ESTÚPIDO
César Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN
SUS TRECE Nº 763, 23ENE26
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E |
scuchar a José Jeri en el congreso intentando
explicar lo que no tiene explicación conduce a una conclusión breve y limpia:
El señor que finge ser presidente pero que es conserje de la mafia, padece de estupidez.
El problema con los estúpidos es que siempre son mayoría
y tienen público de sobra. El problema con los estúpidos en el Perú es que son
ahora mayoría aplastante y se avalan entre si o se defienden entre ellos de un
modo fulminante, como hizo el presidente del Consejo de Ministros con el
enmascarado de Palacio.
Jerí dice que no recuerda a quién gritaba por teléfono
el día que fue al almacén clausurado “para comprar caramelos”. Dice que el
chino del chifa servía la comida pero tenía dificultades con el castellano,
cuando lo cierto es que la embajada lo tiene registrado como traductor oficial
del castellano. Y dice que no sabía que el local de Zhihua Yang estaba cerrado
por orden municipal cuando había tres letreros grandes en la puerta anunciando
el suceso. Así son los estúpidos.
Jerí es un encapuchado que ya probó lo que es
obtener plata haciendo de mediador de proyectos públicos. Como lo demuestra
César Acuña, para robar no se requiere de talento alguno. Jerí es lo que sale
cuando en una licuadora metes a Patricia Li y varias piezas carnosas y
deshuesadas de codicia y viertes luego el contenido en una olla que pones a
hervir en el fuego lento de los presupuestos, las obras por impuestos, los
decretos de urgencia, las licitaciones amañadas, las viviendas de interés
social que cuestan medio millón de soles. Ese caldo humeante es la dieta
preferida de hombres como Jerí y el menú añorado por quienes lo imitarían
fácilmente si llegaran a ocupar algún cargo de importancia y con acceso a la
alcancía del Estado. Ese es su club de fans.
Jerí representa la tragedia del Perú. Fuimos alguna
vez un país con líderes y partidos políticos, con personalidades de alcance
internacional metidas en el oficio de administrar el Estado. Fuimos también la
tierra de Mariátegui, Haya de la Torre, Riva Agüero. Hoy somos lo que vemos:
alguien, desde su balbuceante taradez, le dice a la gente que va a comprar
golosinas a la guarida de un chino con negocios oscuros y problemas diversos.
Ese tarado presunto preside el país en ruinas que tiene la marca mundial de
presidentes encarcelados por corrupción y el récord internacional insuperable
de aspirantes a la presidencia de la república.
Pero ese tarado complacido en su espectáculo de
autodestrucción es necesario para que Keiko Fujimori y César Acuña sigan
gobernando mientras simulan que no lo hacen. Es imprescindible para que todo
siga igual y las elecciones sean la fiesta conservadora que termine en una
nueva versión de la reincidencia.
Porque de eso se trata el asunto: que en abril las
cosas no se salgan de control y la garúa excrementicia que nos cae desde hace
años siga salpicándonos. Si el Congreso no echa a Jerí es porque Jerí
representa al Congreso y a la alianza viciosa que gobierna.
Yo respeto la investidura presidencial. Por eso no
respeto a Jerí. Yo respeto la Constitución. Por eso digo que el Tribunal
Constitucional está plagado de forajidos.
Yo respeto la Fiscalía. Por eso digo que alias Fiscal
de la Nación es el impostor que la mafia nos ha impuesto.
Yo respeto la Junta Nacional de Justicia. Por eso
digo que la actual JNJ está moralmente descalificada por haber sido engendrada
por el fujimorismo.
Yo respeto la Defensoría del Pueblo. Por eso no
puedo sino condenar a quien detenta hoy su jefatura.
En suma, yo respeto y amo al Perú. Por eso odio lo
que ha hecho de él la mafia que nos manda y ensucia. <+>
MONSTRUO
César Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN
SUS TRECE Nº 767, 30ENE26
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H |
a llegado el monstruo, pero el monstruo ya estaba
aquí.
El Monstruo no es un delincuente impío. Es lo que
hemos hecho con el país.
Somos monstruosos porque hemos aceptado que nos
gobierne el hampa y porque simulamos que las elecciones convocadas por ese
conjunto de alias con curul serán una salida a esta crisis que asfixia y
envilece.
Monstruoso no es que las cosas degeneren. Monstruoso
es que a nosotros nos parezca que la decadencia sea normalidad, que el Estado
incompetente y ladrón sea lo que Dios nos dio como regalo, que los partidos
políticos sean federaciones de atracadores al acecho.
Monstruoso es que hayamos aceptado que la SUNEDU ya
no fiscalice el nivel de la educación universitaria y que las leyes pro crimen
se hayan dado una tras otra en un escenario en el que la violencia y la
extorsión dinamitera nos tenían arrinconados.
No me asombra que el Perú sufra este derrumbe. Lo
que me deja perplejo es que la mayoría haya optado por acostumbrarse. Es la
dictadura del miedo, la somnolencia de las viejas servidumbres, la resignación
de quienes están convencidos de que del cielo vienen estos cánones.
También es monstruoso que en un país donde la
desigualdad es fundamento, haya una izquierda pálida que dejó de pensar y que
repite eslóganes con musgo y vende antigüedades. ¿Cuba no es un fracaso?
¿Ortega no es una caricatura? ¿El chavismo no fue un experimento suicida? No,
contestan los tristes bisnietos de Mariátegui. Nada está claro para ellos, toda
es la nube gris que nubla su camino, todo lo que callan procede del hábito que
Stalin impuso con su mano de hierro. Hablan en vinilo y cantan trovas que
pasaron de moda.
Monstruoso es que tengamos a Jerí, un hombre
destinado a llevarle el maletín a Patricia Li, como presidente de la
república. Mundialmente monstruoso es que en Davos se haya presentado el
proyecto para hacer de Gaza un balneario para ricos y de los palestinos martirizados
habitantes obligados de un campo de concentración bajo control tecnológico.
Monstruoso es este siglo en el que Europa abandonó toda aspiración de ser
ejemplo y monstruosa es la prensa que logra, con mucho éxito, que la gente
contraiga la adicción de no pensar. Monstruosas son las redes que colonizan el
cerebro de los jóvenes y los habitúan a ser felices viendo y oyendo coloridas
misceláneas de la nada.
Monstruosas son las derechas -incluida la peruana-
que ven en Donald Trump al hombre del futuro y no al delincuente internacional
que salta de liana en liana y tiene una excelente comunicación con sus hermanos
simiescos. Monstruoso es apostar en el Perú por el inmovilismo y la condena
perenne de los pobres. Y más monstruoso aún es prometer el orden
fujimorista como la tabla que nos sacará del voraz
remolino del naufragio. El orden de Fujimori fue mentir desde el origen,
arrasar con los derechos del trabajador, gobernar para los de arriba y viajar a
los pueblos paupérrimos a ofrecer obras menores. Si ese orden regresara, parte
del Perú -empezando por el sur andino- se alzaría. Quizá así tendríamos la
revolución francesa que no tuvimos.
Alias Monstruo ha llegado. No es un retorno: es una
redundancia. <>


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