viernes, 20 de marzo de 2026

TEMAS DE COYUNTURA EN EL PERÙ

 LA TRAGEDIA DE BECERRA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 774, 20MAR26

N

apoleón Becerra tenía cero por ciento de intención de voto y aquí, en este semana­rio costumbrista, le hicimos una nota la semana pasada. No es que fuera un texto sañudo sino que resultó inevitable enume­rar sus ideas disparatadas, sus propósitos arcangélicos, su devoción por el error y su hambre de ser reco­nocido. Pintamos tam­bién, para compensar, su perfil de buen hom­bre tocado por una sú­bita ambición sideral y su vida de modesto jubilado creyente en el milagro que lo conver­tiría, de pronto, sin ex­plicaciones (porque en eso consisten los asom­bros) en el hombre de la segunda vuelta.

Dos días después de la publicación, Becerra murió en un accidente carretero ocurrido en Ayacucho. La noticia nos impactó, lamen­tamos en privado el suceso y entonces empezaron los memes idiotas. Ácaros de las redes sociales, hipos del resentimiento se pronunciaron nuevamente y dijeron que habíamos sido crueles y faltó poco para que sugirieran que el choque contra una cuneta lo habíamos inspirado nosotros al obligarlo a intensificar la celeridad de su campaña. Estamos acostumbrados a la infamia, pero eso resultaba demasiado.

¿Habíamos estigmatizado al difunto? No. ¿Intentábamos desacreditarlo? Eso era tarea imposible porque cumplirla su­ponía desmontar una reputación pública que en este caso no existía. El propósito del reportaje fue mostrar lo que puede hacer el narcisismo tardío con un tranquilo cesante y lo que puede hacer la política, entendida como quehacer prebendario, con un sexagenario que había visto el poder desde muy lejos y que ahora, gradas a alguna ouija amable, se sentía a algunos metros de la cima. Sus exsocios describieron cómo fue que Becerra se volvió autoritario y mesiánico una vez que obtuvo la candida­tura y cómo es que desconoció orígenes y compromisos cuando se sintió llamado por el destino. Esa transfiguración surgida de la autocomplacencia la conocemos en el Perú: la hija de un hombre que destruyó el orden institucional del país aspira a devolvérnoslo en su cuarto intento de megalomanía desatada.

La política peruana es eso en estos días de gusanos y mise­rables reincidentes. De pronto es fácil fundar un partido, es más barato que montar una bodega, que soñar con un emprendimiento. Entonces se crean si­glas, logos fáciles de captar, propósitos de enmienda, listas de promesas salidas de encuestas que hurgan en carencias. Es una nada extensa, es la pampa in­terminable de codicias de poca monta y palabras vacías. Es Pedro Páramo yendo a votar en una aldea muerta. Los nuevos partidos improvisan creyendo que nadie se da cuenta de que repiten las fórmulas de siempre. Y los partidos corrompidos y viejos confían en la desmemoria y se presentan como si su pasado no fuera una serie de crímenes y mentiras.

Napoleón Becerra ha muerto trágicamente y ha sido después de que la Parca se fijó en él que la prensa -excepción hecha de este semanario- recordó que existía y que estaba en carrera a la presidencia de la república. La política peruana de hoy es napoleónica en chanza y ridícula de raíz gubernamental. Becerra aspiraba, con todo derecho, a sentarse en la misma silla que hoy ocupa un hombre que dice que conversa con Kant y Hegel y que ha nom­brado dos gabinetes plagados de basura en apenas tres semanas. Lo que Balcázar no va a reconocer es que to­dos los días habla sólo consigo mismo y de esos encuentros sale la baba que lo cubre. Y quienes le hablan en jerga lumpen y le dan órdenes son Keiko Fujimori, Vladimir Cerrón, José Luna, César Acuña y otros gérmenes.

Preciso apunte de Chillico. La Lima de hoy

Si hubiera llegado a la presidencia, Becerra habría ratifica­do al canciller Hugo de Zela en su puesto. Este señor acaba de decir que el Perú no se pronunciará sobre las obras que Chile está haciendo en la frontera mientras esas zanjas y esos muros “estén en territorio del vecino país”. ¿Se puede ser tan idiota? Si los ingenieros militares de Kast actuasen en tierra del Perú, eso significaría, señor De Zela, que volverán Baquedano y Lynch a tomar Lima y que usted se esconderá debajo de algún escritorio restaurado de Torre Tagle.

Becerra ha muerto, para fatalidad de los que lo querían. Pero las elecciones de abril son un auténtico homenaje a su memoria. <×>

No hay comentarios:

Publicar un comentario