sábado, 28 de marzo de 2026

ESTAMPAS DEL ARTE POPULAR MUSICAL Y COREOGRAFICO EN PUNO

 LA HERENCIA DANCISTICA Y MUSICAL NEGRA EN EL ALTIPLANO PUNEÑO

LOS "PHUSA-MORENOS" Y "SIKU-MORENOS"

Ignacio Frisancho Pineda

En, NEGROS ESCLAVOS EN EL ALTIPLANO PUNEÑO, Lima, 2002 pp 142 y ss.

M

ás de tres siglos de permanencia y trajín, por las heladas pampas del Altiplano Puneño, las cresterías de las cordilleras que lo circundan y por los valles trasandinos de las provincias de Sandia y Carabaya tenían que dejar, y dejaron, la impronta de su permanencia o de su paso por toda la región del Altiplano del Titicaca. Esto es más notorio en el lado boliviano donde aún existen un buen número de descendientes de los antiguos esclavos.

Debemos tener en cuenta que, desde su inicio, la presencia de los negros era muy notoria en medio de la gran masa de nativos "indios'', más aún porque algunos de estos negros resultaron, para sus dueños, sus personas de confianza que les servían para controlar el trabajo de los indios y de los esclavos comunes, tanto en las minas, las sementeras, el recojo de la coca en los "Yungas", los obrajes donde los nativos, particularmente las mujeres, eran encerradas y obligadas a hilar lana para confeccionar los tejidos y la ropa, y otras actividades, dándoseles el nombre de "Caporales" o "Capataces", desempeñando las tareas propias de un hogar: como mayordomos, cocineras, amas, carpinteros, gasfiteros, etc., etc.

Enamoradizo, a falta de mujeres de su mismo color, muchas de las cuales eran amantes de sus amos, buscaban y encontraban en las indias nativas un sustituto amatorio, procreando "zambahigos o zambaygos" además de los mulatos hijos de los españoles.

A los negros que iban llegando y asentándose, con sus amos, en los pueblos y lugares de trabajo del Altiplano Puneño, el nuevo paisaje les resultaba todo lo contrario a lo que ellos estaban acostumbrados. De una naturaleza exuberante en que habían nacido se encontraron con dilatadas pampas sin bos­ques, con una exigua vegetación de pequeños pastos que servían de alimento a los numerosos hatos de llamas, alpacas y vicuñas que allí habitaban.

Sin embargo, encontraron que los andinos eran amantes de la música y las danzas. Que cada pueblo poseía danzas y música diversas y variadas. Pero los instrumentos musicales que uti­lizaban: quenas, pinquillos, tarqas, pututos y, sobre todo, las flautas de Pan, llamadas por los pobladores de las zonas que­chuas "phusas" mientras que en las zonas de población aymara se las denominaba "sikus", no se asemejaban a los que ellos estaban acostumbrados a usar, exceptuando los tambores y los bombos o "Wankaras" que sí podían reproducir el rítmico “"tun tun tun", o el "tam tam tam", tan agradable a sus oídos y tan apropiado para llevar el compás de sus danzas, con un acompañamiento musical casi siempre monótono y de no muy rica melodía.

La afición extrema de los negros a sus danzas casi siem­pre eróticas y voluptuosas, desde siempre, ha sido reconocida. Y, para confirmar ésto, bástenos reproducir un par de frecuen­tes apreciaciones: así, José Luis Lanuza en su testimonial li­bro "Morenada" (1), escribe, quizás exagerando un poco aunque no mucho, refiriéndose a los negros:

"Por cualquier lado que vayan, llevan su música y sus bailes, porque los negros y su batuque son inseparables. Bailan para alegrarse, para diluir su desesperación. Aún encadenados en el barco negrero, bailan.

Arreados como recua de animales, cantan. Cantan para acompasar el movimiento de los remos. Cantan para acompañar el trabajo. Antes de pelear bailan. Si están descansados, bailan. Y si están cansados bailan para descansar. Bailan para evocar a los demonios y para ahuyentarlos. El baile es una manera de rezar. Si están de duelo, bailan. Bailan para enamorar. Bailan porque sí. Su lenguaje es el baile.

"Por cualquier lado que vayan, el aire se puebla de extrañas percusiones, ritmos apenas entendidos, que pueden transformarse de pronto en movimientos. Toda América se va llenando de sus ruidos y de sus gestos. Desde el Misisipi hasta el Río de la Plata. En el centro de las selvas y en las orillas de las ciudades. En todas partes resuenan sus instrumentos, traídos de lejos o improvisados en el continente. Suenan las maracas y las marimbas en los candombes."

Phusa morenos en Juliaca 1930
Por otra parte nos recuerda, el mismo Lanuza, las impre­siones que tuvo el cusqueño don Calixto Bustamante, autor del "Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta Lima", allá por el año de 1773. Nos dice que las estridencias y los ruidos de los negros lo irritaron. Debió oírles cerca del Cuzco (o de Puno), porque a esa altura de los capítulos intercala su conocida descripción. ¿0 es que allí oyó a los indios, y por contraste agrega a la descripción de su música la referencia a la de los negros?. Dice:

"Las diversiones de los negros bozales son las más bár­baras y groseras que se puede imaginar. Su canto es un aúllo. De ver sólo los instrumentos de su música se inferirá lo desa­gradable de su sonido. La quijada de un asno, bien descarnada, con su dentadura floja, son las cuerdas de su principal instrumento, que rascan con un hueso de carnero, asta de buey u otro palo duro, con que hacen unos altos y tiples, tan fastidiosos y desagradables que provocan a tapar los oídos o correr a los bu­rros, que son los animales más estólidos y menos espantadizos. En lugar del agradable tamborillo de los indios, usan los ne­gros un tronco hueco y a los dos extremos les ciñen un pellejo tosco. Este tambor lo carga un negro, tendido sobre su cabeza, y otro va por detrás, con dos palitos en la mano, en figura de zancos, golpeando el cuero con sus puntas, sin orden y con el solo fin de hacer ruido."


Se le escapaban, sin duda, los ritmos negros al cuzqueño, que completa su descripción despectivamente:     

"Los demás ins­trumentos son Igualmente pulidos, y sus danzas se reducen a menear la barriga y la cadera con mucha deshonestidad, que acom­pañan con gestos ridículos, y que traen a la imaginación la fiesta que hacen al diablo los brujos en los sábados."

En esta misma época, mediados del siglo XVIII, que está dentro del período de mis investigaciones, tal como lo comenta el mismo Lanuza (2), el Benedictino francés Antonio José Pernetty, detalla la coreografía de una danza africana de 1763 o 64, en los siguientes términos:

"…Hay, sin embargo, un baile muy entusiasta y lascivo que se baila algunas veces en Montevideo; se llama calenda, y a los negros lo mismo que a los mulatos, cuyo temperamento es fogoso, les gusta con furor. Este baile ha sido llevado a América por los negros del reino de Ardra, en la costa de Guinea."

"La calenda se danza al son de instrumentos y voces. Los actores se disponen en dos líneas, la una frente a la otra, los hombres cara a cara con las mujeres. Los espectadores ha­cen un círculo alrededor de los danzantes y de los instrumen­tistas. Uno de los actores canta una canción cuyo refrán es repetido por los espectadores, que baten palmas. Todos los danzantes tienen los brazos semilevantados, saltan, dan vueltas, hacen contorsiones, (...), se aproximan a dos pies los unos de los otros, y retroceden a compás, hasta que el son del instrumento o el tono de la voz les advierte que deben aproxi­marse de nuevo. Entonces se golpean el vientre los unos contra los otros dos o tres veces seguidas, y se alejan después ha­ciendo piruetas para recomenzar el mismo movimiento con gestos sumamente lascivos, tantas veces como les indiquen los instru­mentos o las voces. De tiempo en tiempo entrelazan los brazos y hacen dos o tres vueltas, persistiendo en sus golpes de vientre y en darse besos, pero, sin perder el compás."

En el Altiplano del Collao, a inmediaciones del gran Lago Titicaca, al faltar o ser escasos los materiales para cons­truir sus instrumentos musicales, por no tener a la mano los gruesos troncos que ahuecados producían el básico Tan tan o tum tum, ni cocoteros de los cuales obtener los cocos para, golpeándolos unos con otros, llevar el compás de sus bailes, se vieron seducidos por el danzar de los grupos de "phusiris" y "sikuris" andinos, aprendiendo a tañer las antaras,      phusas o sikus y también la técnica de componer piezas musicales en base a estos instrumentos.

Es así como, en los pueblos y ciudades de cierta importancia, como fueron, por ejemplo, la Ciudad de Chucuito y la Vi­lla de Puno, donde había buen número de esclavos negros, y de morenos hijos de blancos con negras o de negros con indias, y esclavos libertos, se fueron formando grupos de músicos y danzantes de "PHUSA-MORENOS" y de "SIKU-MORENOS, que sallan, en las grandes fiestas religiosas a competir con los grupos de "PHUSIRIS" y "SIKURIS".

Analicemos un poco las diferencias entre estas dos clases de agrupaciones dancísticas y musicales.

LOS "PHUSA-MORENOS" Y "SIKU-MORENOS"

Origen de la Danza   

En sus inicios, en la Época Colonial, eran agrupaciones de músicos danzantes, "negros" y "morenos" tañedores de "phusas" o "sikus", "zampoñas" o "antaras" que, con todos estos nombres se conocen estos instrumentos musicales, conformados por cuatro, cinco o más cañas, y de diversos tamaños según el tipo de melodías que hayan de ejecutar los músicos.

Estas agrupaciones de músicos danzantes, en las principa­les fiestas religiosas solían rendir su homenaje a los Santos Patronos de los pueblos, sirviendo de acompañamiento en sus procesiones, compitiendo con los nativos conjuntos de "Phusiris" y "Sikuris".

El hecho de haber ignorado, nuestros folklorólogos y aún nuestros historiadores, el intenso comercio de esclavos que hubo, en la época colonial, en la región del Altiplano Puneño, pues, por primera vez dí a conocer el intenso comercio de es­clavos negros que hubo en la región del Altiplano Puneño, que tuve la oportunidad de investigar, y cuyos resultados los da a la publicidad en mi pequeño folleto "Negros en el Altiplano Puneño" -(Edit. Samuel Frisancho Pineda - Puno - 1983), que salió en tiraje muy limitado, siendo aún ahora muy poco conocido, ha permitido, a quienes lo han leído, comprender este co­mercio evitando malinterpretar el origen de nuestras danzas altiplánicas de origen negro, como se ha venido haciendo.

Así, para Portugal Catacora, las danzas de los "Morenos”, la "Morenada" y aún la "Diablada", "en el fondo son la misma danza que tiene diversos nombres" (3); Leónidas Cuentas Gamarra (4), distingue con muy buen criterio la diferencia que hay entre "Siku-morenos" y "Morenada", pero sin atreverse a indi­car su origen; Américo Valencia Chacón evade, también, inter­pretar el término "moreno", debido a que hasta que yo pude encontrar suficientes documentos sobre el intenso comercio de esclavos que hubo en la antigua Villa de Nuestra Señora de la Concepción y San Carlos de Puno, nada se sabía al respecto, pero indica algunas valiosas diferencias de los "Siku-Morenos" , citadinos, con los "Sikuris" o "Phusas" de las comunidades campesinas. (5)

Valencia Chacón nos dice:  

Siku morenos
"Los phusamorenos son denomina­dos también sikumorenos, mistisicus y zampoñadas. Aunque es posible que estos conjuntos de sikuris precolombinos que se especializaban en música más ligera y menos ceremoniosa, apta para la diversión en las fiestas; lo cierto es que en la actualidad, estos conjuntos han sido adoptados por los mistis (mes­tizos) o vecinos de los pueblos, y constituyen, por lo tanto la expresión mestiza del uso del siku altiplánico. Es posible que antaño, los sikuris primigenios campesinos fueran emulados por los habitantes de los pueblos, mestizos e indígenas urba­nos que conformaron sus propios conjuntos, dándoles su sello característico que podría en la actualidad resumirse en lo siguiente: 1. reducción del tamaño de los sikus, 2. Reducción del número de sikus usados, 3. Reducción del número de bombos, 4. Inclusión de otros instrumentos de percusión, 5. adopción de una vestimenta de gala, y 6. inclusión de un cuerpo coreográfico”.

Las características que anota Valencia Chacón confirman mi tesis sobre el origen negro de los "Phusa-Morenos" y 'Siku -Morenos". En efecto, los negros y "morenos", en la época co­lonial, Vivian en los pueblos y ciudades, unos como miembros de la servidumbre en las casas de sus amos y otros como los zambos y negros libertos, ejerciendo diversos oficios. Ellos, como ya lo dijimos, aprendieron a tocar las zampoñas o sikus y formaron sus conjuntos, prefiriendo tañer los sikus más pequeños, por ser más apropiados para sus pulmones, todavía no bien aclimatados a los cerca de 4.000 metros sobre el nivel del mar, sobre todo debiendo tocar y danzar al mismo tiempo, durante casi todo el día, como acostumbran los conjuntos altiplánicos.

Como bien observa, Valencia Chacón, la primera caracte­rística anotada funciona como interesante índice de mestizaje del conjunto, pero no entre mestizos e indios citadinos como él cree sino entre negros citadinos e indios campesinos, de ahí que, los sikus utilizados serán más reducidos por requerir menos esfuerzo, lo cual tiene que ver, también, por supuesto, con el movimiento más ligero y alegre de la música.

La reducción del número de sikus utilizados es probable que haya ocurrido debido al no muy grande número de negros o morenos" tañedores, disponibles para La conformación de estos conjuntos.

La tercera característica, es decir la reducción del número de bombos, debe haber tenido la misma razón anterior.

La inclusión de algunos otros instrumentos de percusión fué, a no dudarlo, consecuencia de la natural inclinación de los negros y "morenos" a este tipo de instrumentos musicales que sirven mejor para llevar en ritmo.

Atuendos

La adopción de una vestimenta de gala (trajes de toreros o algunos de la nobleza española) se debió a que como estos conjuntos de "siku-morenos” o "phusa-morenos) tenían el apoyo de sus amos o patrones, éstos para mantener su "estatus" que­rían que ellos se lucieran de la forma más elegante posible.

Mientras que los conjuntos de "Phusiris" y de "Sicuris" vestían sus trajes autóctonos, los grupos de "Phusa-Morenos" y "Siku-Morenos", con el apoyo de sus amos españoles, que que­rían, como ya dijimos, demostrar y mantener su estatus social, vestían trajes de luces de toreros o trajes de nobles españo­les, todo bordados con hilos dorados y plateados, incluso con el agregado de falsas joyas, con sus sombreros adornados con grandes plumas de colores (probablemente éstos eran trajes que estaban a medio uso o destinados para ser desechados pero que eran arreglados para el lucimiento de los esclavos, lo cual redundaba en el lucimiento de sus amos).

Por otro lado, como ya vimos, en el siglo XVIII, había un buen número de esclavos libertos y zambos y mulatos ricos, gracias al apoyo de sus padres, muchos de ellos hidalgos, y su habilidad en ciertos oficios y trabajos. Así que, cuando ellos eran quienes formaban sus comparsas trataban de igualar o superar en elegancia a los conjuntos formados por esclavos con el apoyo de sus amos.

La inclusión de un cuerpo coreográfico adicional al de los músicos danzantes, considero que fué bastante posterior, comenzando por las figuras del "Viejito Encomendero Español" y del "Viejo Negro Caporal" muy elegantemente vestidos pero llevando en sus diestras sendos zurriagos como símbolos de su poder.

Siku morenos JUVENTUD OBRERA, Puno 2010

Personajes y Coreografía

Los únicos personajes que, en sus inicios, intervenían en la danza eran los propios músicos danzantes, con sus trajes de luces como ya dijimos, guiados en sus movimientos y evolucio­nes coreográficas por el cabeza de grupo que era quien ordena­ba las correspondientes evoluciones, ya sea formando círculos o filas ondulantes.

Al integrarse algunas otras figuras, como la de los viejitos, éstos bailaban al compás de la música que se ejecutaba que, en general eran "Wayños" sikurianos, de origen aymara o quechua según la región en que actuaban.

El "Viejo Encomendero Español", es la representación de los dueños de encomiendas y haciendas. Señores de horca y cu­chillo. Está representado con su costoso y elegante traje de levita, todo recamado con hilos plateados. Sus manos llevan guantes blancos y en su diestra sostiene un gran zurriago de cuero trenzado o algunas veces un fuete. Su máscara representa un rubicundo español: viejo, bigotón, ya con arrugas, cuyas facciones no han sido mayormente deformadas.

El "Viejo Negro Caporal", representa a un negro "caporal" controlador del trabajo de los indios, que a pesar de ser esclavo tenia mando sobre ellos que no lo eran. Se supone es un es­clavo de mucha confianza del encomendero, que gozaba de gran aprecio por parte de éste, pues, su traje es casi tan elegante como el de su dueño. Su máscara, que es una caricatura, resalta las principales características de los rostros de los negros. Sostiene entre sus labios, grandemente deformados, de modo que su labio inferior le rebalsa de la boca hasta cubrir toda su mandíbula inferior, una pipa, recordándonos la gran afición que tenían, y aún tienen los negros, a fumar ciga­rros. En su mano derecha, igual que el encomendero, sostiene un gran zurriago, con que solía exigir un mayor rendimiento en el trabajo de los indios.

Ambito geográfico

El area geográfica en que mayormente se presentan los conjuntos de "Phusa-Morenos" y "Siku-Morenos" son las provincias de Puno, Chucuito, Huancané y Lampa, que justamente fueron las provincias de mayor población de negros y morenos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario