viernes, 17 de abril de 2026

OPINION: HILDEBRANDT SOBRE COYUNTURA POLITICA ELECTORAL 2026

 LA SEÑORA QUERRÁ QUEDARSE

César Hildebrandt

En: HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 778, 17MAR26

L

os discos rayados sonaban toc, toc, toc cuando tropezaban con el surco defectuoso.

Así suena el Perú: toc, toc, toc.

¿Estamos en el 2016 y la dama de la dictadura volverá a competir con PPK, que ahora es Porky?

¿O estamos en el2021y la dama de la dictadura volverá a competir con Pedro Castillo, que ahora es Roberto Sánchez?

Estamos en 2026 y nos estamos remedando otra vez.

No salimos del círculo, nuestros viajes terminan en el mismo puerto. Volvimos a ser la obstinación en el error. ¿Por qué? Porque nuestra política está podrida y está en manos de quienes la degradaron. Y no la van a soltar.

Creimos por un instante que esta vez sí saldríamos del túnel. Pero no emergió nadie del tamaño del reto, ningún partido que nos esperanzara, ninguna idea fuerza que nos sacara de la sombra.

Y aquí estamos. Otra vez. Toc, toc, toc. La vieja desazón de un país que siempre imita lo peor de su pasado.

Ahora tenemos que elegir entre una señora asociada carnalmente al crimen y unos señores a los que no les compraríamos un carro de segunda mano.

El señor López Aliaga es un hombre extraño porque pudiendo ser sobrio siempre anda en demasías y pudiendo ser claro y ordenado se expresa como un loco. Es extraño porque pudiendo ofrecer lo posible, prefiere pro­meter lo sideral y ama las frases ridículas salidas de un patriotismo inflamatorio. Es extraño porque modera sus tentaciones castigán­dose con púas y es capaz, siendo empresario, de desconocer con­tratos exponiendo a la ciudad (que abandonó) a indemnizaciones que no se podrán pagar. Es un hombre extraño porque trae trenes tan viejos como sus fobias de matamoros franquista. Pero la suerte es que de López Aliaga nos podremos librar con relativa facilidad.

El señor Roberto Sánchez tiene un concepto diminuto de la lealtad y es capaz de cualquier asociación, pero esos no son sus peores defectos. Lo peor de Sánchez es que cree que la eco­nomía es una bóveda que hay que abrir porque los demonios la cerraron y ya es tiempo de repartir esos tesoros. El pobre hombre [sic] no tiene idea y a veces, encima, escucha los consejos dopados de Antauro Humala, que está convencido de que el festival de Woodstock no ha terminado, que Cáceres es fuente de inspiración ideológica y que el tronar de los fusilamientos con que sueña será la redención del país. Pero la suerte es que de Roberto Sánchez nos podremos librar con relativa facilidad.

De la señora, en cambio, no nos espera, si ganara, un episodio quinquenal. Nos espera “una era”. La dama de la dictadura está convencida de que un periodo presidencial es un plazo mezquino para traer el orden y el progreso y está dispuesta a cambiar el artículo 112 de la Constitución para permitirse, por lo pronto, la reelección inmediata. Eso sólo podrá ser obtenido replicando la fórmula de su padre: reconcentrar el poder, neutralizar a los adversarios, lograr el apoyo de los grandes medios de prensa. Los métodos para lograr todo eso serán, previsiblemente, los mismos: el uso sin escrúpulos de los fondos públicos, el empleo del poder judicial secuestrado (“barrido”, como dice Rospigliosi) y unas alianza de hierro con la clase empresarial que esté dispuesta a unas nueva aventura autocrática.

Ni en López Aliaga ni en Sánchez hay un gen mesiánico que nos permita imaginarlos como conspiradores dispuestos a todo con tal de permanecer en Palacio. La señora, en cambio, viene de un ADN continuista y de un partido que cree tener un des­tino manifiesto dictado por la voluntad popular. No es difícil pensarla, acosada por las manifestaciones en el sur, saliendo una noche en la tele unánime para anunciar que ha decidido, junto a los militares y aconsejada por el bien común, disolver el Congreso y asumir el control total. Toc, toc toc.

Eso es lo que está en juego. <:>

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