EL DÍA EN QUE AMÉRICA LATINA
DEJÓ DE EXISTIR
César Hildebrandt
En
HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 764, 9ENE26
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S |
e ha quedado Nicolás Maduro en Venezuela. Tiene la
cara de Delsy Rodríguez, las faldas de Delsy Rodríguez, la vocecita de Delsy
Rodríguez, pero es un Maduro trans y actualizado.
Diosdado Cabello no ha necesitado pasar a la
clandestinidad. Allí está dando órdenes teatralmente épicas y denunciando la
intervención militar que lo ha ratificado en el cargo. Es socio de facto de los
Estados Unidos y habla como si no lo fuera. Está de huachimán de la factoría
ajena y se viste de general resiliente.
Estados Unidos secuestró a Venezuela y Venezuela finge
ahora que no está sometido. El madurismo, al final, era una banda, un
pragmatismo armado, una leyenda podrida. De Chávez no quedaba nada sino una
efigie que servía de coartada. Del socialismo del siglo XXI quedaron facturas
sin pagar, brigadas de asesinos, miseria repartida a domicilio, privilegios
para la casta militar y partidaria.
Pero todo esto era un asunto de los venezolanos, un
problema que ellos debían afrontar desde la entraña misma de su indignación.
Ese fue el destino elegido por los rumanos cuando se alzaron contra Ceaucescu,
pusieron contra la pared a sus militares y fusilaron a la pareja presidencial.
Este fue el camino que elegimos los peruanos cuando nos trajimos abajo la
maloliente administración de Fujimori después de más de diez años de vergüenza.
Pero los Estados Unidos han actuado con la convicción de que América Latina es un archipiélago de voluntades rotas y liderazgos de pacotilla. Han actuado no en nombre de la doctrina Monroe, que ahuyentaba a los europeos y los disuadía de cualquier apetito en estas tierras, sino estrictamente en nombre de la vieja voracidad imperial que considera este subcontinente suyo y que plantea que cualquier discusión sobre eso se resolverá de noche y con armas.
América Latina ha dejado de existir como referente
después de lo sucedido. Estados Unidos le ha demostrado al mundo que puede
procrear una colonia bajo la extorsión de sus armas y aliándose con quienes debían
haber muerto en la resistencia. Cuando Napoleón Bonaparte invadió España en
1808 lo hizo a traición y con el pretexto de que el absolutismo borbónico era
un obstáculo para el progreso de Europa. Pero Napoleón se encontró con la
guerra de los seis años, guerra que terminó perdiendo y que fue el comienzo de
su final. En Venezuela, murieron los cubanos que eran el primer anillo de
seguridad de Maduro y unos cuantos venezolanos misileados. La burocracia
militar del socialismo del siglo XXI hizo sonar los talones, se cuadró ante el
agresor y ahora se dispone a cargar barcos con petróleo que la Casa Blanca
venderá a precios internacionales. Lo que se recaude y sea la cuota correspondiente
de Venezuela (en ningún caso más del 50%) servirá para que el país de Bolívar
compre exclusivamente mercancías de los Estados Unidos.
América Latina es ahora el Macao de los traficantes
esclavistas portugueses, el África de los belgas leopoldinos, la China de la
guerra del opio, la Guatemala de la United Fruit. Y su prensa se parece más que
nunca a madame Du Barry, la mujer que Luis XV conoció en un burdel. <+>


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