sábado, 28 de marzo de 2026

ENFOQUES SOBRE EL PROCESO ELECTORAL EN CURSO

 EN LA RECTA FINAL

Por Gustavo Espinoza M.

 A pocos días de los comicios nacionales de abril, cabe formular algunas apreciaciones, no con el ánimo de inducir el voto, sino tan sólo con la idea de ayudar a los lectores a reflexionar en torno a los retos que tenemos por delante. Veamos:

 Objetivamente, y aunque parezca una exageración desmedida, podemos afirmar que entre los 36 candidatos presidenciales, no encontramos uno que garantice un cambio real y sustantivo en la sociedad peruana.  Quizá eso explique la duda que fluye de las encuestas, y que marca un porcentaje inusualmente elevado.  

La chicha está fermentando
Aun la gente no sabe por quién votar, aunque el grueso del electorado sí sabe contra quién votar. En otras palabras, se afirma el voto en negativo porque los peruanos repudiamos a unos, pero no confían lo suficiente en nadie que asome hoy en el escenario nacional. Y es que la experiencia vivida, ha sido dura. El hecho -lamentable, por cierto- no nos exime de la responsabilidad de votare, y lo haremos por alguien que no represente los intereses de la Mafia.  

 Hay que considerar que este proceso eleccionario se desarrolla en el marco de una violencia particularmente aguda: el incremento del sicariato y la extorsión, el crimen institucionalizado, y también la impunidad. Este rasgo no es nuevo. Asoma en el contexto de todos los procesos. En los anteriores, era el terrorismo, el que levantaba la cabeza para intimidar a la ciudadanía. Y entonces asomaban los “antiterrorista” que pedían todo: la pena de muerte, la cadena perpetua, el exterminio de los terroristas- Y. sobre todo “el orden”. La lucha antiterrorista se convertía en una bandera altamente rentable en materia de votos. Y usualmente acumulaba más preferencias el que ofrecía acabar con estos especímenes de la violencia en el más corto plazo.

 Acabado el proceso, se atenuaba el tema, aunque no desaparecía del todo. Parecía que los terroristas levantaban temporalmente su tienda para volver a abrirla en los próximos comicios.  Y entonces asomaba una tregua. En víspera de la nueva elección volvía y casi con idéntica figura: un choque armado en el VRAE con uniformados muertos. “Sendero vive” era el aullido de la Mafia.  

 Como esa imagen ya fue usada más de una vez, ahora asoma con una modalidad cambiado. Ya no son necesariamente los “terroristas”, sino más bien los sicarios y los extorsionadores, que se valen de motos lineales, disparan a mansalva, matan choferes, cobradores y transeúntes, y asustan a toda la sociedad porque sus acciones resuenan en los medios con persistencia creciente.

 La policía nunca está. Siempre llega después, y captura a cualquier “sospechoso” al que presenta espectacularmente como cabecilla de una “banda” siniestra. En los últimos 36 meses ya se deben haber “desmantelado” más de 1800 “bandas” gracias a la extraordinaria labor policiales, según nos dicen. Pareciera que el Perú es fabricante de bandas delictivas dado que el “modelo” neoliberal no nos permite producir ni siquiera un tornillo.

 Los debates electorales han servido para que se presenten propuestas -y no programas-. Ellas han servido para conocer realmente a esos candidatos.

 Rafael López Aliaga, por ejemplo, ha tenido una idea general: reducir los ministerios a 6. Es decir, cerrar 12 ministerios porque “no sirven”. ¿Nadie le ha dicho que eso implicará el despido de un millón de trabajadores? ¿A dónde irán? ¿Al comercio ambulatorio, o al mercado de taxistas?  El promotor de esta “idea” debe pensar en su mamá porque ese millón de nuevos despedidos se la habrán de recordar varias veces cada día. Es lo menos que le podría ocurrir.

 Ronald Atencio, ha tenido otra brillante idea: ha propuesto crear un Escuadrón de Aniquilamiento para acabar con los delincuentes. Y lo ha dicho muy orondo: habrá de reclutar a los 500 más destacados policías para convertirlos en asesinos de la noche a la mañana. Y para no quedarse en pequeño, estará él a la cabeza de ese “comando de aniquilamiento”. ¿Sabrá lo que está diciendo? Un Comando de aniquilamiento lo que hace es aniquilar, es decir, matar a los que tiene al frente. Así fue el Grupo Colina, aunque Atencio diga que no será igual.

Nieto. Apunta a la segunda vuelta
 Los candidatos han evitado referirse a la Política Exterior -que es facultad del presidente de la República-. Puestos en la disyuntiva varios de ellos se habrían mostrado como son: áulicos de Trump. Habrían justificado el atentado alevoso contra la Soberanía de Venezuela y el secuestro del Presidente Maduro y su esposa Celia Flores, Y hasta “justificado” el bloqueo genocida contra Cuba.  Pero ¿Los de izquierda?  ¿Han dicho algo?. Es bueno recordar, sin embargo, que no se necesita “ser rojo” para defender la soberanía de un Estado, la Independencia de una Nación o los derechos de un pueblo. Basta tener sentido común y no ser sirviente del Imperio.

 Por lo pronto, López Chau, en enero atacó a Venezuela y a Maduro, al que proclamó “dictador”, como lo llamarían a él si ganara las elecciones y quisiera dar un paso -siquiera uno- a favor del pueblo. Pero no se atrevió a llamar dictador a Donald Trump que inició una guerra salvaje contra Irán sin siquiera informar de eso al Senado de su país, y que busca hundir a Cuba en el mar con todos sus habitantes.  

 Luego, en cambio, tuvo otro desliz descomunal. Hablando de dictadores, puso en ese saco a Hitler y Stalin. Ni siquiera reparó en él mismo, en su propia existencia.  Ël, está vivo porque Stalin ganó la II Guerra Mundial. Si Hitler hubiese ganado, ni López Chau ni sus padres ni sus hijos estarían con vida. Habrían sido reemplazados por una estirpe germana que habrían “recuperado” estas tierras para su raza selecta.

López Chau tiene sus méritos, como los tiene Atencio, Sanchez o Jorge Nieto. Y en sus listas parlamentarias hay algunos que valen. Pero hay que buscarlos. En realidad, estos candidatos presidenciales no saben lo que dicen. Y muchas veces dicen cosas no porque crean en ellas, sino simplemente porque alguien les dijo que eso “electoralmente les ayuda”, les “da votos” , o “para que no les digan rojos”. Es el oportunismo, el que habla, no la convicción.

 En este contexto es difícil orientarse. En primera vuelta hay que impedir caer en la trampa. Ninguno de la Mafia vigente debe pasar a segunda vuelta y menos ganar los comicios. En la recta final habrá que despejar el camino echando la basura en la basura como se dijo cuando cayó la dictadura.  El pueblo tiene memoria. <+>

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