miércoles, 15 de febrero de 2017

DANZAS PUNEÑAS AUTÓCTONAS

CARNAVAL DE ICHU
GLOSA DE APAFIT PARA SUS PRESENTACIONES
"Los Capa-chatos"
Danza pastoril amorosa, de la zona aymara de la provincia de Puno, practicada por indios llamados “chiris” o icheños que se supone, con alguna evidencia, son mitimaes “shiris” traídos por el Inca Huayna Cápac de un sector comprendido actualmente en la República de Ecuador. El traje es de evidente origen cordobés y se cree que los llamativos huichis y kcorahuas con los colores del arco iris que usan como adorno para danzar son un rezago de las imposiciones del incario a los mitimaes. La melodía se ejecuta originalmente con pinquillos por los mismos bailarines y un grupo anexo que no danza y toca también pinquillos, tambores y bombo.


-------------------------
FRAGMENTO del ensayo corto recogido en el opúsculo CARNAVAL DE ICHU escrito por Carlos Cornejo Rosello, editado y publicado por LOS ANDES, Puno, 1963 :
VESTIDO:
“Los chiris rinden tradicional homenaje a la Virgen de la Candelaria, Patrona de Puno, el 2 de febrero, enviando, a todo lujo, comparsas de Llameritos y de Carnaval que acompañan la procesión y otros ritos y recorren después las calles de la ciudad. Intervienen también en algunos concursos folklóricos, especialmente escolares. La danza que forma parte del ceremonial con qué se cumplen los matrimonios; el «Casarasiri» está influenciada, en­tre ellos, por la de carnaval, la bailan con la misma cadencia y ritmo y la coreografía sé limita a la fonda de hombres, alternados con mujeres que van girando sobre si mientras avanzan. La música la toca una banda de instrumentos de viento, contratada para la ocasión.
El traje típico de fiesta es muy hermoso, tiene adornos y ciertas características especiales para la danza de carnaval; el hombre viste la pajla, blanca para danzar y negra para el uso diario u otras fiestas y ceremonias, ó sombrero hongo duro, de copa chata y faldones gachos, adornado con cinta rosa que cuelga por la parte posterior, y se coloca sobre un largo y fino chullo de alpaca o vicuña, sin orejeras, rematado por una borla de hilos de colores que debe caer hacia el costado derecho y aparecer por debajo del sombrero. Camisa de bayeta blanca, chaleco negro, chamarra negra, corta y ajustada de tipo andaluz, adornada con botones de plata que representan, fina y hábilmente tallados: zapatos, sombreros, monteras, cabezas de animales, instrumentos musi­cales etc. La chamarra se usa sin abrochar, los botones de plata están desapareciendo y son reemplazados por repuches o por otros corrientes. Pantalón negro ajustado con la pernera abierta abajo y afuera por donde asoman abundantes los pliegues de un calzonci­llo de bayeta blanca plizada; usan en la bragueta una pieza rectangular de tela negra cosida a la entrepierna y que sujetan a la cintura, junto con el pantalón, por medio de una recia y ancha huacca cuidadosamente tejida, con hilos rojos y azules, que tiene el borde protegido con trencilla azul: Los zapatos tienen gran can­tidad de suelas sobrepuestas, en tal forma que el que los usa ca­mina sobre verdaderos zancos, de hasta diez centímetros de alto. No sabemos si esta costumbre es otra manera de ostentar riqueza o es una manifestación de vanidad masculina. Para danzar tocan su pinkillo y se colocan en el cuello, en forma de bufanda con los extremos sueltos y caídos hacia adelante, la kcoragua,  que consiste en una especie de soga trenzada, de lana de merino de varios colores, a manera de un tronco con ramas simples y com­puestas, en cuyos extremos hay grandes borlas hechas con ccaito o con tiras delgadas de castilla. Para confeccionar una kcoragua y dos huichis, es decir los adornos de una pareja, utilizan doce va­ras de castilla con los colores del arco iris, algunos de ellos en dife­rentes tonos. La porción central y más gruesa de la soga que ha de apoyarse en la parte alta de la espalda, sostiene una armazón de alambre y cartón adornada con espejos redondos y en forma de estrella, piedras preciosas de fantasía, botones blancos y de co­lor con los que adornan también el resto de la soga”.
Moises Aguilar
“La mujer viste la montera de dos picos verticales, uno an­terior y otro posterior, forrados con tela roja y cubiertos por un manto circular negro que se amolda a la forma y cuya parte pos­terior se levanta y se sujeta doblada, encima del pico respectivo; se coloca sobre un largo chuco de bayeta o castilla negra que lle­ga hasta el borde de las polleras. Camisa blanca bordada, jubón negro de mangas bombachas abrochadas en la muñeca. Según los más optimistas hasta cuarenta polleras de diferentes colores que se sujetan desde la axila hasta la cintura donde, encima de la última pollera interior, se hacen ajustar horrorosamente con la huaka so­bre la cual colocan la pollera exterior negra, que llevan remanga­da por delante y sujeta en ambas regiones lumbares, con el ob­jeto de tener una especie de depósito para las flores con que jue­gan y mostrar las polleras interiores”.
DANZA
“La danza tiene una curiosa medida disciplinaria que ha pasado a formar parte de la tradición y consiste en qué una vez iniciada, no puede dejarse hasta haber terminado todas las figuras; pese a tal norma, que consideramos de estilo occidental e impuesta de amo a criado; las diferencias de coreografía entre las diversas parcialidades son evidentes. Para bailar comienzan formando dos filas de hombres y mujeres alternados, situándose frente a frente las personas que van a danzar en pareja, de tal manera que una de las hileras está encabezada por un hombre y la otra por una mujer. Asi formados avanzan ya al paso, hasta encontrar un lugar amplio donde una de las filas da media vuelta y abriéndose todos, forman la ronda. El paso es sencillo, se hace levantando los pies y las rodillas; los hombres avanzan y retroceden agachándose y quebrándose para atrás y hacen vaivenes laterales que les permiten entrar y salir de la circunferencia, llevan el pinkillo en la boca como si lo tocaran, la mayoría no lo hace, algunos de vez en cuando, si lo permiten la movilidad de la danza y las necesidades de la coreografía, ya que la música permanente está a cargo de un grupo extra formado por los ancianos, los que no tienen traje y los que no saben bailar. Las mujeres hacen el mismo paso menos exagerado, más suave, pero siempre vigoroso; los mismos movimientos de vaivén lateral quebrándose ligera y graciosamente hacia un costado y girando sobre si, una, dos o más vueltas en uno y otro sentido, con las manos levantadas hasta la altura de los hombros, ligeramente separadas del cuerpo y batiendo los huichis al compás de la melodía. Para continuar con las figuras vuelven a la posición inicial dedos filas enfrentadas que comienzan a avanzar simultáneamente para encontrarse, hombres y mujeres con el brazo derecho levantado y la palma de la mano hacia adelante, haciendo creer pícaramente a la pareja, que las manos van a tomar contacto, para en el momento preciso hacer un quite despectivo y burlesco, pasar de largo, volver y repetir con la otra mano. Se acercan nuevamen­te y hacen chocar las palmas de las manos, izquierda con izquier­da y derecha con derecha en forma de empujones con regular fuer­za que imprimen a la mujer movimientos de retroceso y avance de medio cuerpo. La mujer impulsa el extremo del huichi derecho para que sea tomado por su pareja, quien a su vez le entrega el extremo de su pinkillo; así tomados, creemos que por necesidad da­da la enorme cantidad de polleras y delicadeza de los adornos, gi­ran sin soltar hasta darse la espalda y baten huichis y pinkillos por encima de las cabezas, al compás; repiten en ambas direcciones. Comienzan las figuras entre dos parejas; el hombre tira de su compañera y la hace retroceder después, de manera que
"LA REGLA" la figura mas trabajosa de la danza
describen una U que se engancha por uno de sus extremos con la invertida que hacen los vecinos, repiten unas cuantas veces y hacen una deshecha girando las dos parejas como un solo hombre, en tal forma que los impares se vuelven pares y se invierte la posición de las filas, hacen las ues entrelazadas jalando esta vez las mujeres, para con una nueva deshecha volver a la posición inicial, momento en que las bailarinas tiran de su pareja y le hacen dar varias medias vuel­tas violentas terminadas por un salto grotesco que es aprovechado para formar dos filas enfrentadas, una de puras mujeres que se to­man entre sí de los huichis y otra de puros hombres que se to­man entre sí de los pinkillos y levantando los brazos forman arcos por los que se introducen sus parejas iniciando las figuras de todo el conjunto, que avanza y retrocede y da vueltas sobre un eje, to­do en línea recta. Vueltos a la posición inicial se hace la ronda que se rompe por la primera pareja y la mujer comienza a jalar a toda la comparsa para hacerla pasar por bajo los arcos que hacen los demás bailarines, primero por delante y después por atrás, figuras que se conocen con el nombre de costura o de arco y contra-arco. Termi­nan danzando por parejas que se retiran a descansar girando cada uno sobre sí, pero sin soltarse”.

----------------------------
VIRGILIO PALACIOS ORTEGA en “CATALOGO DE LA MUSICA TRADICIONAL DE PUNO” Tomo II , pág. 293 :

Los pobladores del distrito aimara de Ichu, ubicado a 15 km al sur de la ciudad de Puno, constituyen un grupo étnico que no pertenece a la zona. Se les conoce con el nombre de ch'iris y parece que son descendientes de mitimaes desplazados desde Ecuador por el Inca Huayna Cápac. Sus costumbres, su vestimenta, su habilidad para la pesca y el comercio, su música, sus danzas, son otras que las de los pueblos vecinos.
En Ichu se festeja a San Pedro y San Pablo. En la procesión, las andas son balsas de totora adornadas con peces del Lago Titicaca, que son balanceadas como si estuvieran agitadas por las olas del lago.
El Carnaval de Ichu es una danza erótica y propiciatoria que congrega a jóvenes de ambos sexos. Ellas llevan un traje oscuro y elegante y calzan una montera de dos puntas. Adornan sus llijllas (mantas) con tupus (prendedores) de plata. Los varones simulan tocar un pinkillo mientras danzan.
La música es interpretada con pinkillos agudos acompañados por tambores. La melodía tiene un solo elemento estructural, en compás de 6/8.

Presentamos dos melodías del Carnaval de Ichu, ambas pentatónicas y con la misma estructura. La primera (N° 27) presenta una escala diferente a cualquiera de los cinco modos de la Tabla de Escalas Pentatónicas, y además posee intervalos de un semitono entre el 2do y el 3er grado y entre el 4to y 5to grado. Otra peculiaridad es que el intervalo es de dos tonos entre el 3er y 4to grado, algo inusual en las escalas pentatónicas. El segundo ejemplo del Carnaval de Ichu (N° 28), en cambio, está dentro del contexto del Modo III de la tabla antes mencionada. Apreciemos ambas en la ilustración siguiente: