LA SEÑORA QUERRÁ QUEDARSE
César
Hildebrandt
En:
HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 778, 17MAR26
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L |
os discos rayados sonaban toc, toc, toc cuando
tropezaban con el surco defectuoso.
Así suena el Perú: toc, toc, toc.
¿Estamos en el 2016 y la dama de la dictadura
volverá a competir con PPK, que ahora es Porky?
¿O estamos en el2021y la dama de la dictadura
volverá a competir con Pedro Castillo, que ahora es Roberto Sánchez?
Estamos en 2026 y nos estamos remedando otra vez.
No salimos del círculo, nuestros viajes terminan en
el mismo puerto. Volvimos a ser la obstinación en el error. ¿Por qué? Porque
nuestra política está podrida y está en manos de quienes la degradaron. Y no la
van a soltar.
Creimos por un instante que esta vez sí saldríamos
del túnel. Pero no emergió nadie del tamaño del reto, ningún partido que nos
esperanzara, ninguna idea fuerza que nos sacara de la sombra.
Ahora tenemos que elegir entre una señora asociada
carnalmente al crimen y unos señores a los que no les compraríamos un carro de
segunda mano.
El señor López Aliaga es un hombre extraño porque
pudiendo ser sobrio siempre anda en demasías y pudiendo ser claro y ordenado se
expresa como un loco. Es extraño porque pudiendo ofrecer lo posible, prefiere
prometer lo sideral y ama las frases ridículas salidas de un patriotismo
inflamatorio. Es extraño porque modera sus tentaciones castigándose con púas y
es capaz, siendo empresario, de desconocer contratos exponiendo a la ciudad
(que abandonó) a indemnizaciones que no se podrán pagar. Es un hombre extraño
porque trae trenes tan viejos como sus fobias de matamoros franquista. Pero la
suerte es que de López Aliaga nos podremos librar con relativa facilidad.
El señor Roberto Sánchez tiene un concepto diminuto
de la lealtad y es capaz de cualquier asociación, pero esos no son sus peores
defectos. Lo peor de Sánchez es que cree que la economía es una bóveda que hay
que abrir porque los demonios la cerraron y ya es tiempo de repartir esos
tesoros. El pobre hombre [sic] no tiene idea
y a veces, encima, escucha los consejos dopados de Antauro Humala, que está
convencido de que el festival de Woodstock no ha terminado, que Cáceres es
fuente de inspiración ideológica y que el tronar de los fusilamientos con que
sueña será la redención del país. Pero la suerte es que de Roberto Sánchez nos
podremos librar con relativa facilidad.
De la señora, en cambio, no nos espera, si ganara,
un episodio quinquenal. Nos espera “una era”. La dama de la dictadura está
convencida de que un periodo presidencial es un plazo mezquino para traer el
orden y el progreso y está dispuesta a cambiar el artículo 112 de la Constitución
para permitirse, por lo pronto, la reelección inmediata. Eso sólo podrá ser
obtenido replicando la fórmula de su padre: reconcentrar el poder, neutralizar
a los adversarios, lograr el apoyo de los grandes medios de prensa. Los métodos
para lograr todo eso serán, previsiblemente, los mismos: el uso sin escrúpulos
de los fondos públicos, el empleo del poder judicial secuestrado (“barrido”,
como dice Rospigliosi) y unas alianza de hierro con la clase empresarial que esté
dispuesta a unas nueva aventura autocrática.
Ni en López Aliaga ni en Sánchez hay un gen
mesiánico que nos permita imaginarlos como conspiradores dispuestos a todo con
tal de permanecer en Palacio. La señora, en cambio, viene de un ADN continuista
y de un partido que cree tener un destino manifiesto dictado por la voluntad
popular. No es difícil pensarla, acosada por las manifestaciones en el sur,
saliendo una noche en la tele unánime para anunciar que ha decidido, junto a
los militares y aconsejada por el bien común, disolver el Congreso y asumir el
control total. Toc, toc toc.
Eso es lo que está en juego. <:>

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