domingo, 4 de enero de 2026

ESCRITORES PUNEÑOS NOTABLES

 ALBERTO CUENTAS ZAVALA.

LETRAS EN LA MEMORIA

César Machaca Escobar

En PUQUINA QUTA Suplemento de LOS ANDES Nº 12

L

a vida de Alberto Cuentas Zavala se caracterizó por una profunda identificación con la cultura y la historia regional, así como por su filiación políti­ca con el APRA. Su trayectoria intelectual, de carácter auto­didacta y enciclopédico, lo llevó a constituirse en un icono de la contracultura universitaria en San Fernando de la universidad decana de América. Sus conferencias las realizó en Cusco, Arequipa y Bo­livia.

En efecto, este itinera­rio intelectual le permi­tió dejar «las letras en la memoria». Entre su producción bibliográfi­ca, en el presente texto solo se abordan CHUCUITO. ÁLBUM GRÁFICO e HISTÓRICO, publicado por la editorial Opinión Pública (1929, Lima) e ÍDOLOS, SANTUARIOS Y ADORATORIOS, editado por la editorial Los Andes (1969, Puno).

Chucuito. Álbum gráfico e his­tórico ofrece una descripción detallada de las primeras fa­milias y de los mercaderes que abastecían de productos a los habitantes de llave. Asimismo, aborda la construcción del puente como una vía de co­municación fundamental, una verdadera arteria que superó el obstáculo de la incomuni­cación y facilitó el intercambio comercial, el movimiento eco­nómico, la conectividad y el transporte. El texto da cuenta también del expendio de pro­ductos básicos para la subsis­tencia de los lugareños.

Otro aspecto relevante es la llegada de la educación adven­tista a Pilcuyo, en un contexto donde la tierra se encontraba concentrada en manos de unos pocos. Las condiciones eran adversas debido al contexto político de los gobiernos nacionales y a la actuación de sus representantes locales, de carácter conservador y elitista. El acceso a la escolarización y a la alfabetización se hallaba prácticamente proscrito.

Las ferias, el transporte y la idiosincrasia de la población no eran ajenos a la cultura aymara; por el contrario, persis­tían las formas tradicionales de intercambio mediante el trueque, el pago en especie y con dinero. Las autoridades lo­cales reprochaban estas activi­dades económicas con el argu­mento de su carácter informal, con el propósito de evitar que Pilcuyo alcanzara la categoría de distrito. El traslado se rea­lizaba mayoritariamente a pie, debido a la escasa movilidad existente, circunstancia que contribuyó a la conservación de las prácticas culturales propias.

De este modo, el autor prioriza la historia local no solo con fi­nes descriptivos, sino también interpretativos, al analizar el proceso histórico desarrolla­do en las pampas de llave. En la actualidad, muchos de los cambios observables son el resultado de dinámicas cultu­rales y de políticas implementadas por las entidades del Estado. En este marco, quie­nes dirigen la administración municipal asumen la respon­sabilidad de desplegar labores de gestión y administración orientadas a mejorar la calidad de vida de la población.

En ÍDOLOS, SANTUARIOS Y ADORA­TORIOS, obra publicada bajo la edición de Samuel Frisancho Pineda, el autor reúne mate­riales producto de la investi­gación etnográfica y de una postura claramente definida frente a la cultura andina. Ello implica un análisis del sincretismo religioso y de la superposición de creencias, eviden­ciada en la presencia de la cruz sobre los Apus. Además, se describe la historia local y las creencias de las localidades de llave, Juli, Pomata, Yunguyo, Zepita, Desaguadero, Huacullani, Pizacoma, Santa Rosa y Pilcuyo.

En particular, respecto a Pilcuyo, el relato sobre el ave «pill­co» y su relación con el topó­nimo del distrito se aproxima a una explicación etimológica que requiere ser cotejada con crónicas, documentos históricos, fuentes lexicográficas y testimonios orales. Asimismo, se aborda el trabajo clandesti­no de Manuel Z. Camacho, el cual se afianzó con la llegada del protestantismo y de una propuesta educativa orienta­da a disminuir el consumo ex­cesivo de coca y alcohol, prác­ticas asociadas al rezago histórico de la mita minera.

La intención de un sector de seguido­res del protestan­tismo de desconocer la religión local formaba parte de una perspectiva homogenizante. Esta situación exi­ge una relectura crítica basada en la reflexión y la deconstrucción, sin negar la len­gua, la idiosincrasia ni la identidad cultural. Frente a este escenario, destaca la figura de Marcelino Lupaca, quien respaldo la educación y confrontó tanto el dominio local como el autoritarismo de quie­nes ejercían cargos de poder.

El proceso de democratización del acceso al servicio educativo fue limitado, pues solo benefi­ció a un sector de la población, restringiendo las posibilidades de los habitantes del medio ru­ral. La religión oficial, a través de sus representantes burocráticos, persiguió a quienes promovían el espíritu educati­vo. Tal es el caso del promotor y pionero de las reformas de la educación rural en Latinoamérica, Manuel Z. Camacho. En este contexto, la tierra y la educación se constituyen en dos fuentes de resistencia que la población preserva para mejorar sus condiciones de vida. <>


En templo Santiago de Pomata


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