LA HERENCIA DANCISTICA Y MUSICAL NEGRA EN EL ALTIPLANO PUNEÑO
LOS "PHUSA-MORENOS" Y
"SIKU-MORENOS"
Ignacio Frisancho Pineda
En,
NEGROS ESCLAVOS EN EL ALTIPLANO PUNEÑO, Lima, 2002 pp 142 y ss.
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ás de tres siglos de permanencia y trajín, por las heladas
pampas del Altiplano Puneño, las cresterías de las cordilleras que lo circundan
y por los valles trasandinos de las provincias de Sandia y Carabaya tenían que
dejar, y dejaron, la impronta de su permanencia o de su paso por toda la región
del Altiplano del Titicaca. Esto es más notorio en el lado boliviano donde aún
existen un buen número de descendientes de los antiguos esclavos.
Debemos tener en cuenta que, desde su inicio, la
presencia de los negros era muy notoria en medio de la gran masa de nativos
"indios'', más aún porque algunos de estos negros resultaron, para sus
dueños, sus personas de confianza que les servían para controlar el trabajo de
los indios y de los esclavos comunes, tanto en las minas, las sementeras, el
recojo de la coca en los "Yungas", los obrajes donde los nativos,
particularmente las mujeres, eran encerradas y obligadas a hilar lana para
confeccionar los tejidos y la ropa, y otras actividades, dándoseles el nombre
de "Caporales" o "Capataces", desempeñando las tareas
propias de un hogar: como mayordomos, cocineras, amas, carpinteros, gasfiteros,
etc., etc.
Enamoradizo, a falta de mujeres de su mismo color, muchas de las cuales eran amantes de sus amos, buscaban y encontraban en las indias nativas un sustituto amatorio, procreando "zambahigos o zambaygos" además de los mulatos hijos de los españoles.
A los negros que iban llegando y asentándose, con sus
amos, en los pueblos y lugares de trabajo del Altiplano Puneño, el nuevo
paisaje les resultaba todo lo contrario a lo que ellos estaban acostumbrados.
De una naturaleza exuberante en que habían nacido se encontraron con dilatadas
pampas sin bosques, con una exigua vegetación de pequeños pastos que servían
de alimento a los numerosos hatos de llamas, alpacas y vicuñas que allí
habitaban.
Sin embargo, encontraron que los andinos eran amantes de
la música y las danzas. Que cada pueblo poseía danzas y música diversas y
variadas. Pero los instrumentos musicales que utilizaban: quenas, pinquillos,
tarqas, pututos y, sobre todo, las flautas de Pan, llamadas por los pobladores
de las zonas quechuas "phusas" mientras que en las zonas de
población aymara se las denominaba "sikus", no se asemejaban a los
que ellos estaban acostumbrados a usar, exceptuando los tambores y los bombos o
"Wankaras" que sí podían reproducir el rítmico “"tun tun
tun", o el "tam tam tam", tan agradable a sus oídos y tan
apropiado para llevar el compás de sus danzas, con un acompañamiento musical
casi siempre monótono y de no muy rica melodía.
La afición extrema de los negros a sus danzas casi siempre
eróticas y voluptuosas, desde siempre, ha sido reconocida. Y, para confirmar
ésto, bástenos reproducir un par de frecuentes apreciaciones: así, José Luis Lanuza en su testimonial libro
"Morenada" (1), escribe, quizás exagerando un poco aunque no
mucho, refiriéndose a los negros:
"Por cualquier lado que vayan, llevan su música y sus bailes, porque
los negros y su batuque son inseparables. Bailan para alegrarse, para diluir su
desesperación. Aún encadenados en el barco negrero, bailan.
Arreados como recua de animales, cantan. Cantan para
acompasar el movimiento de los remos. Cantan para acompañar el trabajo. Antes
de pelear bailan. Si están descansados, bailan. Y si están cansados bailan para
descansar. Bailan para evocar a los demonios y para ahuyentarlos. El baile es
una manera de rezar. Si están de duelo, bailan. Bailan para enamorar. Bailan
porque sí. Su lenguaje es el baile.
"Por cualquier lado que vayan, el aire se
puebla de extrañas percusiones, ritmos apenas entendidos, que pueden
transformarse de pronto en movimientos. Toda América se va llenando de sus
ruidos y de sus gestos. Desde el Misisipi hasta el Río de la Plata. En el
centro de las selvas y en las orillas de las ciudades. En todas partes resuenan
sus instrumentos, traídos de lejos o improvisados en el continente. Suenan las
maracas y las marimbas en los candombes."
Por otra parte nos recuerda, el mismo Lanuza, las
impresiones que tuvo el cusqueño don
Calixto Bustamante, autor del "Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos
Aires hasta Lima", allá por el año de 1773. Nos dice que las
estridencias y los ruidos de los negros lo irritaron. Debió oírles cerca del
Cuzco (o de Puno), porque a esa altura de los capítulos intercala su conocida
descripción. ¿0 es que allí oyó a los indios, y por contraste agrega a la
descripción de su música la referencia a la de los negros?. Dice:
Phusa morenos en Juliaca 1930
"Las diversiones de los negros bozales son las
más bárbaras y groseras que se puede imaginar. Su canto es un aúllo. De ver
sólo los instrumentos de su música se inferirá lo desagradable de su sonido.
La quijada de un asno, bien descarnada, con su dentadura floja, son las cuerdas
de su principal instrumento, que rascan con un hueso de carnero, asta de buey u
otro palo duro, con que hacen unos altos y tiples, tan fastidiosos y
desagradables que provocan a tapar los oídos o correr a los burros, que son
los animales más estólidos y menos espantadizos. En lugar del agradable
tamborillo de los indios, usan los negros un tronco hueco y a los dos extremos
les ciñen un pellejo tosco. Este tambor lo carga un negro, tendido sobre su
cabeza, y otro va por detrás, con dos palitos en la mano, en figura de zancos,
golpeando el cuero con sus puntas, sin orden y con el solo fin de hacer
ruido."
Se le escapaban, sin duda, los ritmos negros al
cuzqueño, que completa su descripción despectivamente:
"Los demás instrumentos son Igualmente
pulidos, y sus danzas se reducen a menear la barriga y la cadera con mucha
deshonestidad, que acompañan con gestos ridículos, y que traen a la
imaginación la fiesta que hacen al diablo los brujos en los sábados."
En esta misma época, mediados del siglo XVIII, que
está dentro del período de mis investigaciones, tal como lo comenta el mismo
Lanuza (2), el Benedictino francés
Antonio José Pernetty, detalla la coreografía de una danza africana de 1763
o 64, en los siguientes términos:
"…Hay, sin embargo, un baile muy entusiasta y
lascivo que se baila algunas veces en Montevideo; se llama calenda, y a los
negros lo mismo que a los mulatos, cuyo temperamento es fogoso, les gusta con
furor. Este baile ha sido llevado a América por los negros del reino de Ardra,
en la costa de Guinea."
"La calenda se danza al son de instrumentos y
voces. Los actores se disponen en dos líneas, la una frente a la otra, los
hombres cara a cara con las mujeres. Los espectadores hacen un círculo
alrededor de los danzantes y de los instrumentistas. Uno de los actores canta
una canción cuyo refrán es repetido por los espectadores, que baten palmas.
Todos los danzantes tienen los brazos semilevantados, saltan, dan vueltas,
hacen contorsiones, (...), se aproximan a dos pies los unos de los otros, y
retroceden a compás, hasta que el son del instrumento o el tono de la voz les
advierte que deben aproximarse de nuevo. Entonces se golpean el vientre los
unos contra los otros dos o tres veces seguidas, y se alejan después haciendo
piruetas para recomenzar el mismo movimiento con gestos sumamente lascivos,
tantas veces como les indiquen los instrumentos o las voces. De tiempo en
tiempo entrelazan los brazos y hacen dos o tres vueltas, persistiendo en sus
golpes de vientre y en darse besos, pero, sin perder el compás."
En el Altiplano del Collao, a inmediaciones del gran
Lago Titicaca, al faltar o ser escasos los materiales para construir sus
instrumentos musicales, por no tener a la mano los gruesos troncos que
ahuecados producían el básico Tan tan o tum tum, ni cocoteros de los cuales
obtener los cocos para, golpeándolos unos con otros, llevar el compás de sus
bailes, se vieron seducidos por el danzar de los grupos de "phusiris"
y "sikuris" andinos, aprendiendo a tañer las antaras, phusas o sikus y también la técnica de
componer piezas musicales en base a estos instrumentos.
Es así como, en los pueblos y ciudades de cierta importancia, como fueron, por ejemplo, la Ciudad
de Chucuito y la Villa de Puno, donde había buen número de esclavos negros, y
de morenos hijos de blancos con negras o de negros con indias, y esclavos
libertos, se fueron formando grupos de músicos y danzantes de
"PHUSA-MORENOS" y de "SIKU-MORENOS, que sallan, en las grandes
fiestas religiosas a competir con los grupos de "PHUSIRIS" y
"SIKURIS".
Analicemos un poco las diferencias entre estas dos
clases de agrupaciones dancísticas y musicales.
LOS "PHUSA-MORENOS" Y
"SIKU-MORENOS"
Origen de la Danza
En sus inicios, en la Época Colonial, eran
agrupaciones de músicos danzantes, "negros" y "morenos"
tañedores de "phusas" o "sikus", "zampoñas" o
"antaras" que, con todos estos nombres se conocen estos instrumentos
musicales, conformados por cuatro, cinco o más cañas, y de diversos tamaños
según el tipo de melodías que hayan de ejecutar los músicos.
Estas agrupaciones de músicos danzantes, en las
principales fiestas religiosas solían rendir su homenaje a los Santos Patronos
de los pueblos, sirviendo de acompañamiento en sus procesiones, compitiendo con
los nativos conjuntos de "Phusiris" y "Sikuris".
El hecho de haber ignorado, nuestros folklorólogos y
aún nuestros historiadores, el intenso comercio de esclavos que hubo, en la
época colonial, en la región del Altiplano Puneño, pues, por primera vez dí a
conocer el intenso comercio de esclavos negros que hubo en la región del
Altiplano Puneño, que tuve la oportunidad de investigar, y cuyos resultados los
da a la publicidad en mi pequeño folleto "Negros en el Altiplano
Puneño" -(Edit. Samuel Frisancho Pineda - Puno - 1983), que salió en
tiraje muy limitado, siendo aún ahora muy poco conocido, ha permitido, a
quienes lo han leído, comprender este comercio evitando malinterpretar el
origen de nuestras danzas altiplánicas de origen negro, como se ha venido
haciendo.
Así, para Portugal Catacora, las danzas de los
"Morenos”, la "Morenada" y aún la "Diablada", "en
el fondo son la misma danza que tiene diversos nombres" (3); Leónidas
Cuentas Gamarra (4), distingue con muy buen criterio la diferencia que hay entre
"Siku-morenos" y "Morenada", pero sin atreverse a indicar
su origen; Américo Valencia Chacón evade, también, interpretar el término
"moreno", debido a que hasta que yo pude encontrar suficientes
documentos sobre el intenso comercio de esclavos que hubo en la antigua Villa
de Nuestra Señora de la Concepción y San Carlos de Puno, nada se sabía al
respecto, pero indica algunas valiosas diferencias de los
"Siku-Morenos" , citadinos, con los "Sikuris" o
"Phusas" de las comunidades campesinas. (5)
Valencia Chacón nos dice:
"Los phusamorenos son denominados también sikumorenos, mistisicus y zampoñadas.
Aunque es posible que estos conjuntos de sikuris precolombinos que se
especializaban en música más ligera y menos ceremoniosa, apta para la diversión
en las fiestas; lo cierto es que en la actualidad, estos conjuntos han sido
adoptados por los mistis (mestizos) o vecinos de los pueblos, y constituyen,
por lo tanto la expresión mestiza del
uso del siku altiplánico. Es posible que antaño, los sikuris primigenios
campesinos fueran emulados por los habitantes de los pueblos, mestizos e
indígenas urbanos que conformaron sus propios conjuntos, dándoles su sello
característico que podría en la actualidad resumirse en lo siguiente: 1. reducción
del tamaño de los sikus, 2. Reducción del número de sikus usados, 3. Reducción del
número de bombos, 4. Inclusión de otros instrumentos de percusión, 5. adopción
de una vestimenta de gala, y 6. inclusión de un cuerpo coreográfico”.
Siku morenos
Las características que anota Valencia Chacón
confirman mi tesis sobre el origen negro de los "Phusa-Morenos" y 'Siku
-Morenos". En efecto, los negros y "morenos", en la época colonial,
Vivian en los pueblos y ciudades, unos como miembros de la servidumbre en las
casas de sus amos y otros como los zambos y negros libertos, ejerciendo
diversos oficios. Ellos, como ya lo dijimos, aprendieron a tocar las zampoñas o
sikus y formaron sus conjuntos, prefiriendo tañer los sikus más pequeños, por
ser más apropiados para sus pulmones, todavía no bien aclimatados a los cerca
de 4.000 metros sobre el nivel del mar, sobre todo debiendo tocar y danzar al
mismo tiempo, durante casi todo el día, como acostumbran los conjuntos altiplánicos.
Como bien observa, Valencia Chacón, la primera
característica anotada funciona como interesante índice de mestizaje del
conjunto, pero no entre mestizos e indios citadinos como él cree sino entre
negros citadinos e indios campesinos, de ahí que, los sikus utilizados serán
más reducidos por requerir menos esfuerzo, lo cual tiene que ver, también, por
supuesto, con el movimiento más ligero y alegre de la música.
La reducción del número de sikus utilizados es
probable que haya ocurrido debido al no muy grande número de negros o morenos"
tañedores, disponibles para La conformación de estos conjuntos.
La tercera característica, es decir la reducción del
número de bombos, debe haber tenido la misma razón anterior.
La inclusión de algunos otros instrumentos de
percusión fué, a no dudarlo, consecuencia de la natural inclinación de los
negros y "morenos" a este tipo de instrumentos musicales que sirven
mejor para llevar en ritmo.
Atuendos
La adopción de una vestimenta de gala (trajes de
toreros o algunos de la nobleza española) se debió a que como estos conjuntos
de "siku-morenos” o "phusa-morenos) tenían el apoyo de sus amos o
patrones, éstos para mantener su "estatus" querían que ellos se
lucieran de la forma más elegante posible.
Mientras que los conjuntos de "Phusiris" y
de "Sicuris" vestían sus trajes autóctonos, los grupos de
"Phusa-Morenos" y "Siku-Morenos", con el apoyo de sus amos
españoles, que querían, como ya dijimos, demostrar y mantener su estatus
social, vestían trajes de luces de toreros o trajes de nobles españoles, todo
bordados con hilos dorados y plateados, incluso con el agregado de falsas
joyas, con sus sombreros adornados con grandes plumas de colores (probablemente
éstos eran trajes que estaban a medio uso o destinados para ser desechados pero
que eran arreglados para el lucimiento de los esclavos, lo cual redundaba en el
lucimiento de sus amos).
Por otro lado, como ya vimos, en el siglo XVIII,
había un buen número de esclavos libertos y zambos y mulatos ricos, gracias al
apoyo de sus padres, muchos de ellos hidalgos, y su habilidad en ciertos
oficios y trabajos. Así que, cuando ellos eran quienes formaban sus comparsas
trataban de igualar o superar en elegancia a los conjuntos formados por
esclavos con el apoyo de sus amos.
La inclusión de un cuerpo coreográfico adicional al
de los músicos danzantes, considero que fué bastante posterior, comenzando por
las figuras del "Viejito Encomendero Español" y del "Viejo Negro
Caporal" muy elegantemente vestidos pero llevando en sus diestras sendos
zurriagos como símbolos de su poder.
![]() |
| Siku morenos JUVENTUD OBRERA, Puno 2010 |
Personajes y Coreografía
Los únicos personajes que, en sus inicios,
intervenían en la danza eran los propios músicos danzantes, con sus trajes de
luces como ya dijimos, guiados en sus movimientos y evoluciones coreográficas
por el cabeza de grupo que era quien ordenaba las correspondientes
evoluciones, ya sea formando círculos o filas ondulantes.
Al integrarse algunas otras figuras, como la de los
viejitos, éstos bailaban al compás de la música que se ejecutaba que, en
general eran "Wayños" sikurianos, de origen aymara o quechua según la
región en que actuaban.
El "Viejo Encomendero Español", es la
representación de los dueños de encomiendas y haciendas. Señores de horca y cuchillo.
Está representado con su costoso y elegante traje de levita, todo recamado con
hilos plateados. Sus manos llevan guantes blancos y en su diestra sostiene un
gran zurriago de cuero trenzado o algunas veces un fuete. Su máscara representa
un rubicundo español: viejo, bigotón, ya con arrugas, cuyas facciones no han
sido mayormente deformadas.
El "Viejo Negro Caporal", representa a un
negro "caporal" controlador del trabajo de los indios, que a pesar de
ser esclavo tenia mando sobre ellos que no lo eran. Se supone es un esclavo de
mucha confianza del encomendero, que gozaba de gran aprecio por parte de éste,
pues, su traje es casi tan elegante como el de su dueño. Su máscara, que es una
caricatura, resalta las principales características de los rostros de los negros.
Sostiene entre sus labios, grandemente deformados, de modo que su labio
inferior le rebalsa de la boca hasta cubrir toda su mandíbula inferior, una
pipa, recordándonos la gran afición que tenían, y aún tienen los negros, a
fumar cigarros. En su mano derecha, igual que el encomendero, sostiene un gran
zurriago, con que solía exigir un mayor rendimiento en el trabajo de los
indios.
Ambito
geográfico
El area geográfica en que mayormente se presentan
los conjuntos de "Phusa-Morenos" y "Siku-Morenos" son las
provincias de Puno, Chucuito, Huancané y Lampa, que justamente fueron las
provincias de mayor población de negros y morenos.


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