común: su distancia de los círculos de poder de la capital y su arraigo en las dinámicas regionales.
La descentralización de facto y el nuevo perfil dirigencial
Si bien la llegada de "actores
periféricos" se ha observado también en grupos de centro o derecha, es en
la izquierda donde este fenómeno ha permitido avizorar una recomposición real
del poder. Estamos ante una suerte de "descentralización política de facto".
El contraste es nítido: frente a la izquierda capitalina cosmopolita y
mesocrática, se erige una nueva ola de raigambre popular y regional.
A diferencia del Humalismo de 2006 y 2011 y del
Frente Amplio de 2016, que integraron a intelectuales y tecnócratas
progresistas en sus filas legislativas, la izquierda de 2021 presentó una
identidad sindicalista y magisterial. Estos nuevos parlamentarios no eran
rostros frecuentes en los comités directivos de las organizaciones de sociedad
civil ni ocupaban espacios de opinión en los grandes medios de comunicación. En
su mayoría eran dirigentes y operadores locales de sindicatos y organizaciones
sociales de base con conocimiento del territorio y una capacidad de
movilización que superaban con creces los sofisticados discursos ideológicos de
sus antecesores.
Independientemente de las críticas sobre su
desempeño, los resultados del 2026 han ratificado esta tendencia. La
representación electoral de la izquierda se ha desplazado de forma irreversible
fuera de Lima, favoreciendo a cuadros que antes eran sistemáticamente ignorados
o considerados periféricos por las élites. El ascenso de Castillo y la
consolidación de figuras como Roberto Sánchez no son accidentes históricos,
sino evidencias claras de un cambio en la estructura de la agencia política
nacional.
El pragmatismo de Roberto Sánchez: política en tiempos de crisis
En este panorama, la figura de Sánchez emerge como
un actor central que a menudo pasó desapercibido frente al protagonismo de
Castillo y Vladimir Cerrón. El 2021 nos trajo al médico huancaíno, al profesor
cajamarquino y al psicólogo huaralino, que ha demostrado ser un político
versátil para los tiempos de crisis que vive la democracia peruana: lidera un
partido con historia desde inicios de siglo, logró ser el ministro más longevo
del gabinete de Castillo, preservó una bancada parlamentaria y eludió las
acusaciones que buscaron su desafuero.
Para las elecciones de 2026, Sánchez forjó una
alianza estratégica que unió las distintas vertientes del castillismo con
actores como Antauro Humala, colegas parlamentarios y un nutrido grupo de
dirigentes sociales. Su perfil refleja fielmente a esta izquierda periférica
cuyo arraigo social y económico está más cerca de los puestos de mercado que de
las cafeterías y universidades privadas. No vienen de las ONG o los think
tanks, sino del pliego de reclamos, la huelga y la gestión pública subnacional.
Esta izquierda se caracteriza por carecer de grandes pretensiones ideológicas, optando por un populismo militante enfocado en la "soberanía del bolsillo". Actúa con pragmatismo negociador y prefiere canjear la "revolución imposible" por mejoras laborales para sus agremiados o un nuevo régimen de concesiones mineras. Además, mientras otros reniegan de Pedro Castillo, Sánchez y sus aliados se reclaman sus herederos y reivindican el legado histórico que significa haber tenido un campesino ocupando la silla presidencial. El sombrero cajamarquino se convierte en un símbolo de identidad, lucha y victoria popular.
Las vicepresidentas y la nueva representación femenina
La transición hacia esta izquierda popular también
se manifiesta en las figuras de Analí Márquez y Brígida Curo, vicepresidentas
de Juntos por el Perú. Ellas personifican el paso de la "segunda
línea" dirigencial al protagonismo nacional, aportando una carga simbólica
que la izquierda tradicional ha intentado articular discursivamente pero que
ellas encarnan de forma orgánica. Asimismo, rompen el molde del feminismo
urbano y académico que predominaba en la representación izquierdista durante
los últimos años.
![]() |
| Antauro y Roberto |
El análisis de las demandas de la izquierda de la
periferia muestra una brecha crucial con la izquierda tradicional. Mientras esta
última se enfoca en reformas institucionales, derechos civiles progresistas y
conservación ambiental; la primera prioriza la redistribución de recursos, el
control de los recursos naturales y mantiene una agenda social conservadora.
Sin embargo, existen puntos de consenso ineludibles: la convocatoria a una
Asamblea Constituyente, el fortalecimiento del rol del Estado en la economía y
la regulación estricta de la actividad empresarial privada.
Sobre la voluntad antidemocrática del último
mensaje de Pedro Castillo -que para muchos analistas es la prueba irrefutable
de un golpismo latente-, los grupos de esta izquierda emergente mantienen una
visión distinta: consideran dicha medida como la acción desesperada de un
maestro rural acorralado por sus enemigos políticos, más que un intento serio
de instaurar un régimen autoritario.
El escenario parlamentario
En el Parlamento elegido el 12 de abril de 2026,
esta tendencia no se limita a Juntos por el Perú, sino que abarca a sectores de
Obras. Ambos grupos comparten orígenes provincianos, trayectorias dirigenciales
y lenguaje nacionalista radical. Temas como la nacionalización del gas o la
defensa de Petroperú son ejes centrales de su discurso en sintonía con el
antaurismo.
No está de más mencionar que a diferencia del Perú Libre de 2021, la experiencia de los últimos cinco años los ha hecho más conscientes de sus limitaciones y tampoco se ven a sí mismos como la única y verdadera izquierda. Por supuesto, nada de lo dicho implica que en el ajetreo de la vida parlamentaria y la crisis política, dicha agenda sea abandonada y algunos repitan los extremos oportunistas del “fujicerronismo” o acaben como Guido Bellido buscando la reelección en el partido de José Luna, compartiendo militancia y spot de campaña con Daniel Urresti.
La nueva reconfiguración
El futuro mostrará si esta reconfiguración
política se confirma como una tendencia consolidada. Por ahora queda claro que
el Congreso ya no es un espejo de la élite política limeña. La izquierda que
sobrevive y se expande es aquella que "camina por el territorio". Es
una izquierda que ha comprendido que para llegar a la Plaza Bolívar no necesita
el visto bueno de la capital, sino el respaldo que alcance en las calles y
plazas del interior del país. <=>




No hay comentarios:
Publicar un comentario