viernes, 9 de enero de 2026

HILDEBRANDT TIENE SU OPINION PERSONAL SOBRE ACONTECIMIENTOS EN VENEZUELA

 EL DÍA EN QUE AMÉRICA LATINA

DEJÓ DE EXISTIR

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 764, 9ENE26

S

e ha quedado Nicolás Maduro en Venezuela. Tiene la cara de Delsy Rodríguez, las faldas de Delsy Rodríguez, la vocecita de Delsy Rodríguez, pero es un Maduro trans y actualizado.

Diosdado Cabello no ha necesitado pasar a la clandestinidad. Allí está dando órdenes teatralmente épicas y denunciando la intervención militar que lo ha ratificado en el cargo. Es socio de facto de los Estados Unidos y habla como si no lo fuera. Está de huachimán de la factoría ajena y se viste de general resiliente.

Es como si los gringos les hubieran dicho a los chavistas zombis salidos del bombardeo: digan lo que quieran, simu­len cuanto quieran, aparenten lo que más les convenga, pero obedezcan. Y a la hora de vender el petróleo, que ya no es de ustedes, los que llevamos las cuentas y las actas somos nosotros, los de Washington.

Estados Unidos secuestró a Venezuela y Venezuela finge ahora que no está sometido. El madurismo, al final, era una banda, un pragmatismo armado, una leyenda podri­da. De Chávez no quedaba nada sino una efigie que servía de coartada. Del socialismo del siglo XXI quedaron fac­turas sin pagar, brigadas de asesinos, miseria repartida a domicilio, privile­gios para la casta militar y partidaria.

Pero todo esto era un asunto de los venezolanos, un problema que ellos debían afrontar desde la entraña misma de su indignación. Ese fue el destino elegido por los rumanos cuando se alzaron con­tra Ceaucescu, pusieron contra la pared a sus militares y fusilaron a la pareja presidencial. Este fue el camino que elegimos los peruanos cuando nos trajimos abajo la maloliente administración de Fujimori después de más de diez años de vergüenza.

Pero los Estados Unidos han actuado con la convicción de que América Latina es un archipiélago de voluntades rotas y liderazgos de pacotilla. Han actuado no en nombre de la doctrina Monroe, que ahuyentaba a los europeos y los disuadía de cualquier apetito en estas tierras, sino estrictamente en nombre de la vieja voracidad imperial que considera este subcontinente suyo y que plantea que cualquier discusión sobre eso se resolverá de noche y con armas.


América Latina ha dejado de existir como referente des­pués de lo sucedido. Estados Unidos le ha demostrado al mundo que puede procrear una colonia bajo la extorsión de sus armas y aliándose con quienes de­bían haber muerto en la resistencia. Cuando Napoleón Bonaparte invadió España en 1808 lo hizo a traición y con el pretexto de que el absolutismo borbónico era un obstáculo para el progreso de Europa. Pero Napoleón se encontró con la guerra de los seis años, guerra que terminó perdiendo y que fue el comienzo de su final. En Venezuela, murieron los cubanos que eran el primer anillo de seguridad de Maduro y unos cuantos venezolanos misileados. La burocracia militar del socialismo del siglo XXI hizo sonar los talones, se cuadró ante el agre­sor y ahora se dispone a cargar bar­cos con petróleo que la Casa Blanca venderá a precios internacionales. Lo que se recaude y sea la cuota corres­pondiente de Venezuela (en ningún caso más del 50%) servirá para que el país de Bolívar compre exclusivamente mercancías de los Estados Unidos.

América Latina es ahora el Macao de los traficantes es­clavistas portugueses, el África de los belgas leopoldinos, la China de la guerra del opio, la Guatemala de la United Fruit. Y su prensa se parece más que nunca a madame Du Barry, la mujer que Luis XV conoció en un burdel. <+>

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