NELSON MANRIQUE
por Nelson Pereyra
Jornada,
Ayacucho, 15 de enero de 2026: https://jornada.com.pe/in-memorian-nelson-manrique-opinion/
|
E |
l
inicio de semana trajo la noticia del fallecimiento de Nelson Manrique.
Sociólogo, historiador y docente universitario, fue una figura ampliamente
conocida en el mundo intelectual y en la opinión pública, gracias a sus
investigaciones y a sus columnas en “Perú21” —cuando el diario era dirigido por
Augusto Álvarez Rodrich— y en “La República”.
Lo
conocí en 2001, cuando fue mi profesor de Historia Contemporánea en la
Universidad Católica. Desde entonces construimos una sincera amistad, tejida en
torno a un interés común: el estudio del pasado como clave para comprender el
presente.
En
su afán por reivindicar a los campesinos como protagonistas de la historia,
Manrique elaboró una extraordinaria tesis sobre la guerra con Chile en el valle
del Mantaro. En ese trabajo —publicado en 1981, con ocasión del centenario del
conflicto— sostuvo que los campesinos combatieron contra los chilenos movidos
por un sentimiento nacionalista. Con esta tesis, Manrique sostuvo una ardua
polémica con cierta tradición marxista que los consideraba como integrantes de
una clase “tradicional y contrarrevolucionaria”. Por ello, es injusto que se le
juzgue como un “comunista resentido” cuando cuestionó el marxismo ortodoxo que
destiló racismo hacia el campesinado.
Precisamente, al investigar la historia del país, Manrique advirtió que las relaciones entre los distintos grupos sociales se asentaban en un persistente racismo hacia la población indígena, racismo que se manifestó con crudeza durante el conflicto armado interno. De allí —según su análisis— la brutalidad que Sendero Luminoso desplegó contra comunidades campesinas, así como la dura represión ejercida por las Fuerzas Armadas en la sierra. Para Manrique, este racismo, visible por ejemplo en la relación entre hacendados y campesinos, tuvo un origen colonial: surgió con la conquista, cuando los españoles aplicaron en los Andes las categorías raciales que usaron contra los musulmanes durante la Reconquista de la península ibérica. En consecuencia, el racismo no era para él un fenómeno circunstancial, sino un problema estructural que atraviesa quinientos años de experiencia histórica y llega hasta nuestros días.
Sin embargo, para Manrique lo más preocupante del racismo no es la discriminación en sí misma, sino la existencia de una ideología racista que conduce a la interiorización y naturalización de las diferencias, haciendo que unos seres humanos sean considerados superiores a otros. Si en la Colonia esta ideología se legitimó a través de la religión, desde el siglo XIX lo hizo mediante el discurso científico evolucionista. Hoy, lamentablemente, se ha convertido en una práctica tan común que alcanza incluso al más sereno de los peruanos: rechazamos conscientemente el racismo, pero en la vida cotidiana discriminamos sin advertirlo.
Manrique no solo estudió esta falla estructural de nuestra sociedad, sino también las transformaciones introducidas por la virtualidad. En uno de sus libros más didácticos, “La sociedad virtual y otros ensayos”, sostuvo que la producción posindustrial e Internet han generado cambios profundos en la organización social, al punto de dar lugar a una sociedad virtual paralela a la sociedad real, regida por un tiempo digital y caracterizada por nuevas formas de sociabilidad y de vínculos sociales. Si a inicios del siglo XXI esta sociedad virtual emergía por debajo de la sociedad real, hoy tiende a desbordarla y a ocupar todos los espacios de la vida social.
En
sus textos y columnas de opinión, Manrique procuró encarnar la figura
gramsciana del intelectual comprometido: aquel que no solo construye nuevas
interpretaciones del entorno, sino que contribuye a transformarlo desde la
cultura y la educación. Sin duda, su voz y su pluma serán extrañadas en este
año que se inicia con una campaña electoral en medio de una prolongada crisis
política y de una profunda anomia social.

No hay comentarios:
Publicar un comentario