domingo, 18 de diciembre de 2022

JOVEN ESCRITOR HUANCANEÑO OBTIENE PREMIO LITERARIO

 LA LIBERACIÓN DEL

ZORRITO RUN RUN

Cuento que obtuvo el Segundo Premio en el concurso “El Cuento de la 1,000 Palabras” de realización encomiable por la revista CARETAS desde hace varios años, publicación de la que nos hemos permitido tomar el siguiente texto

 Autor: Leoncio Sejje Mamani1

 DICEN que desde el lejano Altipampa habría bajado el Tío llamado Zorro Run Run a la gran ciudad, llena de humo asfixiante. Su llegada es un enigma, quien sabe, vino solitario sorteando las noches tenebrosas para no ser capturado, o tal vez vino acompañado con otra persona, pero no se sabe cómo llego hasta ese pueblo. Algunas personas de mal presentimiento, apenas enteradas de su presencia, conjetu­raban:

—Seguramente, ese zorro muerto de hambre, vino al pueblo para salvar su vida, en busca de comida, porque en los andes no habrá qué comer, o tal vez a robar las her­mosas pollitas de la ciudad, o quien sabe para andar robando de pueblo en pueblo—, asi murmuraban.

Leoncio Sejje Mamani
(Foto CARETAS)
Sin embargo, otras personas de buen corazón decían también:

—Llegó un Tío sabio, seguramente viene a advertirnos de algo, para que las personas del pueblo no olvidemos vivir en armonía, habría que recibirle muy bien, alguna enseñanza buena debe haber traí­do—, advertían.

Sea como fuere su llegada, el Tío Run Run, al establecerse en la ciudad proce­dió inmediatamente a adoptar costumbres del pueblo ajeno, cambió de vestimenta, se puso ropa diferente, trató de esconder su cola y pelaje cordillerano debajo de la ropa importada, se había pintado el cabe­llo, se colocó lentes grandes y brillosos, con una vestimenta a la moda, hasta ya pare­cía un gringo; pero no pudo cambiarse por completo. Aprendió a tartamudear la len­gua de Castilla. Pero, por más esfuerzos que hizo, lo que no pudo es esconder su faz andina bañada con los telúricos rayos del sol, ni su nariz oscura puntiaguda esculpi­da por la helada, trató, una y otra vez, de blanquearse con costosas pomadas que por ahí le aconsejaban, —Ojalá que nadie me reconozca, yo quiero parecerme a los hijos de los “mistis”2 blanquinosos—, se decía.

En ese pueblo, tan igual que el zorro migrante, gente que vino desde los andes se avergonzaban de practicar sus costumbres, tenían miedo de hablar en sus propios idiomas y las sabidurías de sus ancestros, dejando todo al olvido que a veces quebran­taba sus corazones. Aunque en el más pro­fundo de sus sentimientos aún palpitaban las ansias de hablar con sus hijos en aimara y quechua:

—Si hablo en mi idioma, qué me diría la gente, es mejor no decir nada—, así pen­sando escondían sus sabidurías y su idio­ma.

Al ver que nadie decía nada, los abue­los se encontraban muy preocupados:

—Para nada bueno ese Zorro Run Run al llegar al pueblo se cambió de ropa, ya camina diferente y de seguro que nadie lo tomará en cuenta, hasta podrían tentarle a meterse en otros asuntos que no le con­vienen. ojalá que no le pase nada malo—, expresaban ellos.

Ese comentario llegó a diferentes pueblos. un ciudadano al ver al ladino disfraza­do. había opinado:

—El Zorro que llegó de los andes cam­bió por completo, su ropa ya no es la misma, su forma de actuar es diferente, se olvidó de dónde viene, eso está mal, segu­ramente que no llegara muy lejos—. afirmaba.

Así un día, con una ropa bien cambia­da, tratando de aparentar ser un acrio­llado citadino, diferente a los de su espe­cie, paseaba en la calle central de la ciu­dad. Correteaba de aquí para allá, ya esta­ba en la discoteca, ingresaba a las tiendas de ropa y luego al bar, él se sentía comple­tamente blanco, y ese era el motivo que lo hacía transitar por todos lados: hacer­se reconocer como uno más del lugar. De pronto ya estaba en un lujoso restauran­te, pidió un pollo a la brasa, al poco rato también comía un cuy asado, tragó hasta saciarse por completo, y lo que sobraba se lo guardaba:

—Esto me cuesta mucha plata mejor lo llevaré a mi casa para seguir comiendo—, así diciendo el Zorro Run Run, se recogía hasta los huesos.

De esa manera, el Tío del Altipampa, con un terno de color gris, con lentes que brillaban como ojos de color amarillo, con la frente bien levantada, en una mano lle­vaba la ropa recién comprada y en la otra la comida que no había terminado, se diri­gía a su casa, con una actitud de grandeza:

—Quién es como yo, compro ropas de marca, como la comida que cuesta caro, soy superior a todos porque sé muchas cosas, que...

Antes que termine de hablar, de repen­te salieron unos perros que le ladraron al joven de terno gris, le corretearon por todos lados. Tanto fue su susto que recobró su verdadera esencia de Zorro, muy asustado exclamó: ¡Waq!, ¡waq! empezó a correr hacia arriba dejando caer la bolsa del pollo a la brasa y el cuy asado, todo; entonces la gente que lo vio dijo, ahí está el Zorro roba gallinas, el que carga los cuyes; de adve­nedizo pasó a ser culpable de innumerables robos.

Desde ese día el Tío deambulaba de calle en calle, escapando de sus persegui­dores, todos lo perseguían al Zorro. puede robar mi gallina o mis cuyes, es mejor cap­turarlo, decían. El Zorro se encontraba muy asustado, pasó mucha hambre y sus labios resecos de sed; estaba destinado al sufrimiento. Llegó a los oídos de todos y hablaban de él. los que buscan informa­ción fueron a su encuentro, como si no conocieran un Zorro, empezaron a tomarle fotos por todos lados, de perfil y de frente: "¿De dónde eres?, ¿cómo te llamas?, ¿a qué has venido?, ¿con quién vives?, ¿tú no eres perro?, ¿quién te trqjo de los cerros?, ¿qui­sieras volver a los andes?”, ese tipo de pre­guntas llegaban a su oído.

Después que las noticias llegaron a los oídos de las personas responsables del cui­dado de los animales salvajes, inmediata­mente se apersonaron al lugar para captu­rarlo con sogas y otros instrumentos. Final­mente, con engaños lograron capturar al Zorro Run Run.

—Hay que protegerlo, la gente lo con­funde con el perro, lo llevaremos a un lugar seguro—, así diciendo, le colocaron una cadena de fierro en el cuello para amarrar­lo y lo encerraron en una caja para llevár­selo a su nuevo destino.

—No me lleven, voy a regresar a mi pueblo con mis propios pies, discúlpenme si cometí cualquier equivocación, por favor—, suplicaba el Zorro, con lágrimas en los ojos y el rabo entre las piernas; pero nadie hizo caso a sus súplicas.

No lo perdonaron, de todas maneras fue puesto en prisión, todos los expertos en leyes opinaban al unísono que el Zorro debe ser encerrado, que él no tenía por qué venir a la gran ciudad.

—No podemos dejarlo en las calles, la ciudad no es para él, debemos protegerlo, en libertad puede robar lo que sea, su vida está en el campo, que se le encierre—, lo sentenciaron.

Desde ese día para el Tío de los andes, empezó la desgracia, se encontraba cada día muy triste, avergonzado con una cade­na puesta, con el hocico entre las piernas y la mirada al suelo, no sabía cómo salir de esa jaula que lo atormentaba. Nadie se compadecía de él, solo un grupo de abuelas y abuelos, quien sabe procedentes de la tierra del Tío, se acercaron con mucha pena, en eso un anciano dijo:

En qué desgracia caíste Zorro Run Run, Tío del Altipampa, acaso por haber llegado a la gran ciudad para decir que aún existes, o queriendo hacerte sentir que aun resistes a pesar de todo, o tal vez vinis­te a ablandar los corazones duros de los hombres que pueblan esta tierra. Habien­do llegado libre, con tu corazón bondado­so, te tropezaste con tus verdugos que, por cientos de años, crían el odio contra ti. Te miran con distintos presentimientos, de pena y de rabia o de lástima y odio.

Con los ojos vendados con una vieja chalina, sus patas atadas con las fajas de las mujeres, doce policías se lo cargaron en un carro viejo hacia otro destino.

El acusado de roba gallinas fue ence­rrado en un canchón hecho con rejas de fie­rro oxidado, con mallas eléctricas para que no pueda escapar, existía mucha seguri­dad de día y de noche. Era imposible salir de ese lugar, así empezó su eterno cauti­verio. Solo, solito afrontó su pena, por las noches no podía conciliar el sueño, no dormía, sentía que la cabeza le explotaba y le daba vueltas.

Las personas que cuidaban a los ani­males silvestres, de vez en cuando, le arro­jaban a su canchón carne en estado de descomposición, él no tenía hambre, o no sen­tía si tenía hambre o no, tampoco llegaba a su boca ni una gota de agua. En su sano juicio solo quería libertad, nada más que ¡Libertad!

Al no poder salir en libertad, la muer­te rondó por su cabeza, lamentaba en todo momento por haber bajado desde los andes a la ciudad. —A qué habré venido a esta gran ciudad—, se decía.


RUN RUN hizo noticia

Como si fuera un ser raro, a diario se acercaban a mirarlo los que nunca habían visto un Zorro. Le miraban por delante y por atrás, de frente y de perfil; perseguían sus pasos, y hasta le quitaron sus sueños. Solo y sin nadie en el mundo, se sen­tía encarcelado cual delincuente peligroso, o como si fuera un asesino. Con las orejas caídas y la nariz reseca se veía consumado por las penas de esta vida.

No hay mal que sea eterno, las abuelitas de buen corazón llegaron a su encuen­tro. El Tío estaba, totalmente demacra­do, moribundo, sin fuerzas y sin esperan­zas de poder sobrevivir. Ellas lloraron de pena, se acongojaron y empezaron a ento­nar himnos de la vida:

Zorrito Run Run, Run Run Tío.

Tío del Altipampa, hijo de los apus3 sagrados, ser silvestre de corazón fuerte, hijo del Viento libre. Resiste, ya no sufras más, pídele sus fuerzas al Apu Illimani, suplícale al Apu Sanqantay, no te olvides de nuestra Pachamama, ella te liberará del fuego o del agua.

Levántate con fuerza, no te dejes ven­cer con la muerte, los zorros de nuestro altiplano que bajaron más antes que tú ya están atizando fogatas de liberación. Una mañana, desde muy temprano, antes raye el alba, antes que salte el Lucero del Amanecer, con la fuerza de nuestro Padre Sol han de llegar para liberarte.

Ese día se terminarán para siempre las penas, los sufrimientos y la mala vida.

El canto de las abuelitas, poco a poco fue contagiando el sentir de las personas que al inicio solo observaban, como si la lluvia suave remojara sus corazones duros sentían unos y otros. Uno tras otro. los meros observadores se sumaron a cantar el himno de la vida.

¡Fuerza Zorrito Run Run! ¡Fuerza!

No te dejes vencer por la muerte, recuérdate de nuestros apus y deidades, ellos están para ayudarte. Pide también la ayuda de nuestra Pachamama.

Los zorros de arriba ya están llegan­do, y los zorros de abajo ya están cerca también:

¡Pronto te han de liberar Tío Run Run! ¡De una vez saldrás libre de tu cautiverio!

Así de esta manera, el sufrido Zorro, con la barriga seca y vacía, con las costi­llas flacas que se notaban de su cuerpo, poco a poco empezó a levantarse, miran­do al suelo y con lágrimas en los ojos, — ¡Waq, waq waqaq, waqaq!—, empezó a aullar; como si acaso pidiera su ayuda a la Pachamama.

De nuevo se puso de pie, recuperándo­se con más fuerzas, con la cabeza mirando hacia el cielo, abrió la boca:

—Awawawwwww, awawayyyyy—, empezó a aullar.

Al día siguiente, en todos lados comen­taban que el Zorrito Run Run ya fue libe­rado, que ya está de regreso al lugar de donde provenía, así comentaba la gente.

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1. Leoncio Sejje Mamani es un intelectual huancaneño comprometido con su cultura e impulsa la educación bilingüe en el Altiplano.

De 57 años, señala que en la concepción aimara “tenemos una cercanía con todos los seres que están a nuestro entorno”. En Huancané al norte del Lago Titicaca, al zorro se le llama “Tibula”, es decir tío, y es el que anuncia cosas y siempre cae en desgracia.

2. “Misti”, apelativo que ponen los indígenas a los hijos de los europeos nacidos en los países andinos.

3. “Apu”, cerro o montañas representativas de los andes que son considerados como dioses protectores de cada comunidad.

9 comentarios:

  1. Felicitaciones Leoncio, que sigan los éxitos

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  2. Como no recordar, saludar y felicitar a un gran maestro. Excelente producción con gran mensaje Felicitaciones maestro Leoncio,

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  3. Leoncio, felicitaciones.

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  4. Gran maestro, siempre compartiendo grande enseñanzas. Felicitaciones maestro Leoncio.

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  5. Felicitaciones maestro Leoncio a seguir publicando grandes enseñanzas para nuestro futuro

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  6. Felicitaciones hermano, por el gran escritor que es usted

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  7. Felicitaciones Profesor Leoncio que sigan los éxitos y siempre humilde Diosito le de mucha sabiduría.

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  8. Galdino Robinson Ordoñez Payano22 de diciembre de 2022, 17:04

    Felicitaciones profesor Leoncio!

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  9. Felicitaciones, jilata Leoncio, aski khusawa lup'iñataki.

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