LA TRAGEDIA DE BECERRA
César Hildebrandt
En
HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 774, 20MAR26
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N |
apoleón Becerra tenía cero por ciento de intención
de voto y aquí, en este semanario costumbrista, le hicimos una nota la semana
pasada. No es que fuera un texto sañudo sino que resultó inevitable enumerar
sus ideas disparatadas, sus propósitos arcangélicos, su devoción por el error y
su hambre de ser reconocido. Pintamos también, para compensar, su perfil de
buen hombre tocado por una súbita ambición sideral y su vida de modesto
jubilado creyente en el milagro que lo convertiría, de pronto, sin explicaciones
(porque en eso consisten los asombros) en el hombre de la segunda vuelta.
La política peruana es eso en estos días de gusanos
y miserables reincidentes. De pronto es fácil fundar un partido, es más barato
que montar una bodega, que soñar con un emprendimiento. Entonces se crean siglas,
logos fáciles de captar, propósitos de enmienda, listas de promesas salidas de
encuestas que hurgan en carencias. Es una nada extensa, es la pampa interminable
de codicias de poca monta y palabras vacías. Es Pedro Páramo yendo a votar en
una aldea muerta. Los nuevos partidos improvisan creyendo que nadie se da
cuenta de que repiten las fórmulas de siempre. Y los partidos corrompidos y
viejos confían en la desmemoria y se presentan como si su pasado no fuera una
serie de crímenes y mentiras.
Napoleón Becerra ha muerto trágicamente y ha sido después de que la Parca se fijó en él que la prensa -excepción hecha de este semanario- recordó que existía y que estaba en carrera a la presidencia de la república. La política peruana de hoy es napoleónica en chanza y ridícula de raíz gubernamental. Becerra aspiraba, con todo derecho, a sentarse en la misma silla que hoy ocupa un hombre que dice que conversa con Kant y Hegel y que ha nombrado dos gabinetes plagados de basura en apenas tres semanas. Lo que Balcázar no va a reconocer es que todos los días habla sólo consigo mismo y de esos encuentros sale la baba que lo cubre. Y quienes le hablan en jerga lumpen y le dan órdenes son Keiko Fujimori, Vladimir Cerrón, José Luna, César Acuña y otros gérmenes.
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| Preciso apunte de Chillico. La Lima de hoy |
Si hubiera llegado a la presidencia, Becerra habría
ratificado al canciller Hugo de Zela en su puesto. Este señor acaba de decir
que el Perú no se pronunciará sobre las obras que Chile está haciendo en la
frontera mientras esas zanjas y esos muros “estén en territorio del vecino
país”. ¿Se puede ser tan idiota? Si los ingenieros militares de Kast actuasen
en tierra del Perú, eso significaría, señor De Zela, que volverán Baquedano y
Lynch a tomar Lima y que usted se esconderá debajo de algún escritorio
restaurado de Torre Tagle.
Becerra ha muerto, para fatalidad de los que lo
querían. Pero las elecciones de abril son un auténtico homenaje a su memoria. <×>


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