CUANDO HABLA LA SANGRE
Por Gustavo
Espinoza M.
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ueron
32 los cubanos caídos en Caracas en las primeras horas del sábado 3 de enero, y
24 los combatientes venezolanos que los acompañaron en lo que fuera una partida
definitiva y heroica. Ellos cayeron defendiendo la soberanía de un Estado
Latinoamericano y la vida de un presidente constitucional acosado por el
Imperio.
Los
agresores usaron todo: misiles, bombas, granadas de guerra, balas, y dispararon
contra todo. Incluso contra un retrato de Bolívar, que encontraron al paso. Lo
hubieran matado si lo hallaban vivo.
Sobre
el número de caídos en esa circunstancia no hay un número preciso. Donald Trump
aludió a una cifra más alta: 80; y Diosdado Cabello, el titular del Interior en
el gobierno bolivariano, dijo que eran 100.

Esta parejita... pisotea el derecho internacional
Es posible incluso que esa cifra sea inferior a la real, y que con el paso de los días, se incremente el número de personas -militares y civiles- que perdieron la vida en un operativo construido sobre la base de una deleznable mentira. Pero habrá que contar también a los heridos, que fueron casi mil, y muchos de los cuales quedaron baldados para siempre.
Hoy
se sabe, en efecto, que el “Cártel de los Soles” no existe, y
nunca existió; y que Nicolás Maduro -el presidente constitucional de Venezuela-
fue acusado falsamente de liderarlo tan sólo para dar sustento a un operativo
criminal que tuvo lugar en la ciudad de Caracas en las primeras horas del
sábado 3 de enero.
El
asunto es serio no solo por lo que implica en términos políticos, sino también
por el desenlace natural que deriva de su ejecución: los muertos, fueron
asesinados y quien lideró la acción que puso fin a sus vidas resulta ser,
entonces, simplemente un asesino. Pero, además, la víctima política del
hecho termina siendo un hombre inocente.
Nicolás
Maduro Moros debe ser puesto en libertad, devuelto a Venezuela y
restituido en su función gubernativa. Al menos, eso es lo que debiera ocurrir,
de acuerdo con el sentido común, y en apego estricto a la verdad y a lo que
regula el Derecho Internacional.
En
el camino quedarán expuestos los gonfalonieros del Pentágono, los
propagandistas del Imperio que contaron desde hace varios años el cuento aquel
del Cártel proscrito y del liderazgo apócrifo. Y en ese paquete. Mavila
Huerta y Milagros Leiva, que, unidos a Guillermo Thorndike,
Aldo Mariátegui y Cecilia Valenzuela, no se cansaron nunca de repetir el
mismo sonsonete y que ahora callan en torno a él, sin sonrojarse.
Al
ridículo, como se sabe, se sumaron los 73 congresistas que hace pocas semanas
aprobaron una rutilante “Moción de Orden del Dia” patrocinada por Rospigliosi
y Muñante, declarando a ese “Cártel” incoloro, inodoro e insípido como ”principal
amenaza contra nuestra democracia” y al Presidente de Venezuela
como su conductor indiscutible. Y, por si fuera poco, el
señor José Jerí -desde Palacio de Gobierno- se sumó a ese
corifeo dando vergüenza al mundo.
Hoy
el señor Donald Trump se ha declarado una suerte de “Rey del hemisferio
occidental”, asegurando que sobre sus dominios jamás se pondrá el sol.
Por lo pronto, ya nombró un Virrey que asumirá la administración a su cargo y dispuso,
mediante un edicto, la anexión de Venezuela a la que considera no una estrella
más en su firmamento, pero la coloca tras los barrotes de su bandera. Cárcel
para ella.
El
señor Trump no tiene la menor idea de lo que es una República. Ni conoce
tampoco los conceptos de Independencia y Soberanía. Se siente “descendiente
natural” de James Monroe, pero no se da cuenta que al frente tiene a los
venezolanos, que son descendientes naturales de Simón Bolívar. Ahí esta la
diferencia. Y su vocabulario es extremadamente reducido porque -como se sabe-
es un hombre de pocas palabras, sólo que las repite muchas veces:
“petróleo”, “ganancias”, “intereses”.
Ha
decidido, entonces, quién se queda con el oro negro de Venezuela. Pero
también ha resuelto que “le comprará” el petróleo que necesite y que, con esa
plata, Venezuela sólo podrá comprarle a él, otros productos elaborados por los
Estados Unidos. En buen romance, no pagará en dinero, sino en especies. Por
cada barril de petróleo, entregará una lavadora Made In USA
Pero,
además, Venezuela no podrá comerciar con Rusia, ni con Cuba, ni con China, ni
con Irán. No tendrá siquiera -como se tuvo en los años de la Colonia-
un “Navío de Permiso” para comerciar con terceros.
Pero,
además, ha dicho el cancerbero de la Casa Blanca, que está listo para “destrozar
Cuba”, ocupar Nicaragua y “gobernar” México, además de doblegar a
Colombia, claro.
| Jeri: "era necesario el secuestro" |
Pero,
además, este fin de semana ha debido soportar masivas jornadas libradas por
centenares de miles de manifestantes en 2,520 ciudades de los Estados Unidos y
en las que se expresó el masivo rechazo de la población por la “guerra” que ha
inventado contra Venezuela.
Adicionalmente
tuvo también que conocer la protesta multitudinaria de la población por los
alevosos crímenes cometidos contra los migrantes, como el ocurrido en el caso
de Renée Nicole Good, la mujer de 37 años asesinada cruelmente el
pasado miércoles 7 en la ciudad de Minneapolis.
Pero
tiene, adicionalmente otros dos procedimientos judiciales que lo agobian. En
uno, los Magistrados lo han encontrado fundadamente culpable de la comisión de
alevosos delitos de estafa, y le han iniciado ya procesos de incautación y
embargo de bienes personales y patrimoniales por valor de más de 500 millones
de dólares.
Y
el otro, moralmente más grave aún, está vinculado a las fotos del archivo
de Jeffrey Epstein y en las que aparece Donald Trump rodeado
de muchachas a las que abusara sexualmente. Por eso lo acusan de Pedofilia.
34
procesos penales están pendientes ante el señor Donald Trump por diversos
delitos. No se trata de delitos menores, ni de procesos simplemente larvados,
sino de episodios de la vida judicial norteamericana que han ocupado ya el
interés de importantes cadenas de la comunicación norteamericana.
Para
que la opinión pública no los conozca ni se ocupe de ellos, ataca brutalmente a
un país soberano y secuestra a su presidente y a su esposa.
Y para que no lo juzguen los tribunales ordinarios, hace que hable la sangre y mata. En otras palabras, se consagra de asesino. <+>
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