SEGUIREMOS PELEANDO
César Hildebrandt
En
HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nª 765, 16ENE26
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E |
l Perú entero es un
rehén de la mafia.
Y los mafiosos han
decidido que el delincuente que actúa como Fiscal de la Nación desactive los
equipos que venían investigando a sus socios (o a ellos mismos, en algunos
casos).
Un Poder Judicial
adocenado decide que el caso cócteles ya no existe y que los millones de soles
que se disfrazaron de donaciones fantasmales jamás pasaron a las manos de Keiko
y su pandilla.
Es el país de González
Prada, el país de la herida infectada y la pus invencible. La mafia siente que
ha ganado y lo pregona en su prensa, lo celebra en su tele, lo dispersa en sus
radios, lo cuenta en las columnas infames de sus escribidores.
Y tienen razón: han
ganado. Es su momento de gloria lodosa, de victoria hedionda, de bacanal y
bividíes colgados.
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| Mechain en PERU21 (fragmento) |
Ya no somos un país
camino al abismo. Somos el abismo. Somos lo que le pasa a una sociedad sometida
a la demolición de los valores. Somos lo que sucede cuando la anomia es la ley.
La limpieza nos incomoda, el respeto al prójimo representa un estorbo, la
pulcritud de las instituciones que sostienen a la democracia nos resulta un
problema de gobernanza mañosa. Somos la cosecha de quienes sembraron la idea de
que aquí todo vale. De esa siembra ha nacido el matorral que somos. En su
tumba, Alberto Fujimori debe estar orgulloso: el país que él quiso está aquí,
el control con el que soñó se ha repetido, el Perú es el califato de cualquier
Absalón de su calaña.
Con el TC tomado, la
Defensoría del Pueblo en manos de un rufián, la Junta Nacional de Justicia bajo
captura, el poder electoral sometido a presión, el poder judicial plagado de
rabos de paja, el fujimorismo sociológico no necesita ganar las elecciones.
Tiene el Congreso, tiene al mequetrefe del chifa, tiene a la prensa
conservadora y tiene garantizado un parlamento bicameral donde, al margen de
los nombres de cada bancada, tendrá sumada mayoría y podrá continuar ampliando
el chiquero político que ya somos.
Lo de abril será una
pantomima y la derecha ya lo sabe. De allí esos aires de arrogancia, ese tufo
de perdonavidas, ese escueleo desdeñoso de sus abogados más exitosos.
Ante esto, sólo cabe
seguir luchando. No importa lo difícil que parezca, lo inútil que en el fondo
sea, lo asimétrica que se presente la batalla. El sur andino no es Lima y en
muchas provincias de la costa hay señales de hastío radical. Tendremos que
recordar al taita Cáceres y su campaña de resistencia ante el invasor. El
parentesco con la campaña de La Breña no es arbitrario ni loco: vamos a tener
que librar una guerra de guerrillas contra gente que dice actuar en nombre del
Perú pero que adora a Bukele, se inclina ante Trump, se encomienda a Milei,
aprueba el genocidio de Gaza, celebra el bombardeo y secuestro de Venezuela y
aceptaría -estoy seguro- que Chile decidiera qué política optar en el caso de
la migración venezolana. Tienen tenue la peruanidad, pálido el pasaporte,
camaleónica la identidad. El Perú, para ellos, sigue siendo Potosí. El problema
es la cholería alzada y para eso hay harta bala, un montón de columnistas
hablando del orden y el progreso, coartadas de calibre 9 milímetros.
Lucharemos hasta que no
nos quede voz o papel. Que la derecha se vaya enterando. Tenemos la vaga
esperanza de que algún día el Perú dejará de huir de la decencia. <+>

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