sábado, 4 de febrero de 2017

REFLEXIONES EN TORNO A LA FESTIVIDAD

EL ARTE POPULAR COREOGRÁFICO
DE PUNO
Escribe : Guillermo Vásquez Cuentas
Acuarelas: Aurelio Medina, MOSHÓ
Desde hace aproximadamente doce mil años, la región altiplánica ha sido cuna y escenario de sucesivas culturas. Uros, Pukaras, Tiahuanacos y los señoríos o “reinos” aymaras, entre ellos los Lupaccas, Collas, Omasuyos, Pacajjes, Carancas, Callahuayas, Collaguas y otros, han ocupado distintos sectores de la gran Meseta del Collao en distintas etapas históricas. Como es natural, en cada uno de esos tiempos y en cada uno de esos espacios geográficos y sociales, se han ido creando, transformando o sustituyendo variedad de productos culturales.
Ese multifacetismo cultural aborigen, sufrió luego el embate de los procesos de aculturación y transculturación durante el Incario, la Colonia y la República. Como resultado de esos sucesivos choques, apoyado en la tradición, apareció un nuevo multifacetismo cultural sincrético, que como todo en la experiencia humana, va cambiando y adecuándose a los tiempos, aunque mantiene una formidable diversidad cultural forjada en un proceso histórico milenario.

Danza y música en el altiplano puneño
En ese bagaje cultural se han destacado con particular relieve, la música y la danza, tanto en forma independiente, como en la coreografía popular, es decir en la conjunción de ambas expresiones artísticas. Y es ésta forma participante y holística la que ha ganado mayor divulgación ante los ojos de los peruanos y extranjeros, aunque con limitaciones y claras desventajas frente a la difusión otras expresiones regionales de arte popular, como las de Junín o Ancash, debido a su procedencia fronteriza, a la secularmente postergación que Puno ha sufrido y aún sufre y a la lejanía de Puno respecto a los centros políticos y culturales de la capital de la República.
Esfuerzos aislados durante la segunda mitad del pasado siglo y parte de la primera, se concretaron en la organización y actividad continua de entidades dedicadas al cultivo de la música y las danzas puneñas. Tales entidades fueron (y algunas son) citadinas y localizadas en la ciudad de Puno. Algunas, como el conjunto Masías, la Agrupación Puno de Arte Folklórico y Teatro APAFIT, el Centro Musical y de Danzas Theodoro Valcárcel, Puno Andino y multiples “estudiantinas”, llevaron muestrarios del arte popular coreográfico a públicos capitalinos y de principales ciudades y algunos países (Chile, Bolivia, México).
La Festividad de la Candelaria ha ganado renombre en el exterior. Así lo atestigua la considerable cantidad de turistas extranjeros que asisten anualmente a ella. La impresión de placas fotográficas y la grabación de vídeos que viajan luego a diversas latitudes, son apreciados por cada vez más personas muchas de las cuales terminan visitando Puno para admirar el Concurso de Danzas Autóctonas, el Concurso de Danzas Mestizas (llamadas con supina huachafería como “de Trajes de Luces”) y la Gran Parada Folklórica y Veneración a la Virgen, certámenes que en cada caso duran todo un día y que son organizados todos los años por la Federación Regional de Folklore y Cultura de Puno, cuyas instituciones afiliadas pasan el centenar.

Como se ve el arte coreográfico puneño
La práctica de la coreografía popular puneña constituye sin duda, un fenómeno que no tiene parangón en otros departamentos del Perú, en los que si bien existen muchas y bellas estampas de las que todos debemos sentirnos orgullosos, no llegan sin embargo a las características de gran diversidad y numero, así como al cultivo permanente, masivo e institucionalizado a través de organizaciones sociales ad hoc, como ocurre en Puno.
José María Arguedas en un muy difundido, citado –y muy recurrido- artículo publicado el 12 de marzo de 1967 en El Comercio bajo el epígrafe “Puno, la otra Capital”, después de participar en la Festividad sentenció enfáticamente: “No creemos que exista en América un acontecimiento comparable, en cuanto a danzas y música, con la fiesta de la Virgen de la Candelaria de Puno” y agregó “En ninguna región del Perú y sin duda de América, pueden, encontrarse tan variadas y tantas danzas como en Puno”.
En la actualidad, familias íntegras, círculos de amigos y vecinos de barrio con no pocos invitados venidos de distintos lugares, se agrupan en torno a los conjuntos de danzarines que buscan mostrar, con creatividad e ingenio, el rico acervo cultural, musical y coreográfico a los visitantes nacionales y extranjeros.
Además de los casi 15 días de música y danza en la festividad de la Patrona de Puno, hay que tener en cuenta el nutrido calendario de actividades del mismo género que tienen lugar en todas y cada una de las provincias del departamento de Puno a lo largo de todo el año. También integran este extraordinario movimiento popular de danza y música, las fiestas de celebración de aniversarios, así como las “Paradas Folklóricas” organizadas en unos casos por universitarios, en otros por maestros de distinto nivel y los desfiles de alumnos de educación secundaria, primaria e inicial.


Puno en Lima
En Lima existe un movimiento institucional sólido dedicado al cultivo y exposición de la música y danza puneñas. Hace varias décadas la difusión de las manifestaciones coreográficas del altiplano, ya se habían mostrado al público limeño tanto en las visitas de “embajadas folklóricas” venidas de Puno y que se presentaron en los teatros más importantes del medio, como en la labor de asociaciones de puneños radicados en Lima, tales como “Cuerdas del Lago”, “Balseros del Titicaca”, “Los Hermanos Paniagua”, Centro Musical Puno, Estudiantina Brisas del Titicaca, Los Genios, Sariri y otros.
En nuestro tiempo, cabe mencionar a la Asociación Central Folklórica Puno, propietaria de un coliseo ubicado Ate, en el que domingo a domingo desfilan ante un público siempre numeroso, conjuntos de danza representando a sus numerosas entidades asociaciones. Por su parte, la Asociación Cultural Brisas del Titicaca, sin duda la más poderosa de las instituciones de puneños, mantiene un acreditado local en el cercado de Lima, en el cual se muestra el folklore puneño y peruano durante cuatro días a la semana. El Club Departamental Puno, tiene organizado un elenco de danzas que compite con los de otras entidades que cuentan con ellos, tales como la Asociación Puno de Arte y Tradición ASPAT y el conjunto “Altiplano” que hizo varias presentaciones en Europa.
En febrero de 2000 Canal N de Lima transmitió por primera vez en directo desde Puno las incidencias del Concurso de Danzas en Trajes de Luces, versión XXXVII.  Televidentes de la capital y de algunas ciudades del Perú pudieron apreciar a cerca de cuarenta y cinco mil personas, entre danzantes, músicos y directivos, entre los que se cuenta quince mil danzarines, mostrando el esplendor de sus coreografías. En la actualidad, esa estadística es mucho mayor.
Lucha por resistir el embate cultural exótico
La “globalidad” y la “modernidad”, como fenómenos notables de turno en la coyuntura mundial –sujetos como todo, al cambio y evolución-, traen consigo el peligro cierto de que las expresiones culturales nativas o vernáculas de las naciones puedan desaparecer o desvirtuarse de modo irreversible, por efecto de la gran presión que sobre la conciencia de los pueblos de todos los países subdesarrollados, como el nuestro, ejercen las potencias de occidente, valiéndose de los grandes avances alcanzados en la tecnología de las comunicaciones. Frente a esa posibilidad hay una lucha tal vez sorda pero intensa por resistirse a las tensiones aculturadoras que provienen de los países desarrollados.
Si la rica diversidad de manifestaciones culturales del arte popular de la región de Puno, que pertenece al Perú y al mundo, languideciera, desapareciera o se transformara -desvirtuando sus esencias-, en algo distinto a lo que es hoy, como parecería que viene ocurriendo desde hace buen tiempo, estaríamos frente a un descalabro sin precedentes en la cultura puneña y peruana.
En el Artículo 1° de la Ley N° 24325 promulgada el 5 de noviembre de 1985 se reconoció a la ciudad de Puno, como “Capital del Folklore Peruano”. Esa medida legislativa, significó en realidad el reconocimiento oficial que hizo la representación nacional vigente en ese momento histórico, en nombre de todos los peruanos, a la extraordinaria riqueza del arte coreográfico popular existente en el departamento de Puno.
Sin embargo, esa ley no ha representado en cuanto a sus efectos, mayores ventajas comparativas para ese departamento, más allá de un simple acto legal declarativo. Ese carácter puramente declarativo de la norma no ha contribuido a dinamizar la actividad artística popular del departamento de Puno y como tantos otros, ni ha traído beneficios tangibles para la promoción y salvaguardia del arte coreográfico en Puno.

¿Qué hacer?
Como resulta lógico, un primer aspecto de la solución al problema que se acaba de plantear, es buscar por todos los medios la permanencia de ese rico bagaje cultural.
Urge desarrollar un conjunto de medidas de diverso carácter, tanto por el Estado como por la sociedad civil, que confluyan en esa protección a su permanencia y legitimidad.
Postulamos la creación de un Instituto Puneño de Arte y Cultura Popular dependiente del Ministerio de Educación cuya misión no podrá ser otra que estudiar científicamente la gran diversidad de manifestaciones culturales de la región de Puno, para su registro, difusión y promoción de su cultivo y mantenimiento.
Es necesario que la República del Perú como Estado soberano proteja la cultura de su elemento constitutivo básico, cual es el pueblo, creador de esa cultura. Esa protección es tanto más necesaria y perentoria si se advierte que en una región de su vasto territorio como es la de Puno, se ha mantenido y desarrollado como producto de sus avatares históricos milenarios, un crisol de manifestaciones culturales de gran diversidad que debe preservarse para el Perú y la humanidad.
En el Artículo 21° de la vigente Constitución Política del Perú ha quedado establecida la obligación del Estado de proteger los objetos culturales por su calidad de patrimonio nacional.
El arte popular coreográfico de Puno, comporta no sólo los ritmos musicales distintos y la plástica expresada en los movimientos corporales, “figuras” o mudanzas propias de cada estampa coreográfica, danza o baile, sino que utiliza una serie muy amplia de elementos que van desde los instrumentos, la creación musical en sí, los atuendos o vestimenta y las tradiciones explicativas mismas sobre el origen de cada estampa, elementos que en conjunto reclaman protección legal.
El Instituto propuesto contribuiría notablemente al crecimiento de la actividad turística mediante la muestra permanente e intensiva del arte popular coreográfico. Cerca del 100% de los turistas nacionales que llega a Puno, lo hace por el aspecto “folklórico”, mientras que el 15% de los turistas extranjeros que llega a Puno lo hace por el mismo motivo.
Es posible predecir que la implementación progresiva de las acciones y medidas que se desprendan de la creación de un organismo público regional dedicado en forma especializada al arte y cultura regional, propiciarán un ámbito más organizado para el cultivo, práctica, exhibición y divulgación del acervo coreográfico regional, lo cual, con el apoyo de medidas propagandísticas y difusoras, posibilitará una mayor afluencia de visitantes a la región, incrementando el ingreso de divisas y los ingresos fiscales, todo lo cual redundará en el mejoramiento de los ingresos de las familias en Puno y contribuirá a disminuir los gastos de los participantes en las diversas festividades que tiene lugar en Puno.

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